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El rey Felipe VI acusó ayer al gobierno catalán de una “deslealtad inadmisible” y garantizó la unidad de España, minutos despúes de que el presidente de la Generalitat (el gobierno regional de Cataluña) Carles Puigdemont dijera que la declaración de independencia “es cuestión de días”, todo en el marco de una huelga general que paralizó el territorio.
Felipe de Borbón hizo una comparecencia extraordinaria muy dura con el gobierno catalán (la Generalitat). El rey español no planteó ninguna apuesta por el diálogo y dijo que las autoridades catalanas “de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia”. También aseguró que “los derechos que pertenecen a todos los españoles serán preservados”. Concluyó subrayando su “compromiso como rey con la unidad y permanencia de España”.
Sus declaraciones fueron recibidas en las calles de Cataluña con caceroladas, bocinazos de los automóviles y gritos de protesta.
Anteriormente, Puigdemont, en entrevista con la BBC, aseguró que la declaración de independencia de Cataluña es “cuestión de días” y aseguró que su gobierno actuará hacia el fin de semana o el inicio de la siguiente”.
En tanto, la polarización en Cataluña avanza. Ayer la región se paralizó en una movilización masiva que intensifica el pulso con el gobierno español.
Dos convocatorias se unieron en Cataluña ayer: una huelga general y un “parón del país”.
La huelga ya había sido convocada en septiembre por sindicatos minoritarios y el partido revolucionario CUP en apoyo a la independencia.
Su intención entonces fue sumar a los dos grandes sindicatos españoles (Comisiones Obreras y UGT), pero estos no quisieron avalar una iniciativa secesionista.
Sólo tras la represión policial en el referéndum ilegal del 1 de octubre, decidieron sumarse a un paro alternativo junto a otras asociaciones civiles. La convocatoria de ayer estaba sujeta, por tanto, a cierta ambigüedad que permite a los independentistas reclamar el éxito de sacar a cientos de miles de personas a las calles de toda Cataluña.
La consejera de Trabajo catalana, Dolors Bassa, aseguró sobre la huelga que hubo “un seguimiento muy masivo”. Prácticamente todas las escuelas cerraron, 75% de los trabajadores de la sanidad no trabajó, los puertos de Barcelona y Tarragona quedaron paralizados y se cortaron más de 50 carreteras, impidiendo el acceso a las poblaciones.
La huelga tuvo especialmente éxito en el sector público, puesto que la Generalitat comunicó a sus trabajadores que recibirían su sueldo aunque faltasen al trabajo.
En las calles de Barcelona los pequeños locales cerraron casi en su totalidad. Hasta la Sagrada Familia y las grandes atracciones turísticas cerraron sus puertas, favoreciendo que muchos turistas se acercaran con sus cámaras a las manifestaciones. El ambiente fue festivo. Una mayoría de jóvenes envueltos en banderas catalanas recorrió la ciudad acompañada por los bomberos, también en manifestación. Los organizadores insistieron en evitar gestos violentos que ensuciasen la imagen de revolución pacífica que quiere proyectar Cataluña al mundo.
“Es que es superilusionante”, lloraba una estudiante frente a la plaza de la Universidad emocionada por la movilización. “Els carrers seran sempre nostres” (Las calles serán siempre nuestras) fue uno de los gritos de la jornada, junto a los insultos a la policía y a la prensa española, a la que los independentistas acusan de complicidad con el gobierno central.
Los altercados fueron mínimos, pero hubo grupos que obligaron a cerrar los comercios que permanecían abiertos, y se dieron momentos de tensión frente a las sedes de los partidos Ciudadanos y Partido Popular, opositores al nacionalismo catalán.
Los manifestantes también pidieron que la policía nacional abandone Cataluña, por lo que el gobierno nacional intervino para evitar que dos hoteles expulsaran a los agentes que alojan. “No aceptaremos ni toleraremos que se fomente el odio contra la policía y la Guardia Civil ”, dijo el ministro del Interior español, Juan Ignacio Zoido.
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