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Beirut.— Explosiones, columnas de humo negro, terror, shock y centenares de personas acampadas en las calles, en las plazas y en la famosa corniche, la costanera de Beirut.
Si en Beirut casi todos creían estar acostumbrados a la guerra —Líbano padeció una sangrienta Guerra Civil entre 1975 y 1990 y luego diversos conflictos contra Israel, el último, en 2024—, lo que sucede ahora, dicen, horrorizados, es algo nunca visto.
La guerra está alcanzando el corazón de Beirut, partida, rota, asustada, en shock. El paseo costero, famoso por sus playas, hoteles y restaurantes de pescado, está devastado. “No hay ningún lugar seguro en Beirut porque no sabes quién es tu vecino y no sabes cuándo va a llegar la bomba israelí”, dice Ali, nuestro intérprete. “Esto es una ruleta rusa”, agrega. Él debió dejar su casa del barrio de Dahiyeh, barrio de mayoría chiita del sur de la ciudad y feudo de Hezbolá, que para Israel es una organización terrorista, pero aquí es considerado un partido político.
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“El primer día de la guerra bombardearon el edificio al lado del de mis padres, que todavía no sé cómo sobrevivieron… Los daños fueron enormes y nos tuvimos que mudar… Fue a las dos de la mañana, pero yo estaba afuera, con mis amigos, cuando pasó”, cuenta.
Dahiyeh es el barrio más popular de Beirut. Normalmente vive un millón de personas. Pero ahora no queda nadie. “Es zona de guerra y sólo los locos o algunos drogadictos se quedaron”, explica Alí. La mayoría huyó después del comienzo de los bombardeos de Israel, el 3 de marzo pasado, en represalia de ataques lanzados contra Israel por Hezbolá, que quiso vengarse del asesinato del gran líder supremo iraní, Ali Jamenei, perpetrado por la ofensiva conjunta de Israel y EU en Teherán.
La vendetta de Hezbolá provocó la reacción inmediata de Israel, que abrió sobre este diminuto país un nuevo frente de guerra que se va ampliando explosivamente con el correr de las horas y que nadie duda que podría transformarse en una nueva invasión.
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Al margen de eliminar a Hezbolá, Israel quiere crear una zona de amortiguamiento en el sur del Líbano para que nunca más caigan misiles sobre el norte de Israel como los que impactaron la noche del miércoles y sorprendieron a todos porque evidenciaron que ni Hezbolá ni Irán están tan debilitados como se pensaba. Y que reforzó la determinación del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu —ya implicado en una guerra con Irán que su aliado, Donald Trump, podría terminar de un momento a otro—, de intensificar en Líbano para ir, esta vez, por todo.
Según el ministerio de Salud libanés, la nueva ofensiva ha causado al menos 773 muertos, incluyendo 103 niños, y mil 933 heridos y el desalojo de más de 820 mil personas: no sólo las del barrio de Dahiyeh, sino también desde el sur de Líbano.
Beirut es una ciudad partida en dos y bajo shock por bombardeos nunca antes vistos en su parte céntrica ni en la corniche. Con la parte norte con algunas tiendas abiertas y con algo de vida y con el barrio de Dahiyeh, en el sur, convertido en zona de guerra y casi vacío. Y con su gente, la mayoría de religión chiita, pero no por eso miembros de Hezbolá, desparramados en departamentos, refugios públicos, escuelas y en un estadio, pero también en carpas o incluso durmiendo en autos.
“En las guerras siempre aparecen los buitres que se aprovechan del pánico y la mayoría de la gente no tiene plata para pagarse un hotel o ir a alquilarse algo… Están pidiendo 3 mil dólares por mes para una casa, en lugares de porquería”, denuncia Ali, economista que trabaja junto a su padre en una empresa importadora de café, pero que ahora, con el país paralizado, trabaja de fixer, asistente de periodistas.
La guerra actual ha sumido a la población, ya agotada, en la desesperanza más absoluta. Ésta se notaba en el vuelo ME311 de Middle East Airlines (MEA) —la aerolínea de bandera libanesa que es la única que llega hasta este país si no, aislado—, que desde Amman voló hasta esta capital. Además de cinco periodistas, en el vuelo, semivacío, había personal de organismos humanitarios. “Estamos yendo para darle una respuesta a la emergencia, y aportaremos colchones, mantas, almohadas, a los 500 refugios colectivos activados, que es evidente que no son suficientes”, dijo a La Nación Basma Alloush, del International Rescue Committee.
Alloush describió una situación al borde del colapso. Y puntualizó que en los refugios dejan entrar sólo a los libaneses.
El éxodo, desalojo, la evacuación de miles de personas se palpan en la calle. No hay sirenas en Beirut. Todos miran para arriba, hacia el cielo, para ver si está por caer alguna bomba. Pero sobre todo miran el celular. Ahí es donde aparecen en las redes las alertas escritas en árabe por el coronel israelí Avichay Adraee, vocero del ejército. Los avisos se repiten, igual que el zumbido constante y amenazante de drones y la sensación de estar en una ruleta rusa.
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