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Washington.— Estados Unidos sigue en periodo de introspección sobre el racismo sistémico en el país, especialmente en los cuerpos policiales. El llamado a la acción y a cambiar las reglas racistas establecidas, que hasta ahora era patrimonio exclusivo de las protestas en las calles, tuvo ayer un portavoz que sacudió al Congreso: Philonise Floyd, hermano del fallecido George Floyd, uno de la docena de testimonios que escuchó un comité de la Cámara de Representantes en una audiencia sobre Reforma Policial y Discriminación Racial.
“Estoy cansado del dolor que siento ahora, del dolor que siento cada vez que matan a otro hombre negro sin ninguna razón. Hagan que pare. Paren el dolor”, exigió a los congresistas, a quienes desafió: “¿Cuánto vale la vida de un hombre negro? ¿Veinte dólares? Es 2020. Basta. La gente en las calles está diciendo: ‘Basta’”, recordó, en referencia al supuesto valor del billete falso que llevó a la detención y trágica muerte de George Floyd.
La declaración de Philonise fue un constante reclamo de cambios estructurales en el país, para que la muerte de su hermano no hubiera sido en vano ni quede impune.
Coincidió en el análisis Paul Butler, profesor de leyes de la Universidad de Georgetown. “Nunca ha habido, ni por un minuto en la historia de EU, paz entre las personas negras y la policía”, argumentó el experto, resolviendo que los gritos de: “Sin justicia no habrá paz” que se escuchaban en las manifestaciones “no son una amenaza, simplemente son una descripción de cómo funciona el mundo”.
El testimonio de Philonise Floyd fue el de un hombre devastado, pero orgulloso, sollozando en algunos momentos, aunque firme en la exigencia de justicia y cambio.
“Todavía no he tenido tiempo de pasar el duelo con mi familia, no he podido”, confesaba a los congresistas, con un cubrebocas con la foto de su hermano y los lemas “Black Lives Matter” y “I can’t breathe”.
Apenas ayer la prensa de EU informó que Thomas Lane, uno de los expolicías implicados en la muerte de Floyd, salió libre tras pagar una fianza de 750 mil dólares.
Si bien todos los políticos mostraron su solidaridad por la muerte de Floyd, demócratas y republicanos ven soluciones diferentes. Mientras los progresistas apuestan por una reforma policial, los más conservadores creen que es imperativo defender el trabajo de los agentes.
Hay versiones en Washington de que la Casa Blanca trabaja en una orden ejecutiva sobre actuaciones policiales que prohibiría las técnicas de ahogo en detenciones, y estaría dispuesta a negociar la creación de un programa de buenas prácticas, entre otros, pero el mensaje que sale de la residencia presidencial es otro. Larry Kudlow, el influyente asesor económico de la Casa Blanca, declaró que no cree que haya racismo sistémico en EU. Las protestas son cada vez menores e incluso la Casa Blanca empezó a desmontar la valla que erigió para protegerse. El enfoque de los activistas cambió: acabar con los símbolos que representan el pasado racista del país.
El Pentágono había empezado a analizar cambiar el nombre de bases con nombres de la Confederación, pero el presidente Donald Trump tuiteó que es algo que “ni siquiera está en consideración”, mientras que la presidenta de la Camara Baja, Nancy Pelosi, exigió retirar del Capitolio 11 estatuas de confederados que se oponían al fin de la esclavitud.
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