“A mi hermano lo quieren asesinar”

Vendió estupefacientes, sirvió de vigilante y cometió homicidios para el Cártel de Sinaloa

“A mi hermano lo quieren matar y por eso no podemos volver a nuestra casa”, dice Ricardo.

Eder, hermano mayor de Ricardo —se cambiaron los nombres para proteger la identidad— vendió estupefacientes, sirvió de vigilante y cometió homicidios cuando decidió, por voluntad propia, integrarse a una facción del.

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Yo me sentía desesperado allá porque pensaba: ‘¿En qué momento se lo van a llevar?’. Ya no quiero saber de eso que hacía. No sé si sí quisiera volver [a Zacatecas]”. Foto: Diego Simón Sánchez / EL UNIVERSAL
Yo me sentía desesperado allá porque pensaba: ‘¿En qué momento se lo van a llevar?’. Ya no quiero saber de eso que hacía. No sé si sí quisiera volver [a Zacatecas]”. Foto: Diego Simón Sánchez / EL UNIVERSAL

También intentó encauzar a su hermano menor en sus con la promesa de “tener una vida mejor sin estudiar” hasta que un día intentaron matarlo y tuvo que huir junto a toda su familia de su municipio de origen.

“[Eder] me enseñó un video de cinco colgados que andaban diciendo cosas que no debían decir. Él les escribió los letreros [narcomensajes]. Se los ponen en el pecho con un cuchillo o un clavo por andar moviendo mercancía donde no les toca. Me enseñó cómo les mochan los dedos a los que se quedan con la mercancía y cómo les dan con el bate.

“Por cambiarse de grupo lo buscaban. Le tenían envidia porque le iba bien. Creo que ellos rafaguearon mi casa. Le dieron a mi papá en el hombro, le quedó mal el brazo y a mi hermano casi lo matan, le dieron en la ingle, en la clavícula y yo le hice un torniquete con una cobija para que no se muriera”, recuerda el niño de 14 años, de Zacatecas, en plática con EL UNIVERSAL.

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Ricardo creció junto a Eder y dos hermanas en un municipio considerado como uno de los más violentos del país. Ahí se acostumbró a no salir a la calle después del toque de queda del narco, a ver camionetas monstruo artilladas desfilar en días festivos para repartir comida, regalos y dulces y, al presenciar estas actividades desde muy joven, normalizó la participación de adolescentes en la delincuencia organizada y la existencia del narco.

“Ahora creo que está mal [que haya narcotráfico]. Cuando mi hermano estaba trabajando tenía dinero rápido, nos daba regalos bonitos y comida al regresar de los enfrentamientos, y yo no tenía miedo porque sentía que él me iba a cuidar hasta que le dieron un balazo en la nalga, antes de la vez que sí se iba a morir y no quiero que se muera.

“[Cuando lo iban a matar] yo estaba durmiendo. Primero nos rafaguearon y le dieron un rozón en la cabeza, yo me escondí, pero a mi hermano le entró la bala que en una vena importante, por eso le dije que se saliera, que nos fuéramos a buscar trabajo a otro lado y me preocupé por mis papás”, asegura Ricardo.

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Hoy se siente aliviado de estar lejos. No quiere volver, pero su hermano repite constantemente que debe regresar para desquitarse de quienes trataron de asesinarlo.

“Extraño mi casa, pero me siento muy feliz aquí. Me gusta el futbol, quiero tener un equipo. Quiero ser licenciado. Me gusta que mi hermano esté conmigo, que esté mi familia. Yo me sentía desesperado allá porque pensaba: ‘¿En qué momento se lo van a llevar?’ Ya no quiero saber de eso que hacía. No sé si sí quisiera volver [a Zacatecas]. Acá dormimos bien”.

“Te matan y queman si no sirves; ¡no quiero que me pase eso!

Dice que toda su familia salió de casa por miedo a que los levantaran como a sus amigos

Después de que levantaron a uno de sus amigos, Francisco (nombre ficticio por seguridad), de 16 años, se enteró por rumores de cómo, presuntamente, funcionan los campos de entrenamiento del Cártel Jalisco Nueva Generación, en Jalisco.

“Que te tienes que pelear… de ahí ya, si vives, te enseñan cómo manejar las armas y moverte en los enfrentamientos, pero yo no sé, son rumores”, dice a EL UNIVERSAL el joven originario de la región de Los Altos.

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El adolescente cuenta que no cursó la primaria pero le gustaría hacerlo porque es una forma de poder ganarse la vida de manera segura, contrario a lo que observó en su comunidad donde, comenta, la mayoría de los que se enlistan a las filas de un cártel han muerto tableados, incinerados o desaparecieron antes de cumplir 20 años.

“Allá no se vive a gusto. Allá ya manda el cártel, no manda el gobierno. A la mayoría de los hermanos de mis amigos ya se los llevaron, a varios de mis amigos ya también los levantaron, por eso mi tía dijo que nos fuéramos ya de allá (...) eso ya después de lo que le pasó a unos en Lagos de Moreno.

“Yo tuve miedo desde que vi cómo se llevaron a mi amigo. Se supone que te llevan a un campo, allá te quitan la ropa, te cambian, te hacen pelear, te entrenan exmilitares, te mandan a la sierra a enfrentarse con el rival, pero te mandan grifo. Dicen otros que tienen hermanos, o papás y tíos adentro, que sí te matan y te queman si no sirves. Yo no quiero que me pase eso”, relata con el temor reflejado en el rostro.

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Los papás de Francisco murieron cuando era un bebé, así que fue adoptado por su tía, su tío y una hermana de su tía, quienes se encargaron de su crianza y, por falta de oportunidades, lo hicieron trabajar desde pequeño vendiendo hierbas, frutas y verduras de casa en casa.

Platica que sus tías, al tener contacto con muchas madres buscadoras, siempre temieron que Francisco, o su tío, aunque es de la tercera edad, fueran raptados por narcotraficantes para llevarlos a la sierra como cocineros —de estupefacientes— o para otras actividades.

Nunca le agradó que su tía fuera poco permisiva, pero cuando ocurrió la desaparición de los cinco jóvenes en Lagos de Moreno entendió por qué no le daba permiso de salir.

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“Nos fuimos de donde vivíamos por eso [por el caso de Lagos de Moreno]. Llegamos a otro pueblo, en Jalisco, pero allá a los que conocí me contaron que también los jalaban para llevarlos al aguacate, a la cocina, para enseñarles a trabajar como ellos, entonces nos fuimos a otro estado.

“Yo no tengo madre, pero las he visto, he oído cómo funciona el trabajo [el reclutamiento], cómo desaparecen… yo no quisiera que me pasara eso a mí, ni a más de mis amigos. Ayuden a que eso ya no pase”.

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