Una vez más la organización Oxfam-México expone un análisis de buena factura sobre “Oligarquía o Democracia”. Este documento ubica a los milmillonarios en México, que son cada vez más, hoy llegan a 22, y que nunca habían sido tan ricos. ¿Qué significa esta realidad?; ¿qué consecuencias tiene para nuestro país con un gobierno que dice que “por el bien de todos, primero los pobres”?
Los datos de Oxfam muestran que estos 22 milmillonarios, que están en la lista de Forbes, tienen una “fortuna conjunta de US 219,300 millones, equivalentes a 3.9 billones de pesos mexicanos o al tamaño anual de las economías de Jalisco y Guanajuato en conjunto (…) la riqueza en manos de los milmillonarios mexicanos se multiplicó 4.2 veces en apenas tres décadas”. Imaginemos lo que significa esta acumulación que, por supuesto, erosiona y debilita la democracia, agudiza la desigualdad y “debilita nuestra capacidad para enfrentar la crisis climática”. Esta acumulación obstaculiza un combate a la pobreza más a fondo. Estas fortunas implican que “el 1% más rico de la población mexicana apenas 1.3 millones de personas percibe 35% del ingreso total de la economía, posee 40% de la riqueza privada nacional y es responsable de 23% de las emisiones contaminantes del país”.
El documento no profundiza en las consecuencias políticas que tienen la ecuación de la concentración de la riqueza y la concentración de poder, pero se puede considerar que estas fortunas dominan e imponen las reglas del juego en el país. Si el objetivo de AMLO era separar el poder político del económico en México, con esta acumulación estamos muy lejos de lograrlo. Una consecuencia grave de este proceso es la negativa de la 4T para realizar una reforma fiscal progresiva. En su lugar se ha realizado una política completamente neoliberal: una extrema austeridad que ha debilitado múltiples capacidades del Estado mexicano.
Otra forma de acercarse a estos niveles oligárquicos de concentración de la riqueza se puede hacer desde el enfoque del sociólogo alemán Hartmut Rosa, que trabaja el concepto de “aceleración”, para explicar la condición actual de la modernidad. En su libro de 2019, Remedio a la aceleración. Ensayos sobre la resonancia, plantea el proceso social con la rapidez que se experimenta en la parte tecnológica, en el cambio de valores y en los ritmos de vida. La oligarquía mexicana ha cuadruplicado sus fortunas, mientras que el resto del país no ha logrado, dice Oxfam, ni siquiera duplicar la economía en los últimos años. La IA señala que en esta aceleración el “capital se mueve a velocidad digital”. Así, mientras en el país, nos gobierna una política populista, donde hay una economía que prácticamente no crece, el mundo de las ganancias está instalado en un trading algorítmico, es decir, en programas informáticos para incrementar el capital mediante operaciones financieras automáticas 24 horas los 7 días de la semana.
Lo que podría equilibrar los altísimos niveles de desigualdad en México apunta hacia una reforma fiscal, para lo cual se necesita una democracia fuerte que se apoye en la pluralidad del país, y que pueda impulsar un nuevo pacto social, porque al ritmo que vamos nos quedaremos con más programas sociales y trasferencias económicas (medidas neoliberales), pero no se invertirá en la calidad de la educación y la salud, que es los que podría hacer la diferencia para tener condiciones de bienestar, una palabra que le gusta repetir mucho al oficialismo, pero que no lleva a la práctica.
Oxfam propone nueve medidas para “recuperar el control de la economía mexicana”, y lo hace mediante tres ejes: transformar, reparar y redistribuir. Las propuestas apuntan hacia más democracia, protección, regulación, políticas de cuidado, gobernanza del agua, trasporte masivo eléctrico, etc. En suma, se trata de tener un Estado con más capacidades, recursos y más democracia, propuestas que contrastan con las líneas que dominan hoy al gobierno de la 4T…
Investigador del CIESAS. @AzizNassif

