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Las manos de María Refugio Cruz son su herramienta para crear arte, con ellas da forma a trenzados de fibras naturales. Vara de sauce, mimbre, jara e incluso alga marina son los materiales que enreda con orden para crear canastas, tortilleros y otros objetos de uso cotidiano.
Ella y su esposo Manuel son originarios de Tequisquiapan, Querétaro, donde tienen su taller y hogar que comparten con sus hijos.
A los ocho años “yo veía trabajar a mi abuela y aprendí jugando”, dice mientras mira al cielo, como si entre las nubes pudiera ver el pasado. En esa época su abuelo se encargaba de recolectar el material en la milpa y ellas de trenzar. Luego, ofrecían sus canastas a revendedores que las llevaban a otras partes del país.
María Refugio menciona que la tradición y el trabajo justo se están perdiendo. Los revendedores regatean, intentando pagar lo menos posible por su trabajo.




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