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San José.— Hundidos en la peor crisis social de Cuba del siglo XXI, con un pronóstico de contracción económica de 8% en 2020 y una creciente represión política para contener el descontento popular en un generalizado desabasto de alimentos y bienes esenciales, a los cubanos les apetece recurrir a su vieja y masiva opción de escape: la migratoria.
Un reporte de la semana pasada de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que integra el sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU), anticipó que el PIB de Cuba tendrá este año un crecimiento negativo de 8%, luego de que aumentó 0.5% en 2019 y 2.2% en 2018.
Por las cada vez más frecuentes protestas callejeras por la agudización de las carencias, la revolución comunista movilizó a sus redes de control en barriadas e intensificó los actos de repudio ante las casas de opositores o disidentes. “La acumulación del odio, de la violencia, de la crispación, como métodos aceptados o tolerados por las autoridades y los agentes del orden, no digamos promoverlos y organizarlos, pueden ser la fuente de espirales indetenibles de violencias mayores que nadie quiere para Cuba”, alertó a EL UNIVERSAL el disidente Dagoberto Valdés, religioso, ingeniero agrónomo y científico social, director de Convivencia, revista digital cubana.
“Las autoridades civiles y militares, que tienen el primordial deber de cuidar a la ciudadanía, no pueden tolerar, permitir, disimular o, en el peor de los casos, incitar a la llamada violencia revolucionaria. Ni soliviantar los actos de repudio, ni permanecer inertes ante cualquier muestra de violencia. Permitirlo es, por un lado, contribuir a la división de nuestro pueblo en momentos de crisis”, alegó. El gobierno cubano ignora o minimiza estas denuncias, que atribuye a “mercenarios” serviles a Estados Unidos y enemigos de la revolución.
En este panorama, la ruta de migrar remitió a las válvulas de escape masivo por más de 60 años a las que acudieron miles de cubanos. Ninguna autoridad cubana se pronunció sobre esa eventualidad. Las solicitudes de asilo de cubanos en México, que sumaron 8 mil 708 en 2019, alcanzaron las 4 mil 174 en 2020, según el Consejo Nacional de Refugiados (Comar). Los datos mostraron que, aunque Centroamérica cerró fronteras en marzo por el coronavirus, los cubanos siguieron entrando a suelo mexicano.
La reapertura de aeropuertos atizó el “asunto éxodo” entre los cubanos, aunque el de La Habana seguirá cerrado al menos hasta el 31 de este mes. Las demás terminales aéreas reabren hoy tras un cierre que empezó en abril por el Covid-19 y causó un severo impacto socioeconómico paralelo que agravó el recrudecimiento desde 2017 del embargo que EU impuso a Cuba en 1962.
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