Para Spielberg, la posibilidad de que vida de otros planetas visite nuestro planeta no es motivo de pánico. Exceptuando tal vez War of the Worlds (2005), los alienígenas del cine de Spielberg son seres amistosos, fascinantes, exploradores que más que horror plantean un entendimiento mucho más amplio de la vida.
El problema nunca han sido los aliens, el problema son siempre los humanos.
En Disclosure Day (Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, 2026), la nueva cinta de Spielberg no es la excepción: los humanos, y no los aliens, son el origen del conflicto.
La película inicia a media res, con un vértigo propio de una cinta de acción. Daniel Kellnet (Josh O’Connor, excepcional en su papel de everyman) está huyendo de unos extraños hombres de negro que lo persiguen para recuperar una backpack con algún contenido super secreto que Daniel (luego sabremos) sustrajo de alguna oscura agencia gubernamental (?).
Como si esto fuera la película Bond que Spielberg nunca dirigió, tendremos persecuciones frenéticas, escenas de acción acezantes, giros de tuerca, personajes siniestros (Colin Firth como el jefe de los hombres de negro que persiguen a Daniel), agentes encubiertos, y muchos de los clichés del cine de acción de espías, pero ejecutados con la maestría narrativa de la cual Spielberg aquí, a sus 79 años, despliega como si fuera un martes cualquiera: planos secuencia de un minuto, encuadres que parecen imposibles, cámaras que flotan y que siguen a los personajes en sus persecuciones en auto, secuencias de una intensidad tal que hasta una plática entre dos personajes puede ser emoción pura, y claro, escenas de acción donde al menos una de ellas (una que involucra un tren) se agrega sin duda entre lo mejor que ha filmado el director nacido en Cincinnati.
A esta trama, en apariencia convulsa, se une un personaje más. Margaret (estupenda Emily Blunt) es “la chica del clima” en un pequeño canal de televisión local. Un día, en plena transmisión en vivo, Margaret empieza a balbucear cosas sin sentido y se desvanece frente a las cámaras. Eventualmente Daniel escucha esos “balbuceos” que da la presentadora al aire, pero con una diferencia: él sí entiende lo que ella dice.
Si les parece que estoy siendo confuso, si les parece que no les estoy contando la trama, es porque en realidad no tengo intención de hacerlo. Disclosure Day es una cinta muy fácil de spoilear pero es también una caja de pandora que debe abrirse al momento, en la sala de cine.
Basta saber lo obvio: esta es otra película sobre alienígenas donde Spielberg se hace preguntas mucho más filosóficas que en sus cintas anteriores, concretamente: si tuvieras en tus manos la evidencia de que hay vida alienígena, ¿las harías públicas para que el planeta entero lo supiera?
El cine de Spielberg no suele ser un cine de preguntas, al contrario, siempre suele dar respuesta a todo, siempre lleva al público a una zona de confort donde el gran conflicto se resuelve de una manera satisfactoria, donde la decencia usualmente gana.
Lo raro con Disclosure Day es que es justo una película que plantea más preguntas que respuestas. Spielberg plantea preguntas filosóficas (o religiosas, si así se quiere ver) respecto a las implicaciones de la existencia de los alienígenas. La pregunta ya no es si los aliens existen, ahora Spielberg va más allá y se pregunta -con toda seriedad, además- si acaso Dios existe, y -peor aún- si acaso nos ama. No es cosa menor.
La cinta es también un greatest hits del director. Visualmente es notoria la influencia de Minority Report (2002), pero también son reconocibles momentos que nos recuerdan a Children of Men (Cuarón, 2006), a The Post (2017), Munich (2005) y a las obvias: E. T. (1982), War of the Worlds (2005), y claro, Close Encounters of the Third Kind (1977).
El guion a cargo del siempre irregular David Koepp (basado en una historia escrita por el propio Spielberg) seguramente tiene muchos agujeros y una que otra inconsistencia que podría romper la ilusión: por momentos los “malos” son bastante torpes, al grado de hacer de esto un episodio de Scooby Doo, amén que hay no pocas escenas donde lo que vemos es a dos personajes hablando por teléfono.
Y ya en el territorio de lo imperdonable hay ciertas escenas que involucran unos “animales del bosque” hechos en CGI que se ven como si la única computadora a la que haya tenido acceso Spielberg es a una de hace 10 años con Windows XP.
Pero aún con esas fallas, Spielberg regresa al tema alienígena haciendo nuevas preguntas para las que no tiene respuesta, situándonos en un planeta al borde del colapso y donde la empatía -dice Spielberg- es lo único que nos podrá salvar, es nuestro superpoder.
Habrá quien diga que las conclusiones de Spielberg son anticuadas, pero en pleno 2026, con dos grandes guerras en el planeta, con la intolerancia vuelta política de gobierno por el régimen de los Estados Unidos, ése mensaje no es anticuado: es pertinente, necesario y hasta valiente.

