Adil, de Turquía, y Halim, de Marruecos, han encontrado en México un nuevo hogar. Desde el año pasado, ambos venden café turco y árabe en la de la capital, donde han acumulado experiencias con clientes y vendedores de otros países, reafirmando así su único deseo: no regresar a sus ciudades natales.

“Voy a quedarme aquí por unos dos años. Ya tenemos diferentes opciones para vivir, para viajar. Turquía es bonito para viajar, pero para vivir más o menos, porque hay muchos problemas con la política y la economía, hay mucha guerra en Medio Oriente. Aquí en México quiero aprender español, su cultura, es mi razón para quedarme aquí, me gusta el español, es mi fuerte”, dice Adil.

Mientras que Halim, quien ha recorrido Brasil, planea trabajar en Acapulco y luego mudarse a Canadá, no sin antes conocer más estados de México. A dos años de dejar Marruecos, vende café a 50 pesos de jueves a lunes de 10:00 a 22:00 horas, aunque también ha trabajado en casinos y en los alrededores del Zócalo de la Ciudad.

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“Me gusta mucho vivir en México. Me gusta la gente, su cultura grande, cultura familiar, la gente, mexicanos, nada restringe. Y hay mucho negocio, mucho trabajo, mucho trabajar. Los mexicanos son buenos conmigo, la vida es fácil, la gente es buena”, describe.

Adil es también un artista kurdo que aprendió a dibujar en Estambul. Foto Hugo Salvador/El Universal
Adil es también un artista kurdo que aprendió a dibujar en Estambul. Foto Hugo Salvador/El Universal

Aunque son de diferentes países, culturas y religiones, los vendedores coinciden en que las personas en México son cálidas y reciben bien a extranjeros y turistas. Poco a poco, han aprendido a expresarse en español, atender a sus clientes y a admirar la cultura mexicana, tanto su gastronomía como sus costumbres.

“Me gusta mucho la comida mexicana, es muy buena. Me gustan los tacos, pero no me gusta el pozole, un musulmán no come puerco, sólo carne y pollo”, dice Halim mientras prepara una bebida desde su emprendimiento Café Habibi.

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Con la ayuda de una cafetera tradicional turca de cobre, conocida como cezve [yesbe], así como arena de mar caliente y café molido fino [suave o cargado], ambos deleitan a sus clientes mezclando agua fría y azúcar al gusto, para después integrarlos hasta que la espuma suba varias veces.

“La arena absorbe el agua caliente y se cocina poco a poco, para dar mejor sabor, aroma y espuma. El café es producto de Turquía, es muy famoso allá, es la primera vez que yo vendo café. A mí me gusta estudiar sobre el arte, viví en Camboya tres años y tuve un taller de camisetas, yo las dibujaba y las vendía”, cuenta Adil.

El vendedor y artista kurdo es originario de Diyarbakır y vivió en Estambul por varios años; ahí aprendió a dibujar y a crear esculturas. Con el paso de los años, comenzó a viajar por todo el mundo hasta llegar a Latinoamérica: Chile, Perú, Colombia, El Salvador, Guatemala y México.

Para preparar el café turco, la arena absorbe el agua caliente y se cocina poco a poco para dar mejor sabor y aroma. Foto Hugo Salvador/El Universal
Para preparar el café turco, la arena absorbe el agua caliente y se cocina poco a poco para dar mejor sabor y aroma. Foto Hugo Salvador/El Universal

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“A mí no me gusta vivir en un mismo lugar por un largo tiempo, en Turquía también me cambiaba de ciudad cada cierto tiempo. Estuve en África, Marruecos estaba bien, tenía desierto, áreas verdes. Ahora no me gustaría regresar a mi ciudad, normalmente yo no hago planes, si estoy bien aquí, aquí me quedo, si me siento feliz, puedo quedarme aquí”, explica.

Mientras espera clientes, Adil pasa sus días dibujando y fumando en su puesto cercano a Bellas Artes. A menudo reflexiona sobre la soledad en los hombres, la humanidad y la llegada de más extranjeros a México, pues observa a muchas personas asiáticas en el Centro Histórico de la capital. Asimismo, ve las marchas y movilizaciones avanzar por Avenida Juárez.

“El feminismo está bien, es buena idea, pero creo que aquí las feministas se quieren pelear mucho. Tal vez tienen razón, tal vez, no sé, en Turquía también, pero es diferente. En Kurdistán hay un ejército sólo para mujeres”, comenta.

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