La eliminación de la de la Copa Mundial FIFA 2026 pone fin a cuatro semanas de cohesión social, donde el futbol funcionó como un catalizador de unidad nacional que suspendió de manera temporal la polarización política y las diferencias de clase.

De acuerdo con sociólogos y politólogos, este ambiente festivo permitió al país una pausa emocional frente a problemas crónicos como la inseguridad y la corrupción, los cuales regresan al primer plano tras la derrota. Con el fin de la participación de México en el torneo se anticipa el regreso automático a la rutina y la reactivación inmediata de las tensiones político-electorales, especialmente ante la proximidad de los .

En entrevista con EL UNIVERSAL, el politólogo Sebastián Godínez y la socióloga investigadora Cristina Puga, ambos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), consideran que a nivel internacional, el evento sí dejó un saldo positivo al mejorar la “marca México”, proyectando una imagen de cordialidad ante el mundo.

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El ambiente en las inmediaciones del Ángel de la Independencia durante las cuatro semanas de cohesión nacional. Foto: Osmar Alvarado/ EL UNIVERSAL
El ambiente en las inmediaciones del Ángel de la Independencia durante las cuatro semanas de cohesión nacional. Foto: Osmar Alvarado/ EL UNIVERSAL

Para el analista político Leonardo Curzio, la eliminación de la Selección Mexicana representa un “golpe de realidad” decoroso más no amargo, ya que el equipo fue eliminado “pero no humillado”. Pese a ello, el especialista puntualiza que la percepción de la “marca México” no cambió radicalmente, “pues la violencia real del país persistió bajo la sombra de la agenda deportiva”, y tampoco influyó en tensiones bilaterales de fondo, ya que Estados Unidos mantuvo su postura rígida sobre la revisión anual del T-MEC.

El politólogo Sebastián Godínez detalló a El Gran Diario de México que el regreso de la afición a la rutina traerá consigo la reactivación inmediata de la polarización de cara a las próximas elecciones intermedias, así como otras crisis estructurales del país que nunca desaparecieron, tales como la inseguridad, la corrupción y el estancamiento económico.

“El futbol no genera, no ahonda los problemas que ya existen (...) pero tampoco los resuelve. La pasión que la gente o lo que pudimos sentir por ver a la Selección Mexicana jugar se regresa a la realidad porque los problemas siempre estuvieron ahí”, apuntó.

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La derrota de la Selección Mexicana no provocará “bajón anímico” o afectación “sicológica colectiva”, señalan especialistas. Foto: Carlos Mejía/ EL UNIVERSAL
La derrota de la Selección Mexicana no provocará “bajón anímico” o afectación “sicológica colectiva”, señalan especialistas. Foto: Carlos Mejía/ EL UNIVERSAL

Consideró que el verdadero impacto de la derrota se sentirá en el terreno político, y auguró que a escasos dos meses de que inicien los preparativos formales para el proceso electoral intermedio de 2027 las fricciones entre el oficialismo y la oposición se encenderán nuevamente de forma abrupta.

“Lo que golpea, por así decirlo, es que después de esta justa y de esta emoción golpea la realidad, y la realidad cuando pega es muy fuerte, porque nunca se fue (...) En el terreno político me parece que las divisiones continúan y se van a exacerbar”, concluye Godínez.

Al respecto, la investigadora y socióloga Cristina Puga consideró que la eliminación de la Selección Mexicana del Mundial disolverá “de forma inmediata” la movilización colectiva y devolverá al país a su realidad cotidiana, lo que implica el resurgimiento de los problemas estructurales del país.

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Pese a ello, la experta descartó que la derrota deportiva provoque “bajón anímico” o un fenómeno de afectación sicológica colectiva.

“El fenómeno de masas, la movilización de masas se da cuando hay un elemento que identifica a esas masas entre sí, en este caso la Selección; sin embargo, cuando desaparece ese elemento lo que hay es la dispersión. Entonces, no es que venga una depresión colectiva, lo que viene es la vuelta a la normalidad, a la rutina. El entusiasmo del colectivo pues tenía que ver con ese elemento de identidad que nos juntó a todos durante un ratito (...) y esto ya concluyó”, explica.

Asimismo, señala que el resultado deportivo frena un posible beneficio político para la administración actual: “Para el gobierno hubiera sido muy bueno que ganáramos, porque entonces el entusiasmo se mantiene como un elemento de buena voluntad, de buen ánimo de la sociedad, pero pues no salió así”.

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Puga reconoce además que la supuesta unión nacional contenía profundas divisiones socioeconómicas invisibilizadas por la euforia.

“Había unos espacios en donde estaba toda la gente junta, pero finalmente la gente que iba a los partidos no era el pueblo. Era la gente que podía pagar el estadio o que venía del extranjero (...) una porción de la población muy reducida”, señala, y, advierte, el resto de la ciudadanía se integró de forma periférica gracias a los espacios públicos masivos habilitados por las autoridades.

Pese al fin de la tregua social interna, la socióloga destacó que el torneo dejó un saldo favorable para la percepción internacional del país, logrando contrarrestar temporalmente las noticias negativas a nivel internacional.

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“Mejoró la marca de México porque se vio que hay muchos espacios que no son tan peligrosos, que había mucho más cordialidad y mucho más seguridad que lo que la publicidad, la prensa, las noticias escandalosas dejan ver todos los días”, afirma.

Sin embargo, advierte que este avance en el exterior no frena el escenario que le espera al país a nivel doméstico. Detalló que al concluir la justa deportiva, la realidad nacional vuelve a imponerse sin matices: “Pasada la fiesta del futbol, pues los problemas que hay en el país y los problemas que hay en el mundo vuelven a resurgir (...) con toda su complejidad y, a veces, con mayor intensidad que antes”.

Finalmente, el analista Leonardo Curzio dice que la participación del Tri en el Mundial concluyó con un “golpe de realidad” aceptable que evitó la humillación colectiva, pero que no altera las deficiencias estructurales del balompié ni la realidad política y de seguridad del país.

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“Viene un golpe de realidad no particularmente amargo porque finalmente la gente se quedó contenta de ver que México fue eliminado pero no humillado (...) En México tenemos este sesgo optimista de que tendemos a ver las cosas de una manera positiva”, puntualiza Curzio.

Para el politólogo, el mayor valor del torneo se dio al interior del país, donde la conversación pública encontró un punto de neutralidad temporal frente a la polarización cotidiana.

“La gente se dio un descanso muy saludable. Fue un momento grato el poder hablar de cosas diferentes y encontrar que además es un discurso muy igualitario (...) Es una conversación en la que todos somos iguales y por tanto creo que es refrescante”, abunda.

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Finalmente, el analista recuerda que la agenda de seguridad y la política internacional no se detuvieron por el futbol. Señala que en materia diplomática, las presiones estadounidenses respecto a la revisión del T-MEC continuaron firmes durante la competencia.

“Mientras estábamos en pleno Mundial con los estadounidenses, nos recordaron que el T-MEC no se renueva o se va a estar renovando cada año, lo cual es un mensaje poco amistoso, de tal manera que no creo que haya tenido un efecto importante en la percepción que se tiene de México en el exterior”, concluye.

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