Miami.— El aniversario número 250 de la independencia de Estados Unidos se ha convertido en una disputa política por el control de los símbolos, el dinero público, los escenarios oficiales y la memoria histórica.
Bajo el gobierno del presidente Donald Trump, la celebración dejó de girar sólo alrededor de America250, la comisión bipartidista creada por el Congreso estadounidense, y empezó a concentrarse en Freedom 250, una estructura paralela, cercana a la Casa Blanca, que organiza ferias, mítines, actos militares, conciertos fallidos, obras monumentales y eventos con patrocinio privado. Lo que estaba pensado como una fiesta cívica nacional terminó bajo la sospecha de propaganda política presidencial. El resultado: estados demócratas se han negado a participar; artistas se han rehusado a participar en conciertos por su tono partidista y críticos cuestionan proyectos como el arco triunfal y la fallida renovación del estanque del Monumento a Lincoln.

“No es sólo Trump montando eventos caros y de baja calidad; es su administración intentando mover el aniversario de una conmemoración plural hacia una narrativa controlada para mostrar una historia con menos esclavitud, menos pueblos indígenas, menos derechos civiles, menos conflictos internos, más patriotismo limpio, más victorias y más Trump”, dice a EL UNIVERSAL el analista político Hernán Molina.
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La feria comenzó a complicarse cuando se cayó su cartelera musical, molesta por la politización del evento. Freedom 250 anunció artistas para sus conciertos en el National Mall, pero varios se retiraron casi de inmediato. Trump optó por convertir los conciertos en un mitin.
Caprichos presidenciales
Para este festejo, Trump decidió construir un Arco del Triunfo, que los críticos señalan como un capricho presidencial, desproporcionado, invasivo y cargado de simbología personalista. Por ahora, la obra está suspendida no sólo por permisos y revisiones técnicas, sino porque se convirtió en el símbolo físico de una preocupación nacional. “La gran pregunta es si el 250 aniversario debe dejar una huella permanente para el país o una marca de Donald Trump en la capital”, señala Molina.
Para el estanque reflectante del Monumento a Lincoln, Trump ordenó una rehabilitación de más de 14 millones de dólares y eligió un tono azul asociado a la bandera estadounidense. El resultado es un fracaso visible; el estanque se llenó de algas, la pintura azul se desprendió, con fragmentos flotando y hay reparaciones para antes del 4 de julio.
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The Associated Press reportó que Trump culpó sin pruebas suficientes a vándalos, dijo que había seis arrestos y habló de daños deliberados, que no pudieron ser comprobados. “El estanque debía ser una postal patriótica y de orgullo del aniversario y terminó como una prueba de la improvisación, de un gasto discutible y de la costumbre de Trump de culpar a enemigos ficticios cuando algo bajo su sello personal sale mal”, comenta Molina.
El Congreso aprobó 150 millones de dólares para los festejos del 250 aniversario de la independencia de EU, una bolsa administrada por el Departamento del Interior a través del Servicio de Parques Nacionales y destinada a “eventos, celebraciones y actividades” de la conmemoración. Esa partida quedó en el centro de la polémica cuando demócratas denunciaron que parte del dinero estaba siendo dirigido hacia Freedom 250, la estructura privada y cercana a la Casa Blanca, en lugar de concentrarse en America250, la comisión bipartidista creada por el Congreso.
El senador Adam Schiff acusó al Departamento del Interior de dirigir “al menos 100 millones de dólares de fondos de los contribuyentes” hacia Freedom 250 y que, según su oficina, habría buscado grandes donaciones a cambio de acceso preferente a Trump y a eventos oficiales del aniversario. La pregunta que atraviesa la investigación demócrata es quién decide el destino del dinero público y qué reciben a cambio quienes aportan dinero privado.
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Freedom 250 se presenta como una iniciativa no partidista para celebrar al país, pero su programación contradice esa neutralidad. La Great American State Fair, la gran feria en el National Mall de Washington, fue anunciada como una exposición nacional con pabellones para los 50 estados y seis territorios. Parte del comunicado de Freedom 250 dice: “El presidente Donald J. Trump encabezará la celebración de inicio de la Great American State Fair”. El problema fundamental es que la feria, que debía ser un acto nacional, “está diseñada para poner a Trump como anfitrión, narrador y beneficiario político de una celebración pagada y apoyada con recursos públicos, privados y estatales”, subraya Molina.
Por eso varios estados, sobre todo los gobernados por demócratas, decidieron no entrarle, por ejemplo, California, Massachusetts, Oregon, Washington, Connecticut, Illinois, North Carolina, Maine y Pennsylvania.
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