En México el cáncer cervicouterino cobra más de 5 mil vidas al año pese a ser una enfermedad completamente prevenible y, según investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la razón no es médica sino estructural, pues millones de mujeres nunca se realizan una prueba de detección de virus del papiloma humano (VPH) debido a barreras económicas, culturales y de acceso.
Frente a ese vacío, un equipo integrado principalmente por mujeres desarrolló una prueba de autotoma que adelanta el diagnóstico del VPH para romper las barreras que han limitado su detección, pues la tecnología identifica la presencia del virus antes de que existan lesiones, mediante un biosensor portátil basado en biología molecular.
A diferencia del papanicolaou, no requiere procedimientos invasivos ni traslados de muestras, además ofrece resultados en minutos con un enfoque preventivo y accesible que busca cambiar la lógica del diagnóstico, acercarlo a la vida cotidiana y convertir la prevención en un derecho real, no en un privilegio.
“El cáncer cervicouterino es el único cáncer absolutamente prevenible. Si tuviéramos un diagnóstico temprano de la presencia del virus, ninguna mujer (...) debería morir por esta causa; el problema es que el acceso al diagnóstico sigue siendo limitado por razones económicas, culturales y de género”, asegura a EL UNIVERSAL la doctora Tatiana Fiordelisio, responsable del proyecto.
La profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAM, responsable del Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas para Diagnóstico y Terapia (Lansbiodyt), detalla que esta innovación permite que la muestra sea tomada por la propia persona, sin procedimientos invasivos ni la necesidad de acudir con personal especializado.
Asegura que el problema detrás de la alta mortalidad por VPH es profundo, pues sólo 16% de las mujeres en el país se realizan pruebas de detección, y cerca de 27 millones nunca se han hecho una porque el acceso suele implicar costos elevados, procedimientos dolorosos, centralización de servicios y, en muchos casos, violencia de género o restricciones culturales.
La prueba se desarrolló en el Lansbiodyt, en Ciudad Universitaria. Ahí, en un pequeño laboratorio, trabajan unas 60 personas, en su mayoría menores de 26 años, con perfiles que van desde estudios en biología y medicina a física, matemáticas, química y diseño industrial.
En el lugar también se mezclan estudiantes de licenciatura, maestría, doctorado, posdoctorado y profesoras responsables con una premisa: llevar la ciencia a donde realmente se necesita y hacer justicia social.
La plataforma que hoy permite detectar el VPH comenzó a desarrollarse en 2016 para medir hormonas y moléculas asociadas a enfermedades crónicas. Durante la pandemia, el equipo adaptó el sistema para detectar SARS-CoV-2, lo que marcó un punto de inflexión. Tras ese proceso se preguntaron en qué problema de salud pública podría tener mayor impacto y la respuesta fue inmediata: cáncer de mama y cervicouterino.
La prueba desarrollada por la UNAM funciona de manera similar a una PCR, pero con un sistema portátil y más rápido. Sofía Valencia, egresada de la UNAM, explica que el dispositivo utiliza cartuchos con perlas magnéticas que capturan el material genético del virus y un lector que detecta fluorescencia para arrojar el resultado.

Valencia, de 24 años, agrega que todo el proceso está diseñado para simplificarse y reducir tiempos, y la gran diferencia entre pruebas es la autotoma, ya que la persona toma su propia muestra en un espacio privado, sin procedimientos invasivos.
“Muchas mujeres nos dicen que por primera vez se sienten tranquilas y seguras al hacerse una prueba, porque nadie las toca, nadie las juzga y pueden decidir sobre su propio cuerpo. Eso cambia completamente la relación con la prevención y con su salud”, agrega Fiordelisio.
Al respecto, Sofía Valencia comenta que el diagnóstico temprano del VPH permite prevenir lesiones y evitar que el virus derive en cáncer, sin embargo, en México la PCR es poco accesible por su costo, la necesidad de equipos especializados y la centralización de los laboratorios.
Para el equipo, el impacto va más allá del diagnóstico, y es que “muchas personas nos dicen que no sabían que podían hacerse una prueba de forma tan sencilla y no invasiva. Otras descubren que si salen positivas hay opciones de seguimiento. Eso da tranquilidad y empodera”, dice la investigadora.
La prueba rápida de VPH aún se encuentra en fase de validación y no puede utilizarse de forma masiva hasta cumplir con la normatividad y obtener la aprobación de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Mientras tanto, el laboratorio ofrece un servicio de PCR de bajo costo, cuyos resultados también sirven para validar el biosensor.
Isabel Arenas, integrante del equipo de desarrollo de la prueba, dice que el costo de recuperación es de 500 pesos para la comunidad universitaria y 700 pesos para público externo, muy por debajo de los precios del mercado privado. Además, el equipo impulsa un esquema de donación de pruebas para personas que no pueden pagarlas.
Explica a EL UNIVERSAL que para hacerse una prueba primero se debe agendar una cita en línea o directamente en el laboratorio. Al llegar a Lansbiodyt se les hace un registro de datos, se firma el consentimiento informado y se entrega un cepillo para que la persona se tome la muestra en un espacio privado y acompañado, donde se le explica paso a paso cómo hacerlo.
Una vez entregada la muestra, el laboratorio la procesa y el resultado se envía por correo electrónico en un plazo máximo de cinco días hábiles.
El equipo adelanta que el laboratorio trabaja en nuevos cartuchos para detectar marcadores de cáncer de mama y hormonal, y cáncer de próstata, con la misma lógica de accesibilidad y prevención, con la visión de democratizar el acceso a la salud al bajar costos en estudios clínicos.
“La meta es que, una vez aprobada, la prueba pueda encontrarse en clínicas comunitarias, farmacias o consultorios locales. Para que los derechos se hagan realidad necesitas las herramientas del día a día. El diagnóstico es una de ellas. Si detectas a tiempo, puedes evitar muertes y complicaciones”, afirma Fiordelisio.

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