El siguiente texto no es guion de una película distópica sino parte de la realidad que viven los “medios públicos” en México.
Locación: Instituto Mexicano de la Radio.
Luego de más de 16 años al aire, 89 ciclos programáticos y más de 800 transmisiones, la dirección general del Instituto Mexicano de la Radio (IMER) le notificó a Sergio Vela, el reconocido conductor de “La ópera en el tiempo”, que su programa llegaba a su fin, que prescindirán de esas tres horas de música que cada domingo disfrutan las audiencias melómanas en Opus 94. Sin explicación razonable alguna.
En acuerdo con Fernando Chamizo, director de IMER, Sergio Vela logró, para poder despedirse de su audiencia y concluir el ciclo de su serie de óperas alemanas, continuar sus transmisiones hasta el 30 de marzo próximo. Le negaron la posibilidad de un patrocinio particular. Y sus productores Jesús Sánchez Maldonado y Mariel Cervantes pierden este trabajo junto con él. Pero, además, saldrán del aire otros programas como “Letras y voces de la Academia Mexicana de la Lengua”, que conducen Adolfo Castañón y Sergio Bustos, y “Quién es quién en la historia de la música”, que produce Fernando Álvarez del Castillo. También Laura Martínez Águila, titular de la “Defensoría de las Audiencias”, será relevada de sus funciones a partir de marzo.
Locación: Canal 22.
Para empezar, Alonso Millán, el nuevo director del canal, le advirtió a Javier Aranda Luna, director de Noticias: “Yo, cero, nada con los libros”. Otra sentencia: “A nosotros la cultura con C mayúscula no nos importa. Ya ha sido demasiado”. Al reconocido conductor lo despidieron de un día para otro “por órdenes de la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza”, me confirma el también periodista cultural.
Con Javier Aranda cancelaron la participación de todos sus colaboradores y desapareció “Debate 22”. Las consignas con las que estaba en desacuerdo: dar prioridad a notas de “la Mañanera” y de la secretaría de Cultura y mínima cobertura a la FIL de Guadalajara por ser considerada “espacio de ultraconservadores”. Le bloquearon la difusión de exposiciones de museos como el Kaluz, por ser privados, o la cobertura de Día de Muertos en Xcaret. Tuvo diferencias en torno a la noticia del Premio Cervantes 2024 a Álvaro Pombo con la que él quería abrir el noticiero, posibilidad que le negaron; sugería mayor cobertura a la muerte de Silvia Pinal “la última diva del cine mexicano” que también le impidieron, por considerar que era nota de “la farándula”.
La administración pasada del IMER, encabezada por Aleida Calleja, ya había cancelado la transmisión sabatina de la ópera del MET de Nueva York que Sergio Vela heredó de Ernesto de la Peña desde 2012, luego de dos décadas al aire porque les parecía “demasiado cara” (100 mil pesos al año). Le advierten que prefieren difundir las producciones operísticas del INBAL. Con tristeza, me comenta Vela, exdirector de Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y expresidente de Conaculta, que hace ya años que no hay inversión en el equipo técnico, las antenas y la señal de IMER y que las condiciones son tan precarias que a veces tenían que utilizar la conexión del celular del productor. Aun así, continuó con el programa en defensa de un espacio único en la radio para la ópera y su audiencia.
La precariedad en el 22 toca extremos también. Si el canal inició con ocho cámaras, hoy sólo utiliza tres y una no funciona. La dirección de Noticias cuenta con un sólo vehículo. En la administración anterior, durante todo un mes, carecieron de señal a Internet, por lo que “terminé yendo con mis reporteros a un restaurante de los Estudios Churubusco a trabajar”, dice Aranda.
Los medios públicos ¿han devenido en medios de propaganda e ideología de la 4T? Si no, por qué los despidos: ¿Austeridad?, ¿pretexto presupuestal?, ¿antipatía por la cultura universal?, ¿desprecio por las bellas artes?, ¿demagogia nacionalista?, ¿arbitrariedad?, ¿tiranía burocrática?, ¿ignorancia?, ¿servilismo? ¿O todo esto junto?
adriana.neneka@gmail.com