Bruselas.— Apenas se conocían las primeras proyecciones de las elecciones europeas y la alemana ya había aparecido triunfal en el hemiciclo de Bruselas, transformado en una espectacular sala de por medios de comunicación de todo el mundo.

Irradiando una felicidad pocas veces captadas por las cadenas de televisión, se plantó ante los medios para hacer un recuento de la jornada electoral y enumerar los motivos que explicaban su felicidad.

Los suyos, el Partido Popular Europeo (PPE), ganaron las elecciones regionales y fue la única fuerza dentro de las familias proeuropeas que aumentó sus escaños en el Parlamento Europeo. Con la victoria de los conservadores, además consiguió el boleto para seguir al frente del Ejecutivo comunitario, cargo que fue renovado un mes más tarde, el 18 de julio, al conseguir el apoyo de 401 eurodiputados de 719.

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Pero ante todo, celebró porque vio en la gran mayoría de los electores europeos el deseo de una Europa estable y sustentada en un bastión de centro que sirve de contrapeso de los extremos a la izquierda y derecha. “Sigue habiendo una mayoría en el centro a favor de una Europa fuerte. Y eso es crucial para la estabilidad”, dijo enfundada en un blazer color mamey claro.

La veterana centrista ocupa el puesto más poderoso de la Unión Europea (UE) desde 2019 y en el arranque de su segundo mandato puede presumir que su mayor legado ha sido darle a Europa un rostro de estabilidad y certidumbre, en un universo dominado por hombres.

En los parlamentos europeos, que se supone deben representar a toda la población, las mujeres siguen estando subrepresentadas. Tras las elecciones europeas de junio, un total de 278 mujeres (38.7%) y 441 hombres (61.3%) ocuparon sus escaños en la sesión constitutiva del nuevo Parlamento Europeo. Por primera vez en la historia de la Eurocámara, la proporción de mujeres diputadas disminuyó en comparación con las elecciones anteriores. El promedio europeo en los parlamentos nacionales es peor, 31.6%.

La disparidad es aún más acentuada en lo alto de la cúpula de poder. De los 27 jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la Unión, sólo tres son mujeres, Giorgia Meloni en Italia; Evika Silina, en Letonia, y Mette Frederiksen, en Dinamarca. Ni siquiera en el entorno de trabajo más cercano a Von der Leyen hay equidad. Los Estados ignoraron la sugerencia de alcanzar la paridad de género en la composición del nuevo mandato. De su equipo de 26 comisarios, 10 son mujeres.

A pesar de estas realidades, Ursula von der Leyen hoy es la única figura política que proyecta firmeza y determinación en una Europa carente de liderazgos como resultado de crisis de estabilidad política.

En Francia, hay incertidumbre desde las elecciones anticipadas de junio convocadas por el presidente Emmanuel Macron; en Alemania, luego de los comicios del 23 de febrero, no se sabe con certeza la composición del próximo gobierno, mientras que Polonia, que ostenta la presidencia semestral de la UE, está distraída en las presidenciales de mayo.

Ursula Gertrud Albrecht lleva muy adentro el espíritu proeuropeo, más allá de dominar las tres lenguas de divulgación del trabajo institucional comunitario, francés, alemán e inglés. Nació en 1958 en un suburbio de Bruselas y es hija de uno de los primeros funcionarios en prestar servicio en las instituciones comunitarias. Su padre, Ernst Albrecht, fue titular de la Dirección General de Competencia de la entonces Comunidad Europea. Así que desde la infancia estuvo cerca de la cultura comunitaria, razón por la cual a menudo se dice que por sus venas corre sangre azul, el color de la UE.

Comenzó sus estudios en la London School of Economic y luego en la Escuela de Medicina de Hannover, donde obtuvo su licencia médica y se graduó su esposo, el también médico Heiko von der Leyen, con quien tiene siete hijos.

Su carrera política en Alemania, como afiliada a la Unión Demócrata Cristiana a partir de la reunificación del país, fue meteórica.

Después de presentarse como candidata al Parlamento de Baja Sajonia, se hizo de la cartera estatal del Ministerio de Asuntos Sociales, Mujer, Familia y Sanidad, para después escalar a lo más alto del gobierno convirtiéndose en Ministra Federal del mismo portafolio.

Ahí logró poner el tema de la familia en el centro de la política en Alemania, planteándose como objetivo el que los alemanes volvieran a tener más niños y haciendo énfasis en que es posible compaginar los hijos con una carrera profesional. Entre otros, promovió un subsidio parental de hasta 14 meses para los padres que se quedan en casa a cuidar de su recién nacido.

En realidad quería dedicarse a la política como experta en salud, pero su trayectoria dio un giro radical cuando la entonces canciller, Angela Merkel, la nombró como la primera mujer titular del Ministerio de Defensa, 2013 a 2019.

Ahí fue blanco de múltiples ataques, desde despilfarro y mala gestión, hasta el título de “la ministra más débil del gobierno”, en palabras de Martin Schulz, antiguo líder del Partido Socialdemócrata y expresidente del Parlamento Europeo.

Llegó al más alto cargo político de la UE después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, la perfilara como candidata a la presidencia de la Comisión Europea. Con su nombramiento, pasó a la historia como la primera mujer en ocupar el cargo y el segundo de origen alemán que asume el mando del Ejecutivo comunitario, y rompió el molde de sus cuatro predecesores, quienes ocuparon cargos de Jefe de Estado.

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En su primer mandato al frente de un cargo que consiste, entre otros, en representar a la UE en la escena internacional, negociar acuerdos y trabajar a favor de la integración, Von der Leyen dirigió hábilmente los esfuerzos de gestión de crisis de la Comisión y demostró un verdadero liderazgo durante la pandemia, la crisis energética y la guerra a gran escala del presidente ruso Vladimir Putin contra Ucrania.

También ha sido innovadora, al promover una Europa más verde y con objetivos de digitalización específicos hacia el horizonte 2030; por ejemplo, 80% de la población deberá contar con capacidades digitales básicas y 100% de los servicios públicos clave deberán estar disponibles en línea; se ha distinguido de sus predecesores por alzar la voz contra estructuras arraigadas en los Estados miembros, como fue el caso de los ataques del gobierno polaco contra los derechos de la comunidad LGBTQ en ese país en la administración del premier Mateusz Morawiecki. Pero “ha sido criticada por concentrar el poder en su oficina y por un estilo de liderazgo poco colegial”, escribió Stefan Lehne, estudioso del think tank Carnegie Europe. Ha quedado a deber en su promesa de ser una “Comisión geoestratégica”, como señala Andrew Duff, antiguo eurodiputado y expresidente de Grupo Spinelli, red promotora del federalismo europeo.

“La autonomía estratégica sigue siendo una aspiración válida para Europa. Una UE autónoma no tiene por qué ser demasiado aventurera, pero debe tener su propia estrategia de seguridad”, indicó en un análisis, resaltando la urgencia ante Donald Trump y su retorno a la Casa Blanca.

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