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Bruselas.— Las catástrofes humanitarias desencadenadas por desastres naturales y conflictos son cada vez más frecuentes y prolongadas, sostiene en su informe anual la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA).
El reporte publicado ayer en Ginebra revela que el tiempo promedio de intervención por parte de los organismos internacionales tras una convocatoria de ayuda humanitaria en escenarios de conflicto pasó de cuatro a siete años entre 2005 y 2017.
Durante el mismo periodo el número de crisis activas atendidas con planes humanitarios se duplicó de 16 a 30 por año.
Los costos igualmente se han disparado. Los requisitos financieros solicitados por las misiones humanitarias han pasado de 4.8 mil millones de dólares en 2006 a 23.9 mil millones en 2017. La población potencialmente receptora de la ayuda aumentó de 31 a 101 millones.
El 80% de los recursos solicitados se concentraron en República Democrática del Congo, Irak, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen, todas crisis con una duración de 5 años o más.
Crecen ataques. Así como han aumentado los plazos de estadía del personal humanitario, han crecido los ataques contra el personal médico. Durante el año pasado, 227 trabajadores de salud resultaron heridos o muertos, 91 fueron arrestados y 64 secuestrados; en tanto que 209 instalaciones médicas fueron destruidas o dañadas, así como 50 vehículos fueron decomisados, incendiados o estropeados.
El World Humanitarian Data and Trends muestra como el panorama global de seguridad y asistencia humanitaria evolucionó durante el año pasado. El 2017 se caracterizó por un aumento de las personas desplazadas por violencia y conflictos armados, 68.5 millones, tres millones más que en 2016; al tiempo que costos generados por éstos fenómenos registraron una cifra record, 14.8 billones de dólares, equivalente al 12.4 por ciento del PIB global.
La guerra por el agua. El agua potable se está convirtiendo cada vez más en un detonante de conflictos; en ocasiones se busca su control, en otras, las reservas son blanco accidental o intencional de violencia. Los incidentes desencadenados por el agua han pasado de 27 en 2013 a 71 en 2017, año en el vital líquido jugó un papel importante en conflictos de al menos 45 países, particularmente en Medio Oriente y África del Norte.
“El panorama humanitario está cambiando más rápidamente que nunca”, sostiene el informe.
Las proyecciones de OCHA son aún menos alentadoras; anticipa un aumento de las necesidades humanitarias como consecuencia del cambio climático, el crecimiento de la población, la presión sobre la seguridad alimentaria, los flujos migratorios y la expansión de la mancha urbana.
Por ejemplo, se espera que la población global llegue a los 8.6 billones en 2030 y a los 9.8 billones en 2050. Si la brecha alimentaria continúa el curso actual, dentro de 15 años un 8% de la población mundial estará sufriendo por subalimentación.
El calentamiento global también ejercerá una mayor presión sobre los Estados. “Podría ser responsable del desplazamiento interno de 140 millones de personas para el año 2050”, de acuerdo con el reporte.
Si estos datos no fueran suficientes para encender las alertas, los flujos migratorios, que hoy son factor de división y encono social, pasarán de 257 millones anuales a 405 millones para 2050; al igual que la brecha educativa se acentuará de no haber un cambio de la trayectoria actual: para 2030 69% de los niños en edad escolar en países de bajo ingreso no recibirán enseñanza básica.
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