Washington.— En junio de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump anunció la Operación Martillo de Medianoche con un objetivo puntual: frenar las ambiciones nucleares del régimen de los ayatolas en Irán.

Furia Épica va mucho más allá. Es una jugada de altísimo riesgo que podría desestabilizar Medio Oriente, con la muerte del ayatola Ali Jamenei, y la pretensión, por parte de Trump, de un cambio en el liderazgo iraní por primera vez en 47 años.

La campaña promete un uso intensivo de la fuerza e inquietará a los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, preocupados por una guerra regional más amplia y por la posibilidad de que la inestabilidad toque sus puertas.

En el frente interno, Trump corre el riesgo de desviar la atención de las principales preocupaciones de los norteamericanos —economía y el alto costo de vida— en una año clave, con las elecciones de medio término en el horizonte.

El actual panorama deja a Trump en una situación de doble filo, con la posición de atribuirse el mérito personal por cualquier aspecto exitoso de la llamada Operación Furia Épica, pero también atado con lo que suceda a partir de ahora en Irán y en toda la región, e incluso las potenciales bajas estadounidenses.

Una encuesta de AP-NORC publicada hace unos días reveló que muchos estadounidenses consideran el programa nuclear iraní como una amenaza —61% de los consultados afirmó que Irán es un “enemigo” de Estados Unidos—, pero no confían demasiado en el criterio de Trump sobre el uso de la fuerza militar en el extranjero.

Según el estudio, sólo tres de cada 10 estadounidenses aseguraron tener “mucha” o “bastante” confianza en el presidente en lo que respecta a las relaciones con adversarios internacionales. Incluso algunos republicanos, en particular los más jóvenes, tienen dudas sobre la capacidad del magnate para tomar las decisiones correctas en estos asuntos de gran importancia. En las últimas semanas, preocupados por las encuestas que anticipan un escenario complicado para los republicanos de cara a las elecciones del 3 de noviembre, asesores de Trump le recomendaron enfocarse más en la economía doméstica y menos en política exterior.

Una encuesta del Pew Research Center indica que la mayoría de los estadounidenses tiene una opinión negativa de la economía: sólo 28% de los encuestados la califica como “buena o excelente”, mientras que 72% la considera “regular o mala”. La mayoría de los encuestados (52%) cree que las políticas de Trump empeoraron la economía. A esto hay que sumar el alto nivel de desaprobación que tiene la segunda gestión de Trump —56%, según el promedio de encuestas de The New York Times.

Incluso antes de que Trump ordenara el nuevo ataque contra el régimen iraní en coordinación con Israel, la Cámara de Representantes y el Senado se disponían a debatir y votar la próxima semana resoluciones para limitar los poderes de guerra del presidente.

“Que Trump inicie otra guerra contra Irán por su cuenta es peligroso e ilegal. ‘EU primero’ no significa arrastrar al país a otra guerra eterna basada en mentiras e ignorando las necesidades de los estadounidenses aquí en casa. La Constitución es clara: sólo el Congreso puede declarar la guerra”, advirtió la senadora Elizabeth Warren (Massachusetts).

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