Desde que era pequeña, Itzel Cruz Alanís sabía que quería ser periodista. Ahora, sus días inician a las tres de la mañana, a veces en tacones, pero la mayor parte del tiempo enfundada en un traje antiderrapante, botas, cabello recogido, casco, con una mochila en la que lleva cosas básicas para sobrevivir a las inclemencias del tiempo, comida, agua, la tarjeta del transporte público, una pila de emergencia, un libro y labiales.
A las seis de la mañana, a bordo de una motocicleta, inicia la búsqueda de historias para contar, que van desde un bache, una fuga de agua, un incendio, un desalojo, una balacera, la investigación de quién se robó a una bebé para dar con su paradero o hasta desentrañar una serie de desapariciones al norte de México que terminó en la localización sin vida, en una cisterna, de Debanhi Escobar.
Itzel se describe como una mujer persuasiva, soñadora y una reportera “todoterreno”, que disfruta de su familia y ama los conciertos. De sus 32 años de vida, 14 se los ha dedicado al periodismo. Nacida en la Ciudad de México, su corazón pertenece al estado de Nuevo León, por lo que el caso de Marifer, Debanhi, Yolanda y otras desapariciones marcó su carrera profesional.
El periodismo de a pie, de acuerdo con Itzel, se hace analizando, observando, narrando, contando lo que está ocurriendo y más cuando es en vivo. “Puede ser un momento crucial y que solamente nosotros los reporteros tenemos ese poder al difundir la información y sobre todo de transformar; eso para mí es hacer periodismo”, explica nerviosa a EL UNIVERSAL, porque asegura que no es lo mismo hacer las preguntas que estar respondiéndolas.
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Itzel prepara la información, recibe las ubicaciones, lidera a un equipo de hombres camarógrafos. Mientras uno está grabando, el asistente cuida que nada ni nadie les impida el paso mientras están al aire en N+ y Foro TV, en donde actualmente colaboran.
Pide seguridad para periodistas
El peligro es inminente, no sólo porque la motocicleta es uno de los vehículos con mayor tasa de accidentes en la CDMX, sino también por el simple hecho de ser mujer. Mientras está en vivo, cualquier cosa puede ocurrir a sus espaldas.
Si bien le va, durante la cobertura de un “Z1” (un muerto por impacto de arma de fuego), les permiten hacer transmisión; de lo contrario, puede ser amenazada a punta de pistola para salir del lugar. “A veces se puede dialogar y otras mejor te vas”, relata.
“Sí me han amenazado, sí me he sentido vulnerable; los rondines de una patrulla de vez en cuando no son suficientes, a veces se necesita una protección más integral”, denuncia la periodista, quien, debido al riesgo que corre, está incluida en el Mecanismo de Protección de Periodistas y Defensores de Derechos Humanos.
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“Necesitamos que (el mecanismo) nos haga sentir con la confianza de poder salir a realizar nuestra labor sin tener miedo de si vamos a volver o no a casa. Es una trinchera distinta; por ejemplo, a mí me ha tocado muchas veces entrevistar a los feminicidas. Días después lo detienen. ¿Cómo se va a sentir una segura, si estás frente a ellos? Queda ser valientes”, expresa.

Uno de los métodos de comunicación y “seguridad” de los periodistas para hacer una cobertura es por medio de la ubicación en tiempo real. “¿Qué tanto estamos siendo cuidados en las coberturas difíciles, donde no hay señal, si te quedas sin teléfono?”, cuestiona.
“Los reporteros y reporteras que estamos en campo, todo el día estamos en constante contacto con todo tipo de circunstancias de personas, de factores que nos pueden impedir nuestra labor”, por eso exige al Mecanismo que no sólo se enfoque en la seguridad, sino en la salud mental de los periodistas.
“Todo el tiempo estamos escuchando las historias que nos narran para poder difundirlas, pero ¿qué pasa con nosotros? Nosotros también necesitamos y merecemos ser escuchados y atendidos”, reclama.
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Investigar con perspectiva género
El trabajo de Itzel se distingue por la especialización en temas de violencia de género, además en el trato a las historias. Para la periodista no sólo se trata de difundir, es una responsabilidad, no permitir que caigan en el olvido y sobre todo dar seguimiento. “Si las autoridades revictimizan, nosotras no. Tenemos una labor tan importante como es difundir; debemos impregnar empatía en cada una de estas historias. Debemos evitar que pasen por tres revictimizaciones: la del delito, la de la autoridad y la de la sociedad. Nosotras no vamos a parar la violencia, pero sí podemos concientizar”, dice.
“Aunque las autoridades no hacen este trabajo de la manera adecuada, a través de los medios de comunicación creo que logramos grandes cosas cuando difundimos las historias con perspectiva, con la empatía, con la confianza que nos da la familia, cuando le metemos esa parte de humanidad, de objetividad, de veracidad, al final nosotras también somos mujeres”, explica Cruz Alanís.
Itzel ha notado un incremento en la violencia, así como también mayor visibilidad: “Antes no se hablaba de eso y tenemos nosotras ahora el poder en los medios de comunicación de poder contar estas historias y qué mejor manera que hacerlo de una manera responsable”.
El caso Debanhi y Susana fueron un parteaguas en la carrera de Itzel porque ella llegó a Nuevo León para reportar el caso de María Fernanda Contreras, quien fue hallada sin vida. Luego Debanhi fue reportada como desaparecida; en ese lapso, mientras cubría el caso, encontró el de Yolanda Martínez. “Salió a relucir una serie de mujeres desaparecidas de las cuales no se había hablado”, relata.

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Para Itzel, el micrófono no es suficiente para contar o difundir el mensaje; “se necesitan manos. La violencia de género tiene que ser difundida, tienen que ser contados cada uno de estos casos para que pare esta problemática, para que no se normalice, no se minimice”, pide.
La periodista reclama el trato que algunos compañeros tienen hacia las historias, a las víctimas o familiares; aunado a eso, a veces contar las historias se convierte en una lucha con las autoridades, quienes impiden a las víctimas hablar con los medios porque les meten miedo. “‘No hables con medios porque pueden entorpecer la investigación’, porque nosotras investigamos más que la propia autoridad”, reclama.
Si algo agradece Itzel del periodismo es que ha hecho grandes amigos; las personas le muestran que aún se puede confiar. “Te van abriendo esa parte de su casa, ese calorcito de hogar que necesitas en las coberturas donde no duermes, donde no comes, donde no puedes ir al baño y encontrar a gente que te tiende un plato con comida, un vaso con agua. Es lo que más te queda y lo que más te motiva para seguir contando estas historias tan dolorosas”.
A pregunta expresa sobre cuál es el error que como periodistas no debemos cometer, y ella ha cometido por estar en el lugar y en vivo, es: confiar ciegamente en una fuente. “No te adelantas a las cifras, a mí me pasó una vez, sudé frío, hay que corroborar la información al 2000%”, explica Alanís.
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Ante el avance de las redes sociales, la información fluye de manera inmediata y para Itzel el mundo del periodismo ha sido poco a poco conquistado por fotógrafas, reporteras, videógrafas, por lo que existe una doble responsabilidad sobre las mujeres de cuidar nuestra credibilidad porque al intentar ganar una “exclusiva” podemos publicar información falsa.
Una de las grandes anécdotas de Itzel es la historia de Nancy, una bebé que con engaños fue robada a un niño afuera del Hospital General en la Ciudad de México. Tras una serie de preguntas a comerciantes de la zona, Itzel logró obtener el video de seguridad en el que se ve a una mujer llevándose a Nancy.
El video fue difundido en el canal y una niña en Nezahualcóyotl, en el Estado de México, reconoció a su vecina. La madre de la pequeña llamó a las autoridades y así fue como la bebé regresó a los brazos de su madre. Ahora Itzel es madrina de Nancy.
Para la periodista, contar esta anécdota es una forma de decirle a sus colegas que “el periodismo se transforma en medio de la violencia, aunque a veces nos sentimos cansadas, hartas, que no respetan o valoran nuestro trabajo; vale la pena, todas las historias que contamos valen la pena porque logramos algo, o aunque sea algo mínimo, logramos algo”, dice.
Desde la Glorieta de las Mujeres que Luchan, ¿qué les dirías a otras niñas o jóvenes que quieren estudiar periodismo? "Que es el oficio más bonito, que Gabriel García Márquez tenía razón porque ningún día de tu vida es igual".
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