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San José
Implacable, demoledor, insensible… el presidio político también tiene rostro de mujer en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
La cubana Berta Soler sufre por ser asidua prisionera política temporal en estaciones policiales de La Habana por protestar contra el gobierno comunista de Cuba.
La venezolana Lizbeth Añez jamás quiere volver a vivir el calvario de estar encarcelada en una prisión de Caracas por el único “delito” de ayudar a presos políticos y pensar distinto al régimen gobernante en Venezuela.
Las nicaragüenses Nelly Roque, Amaya Coppens, Karla Matus, Johana Delgado, María Peralta, Yaritzha Rostrán, Solanghe Centeno y Jamileth González fueron detenidas en la oleada gubernamental de represión política por la crisis que estalló en Nicaragua en 2018 y están en huelga de hambre en una cárcel en el sureste de Managua desde el 27 de febrero pasado, para exigir su liberación y niegan que sean terroristas o mafiosas.
Los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua rechazan que haya reos de conciencia. “Son mercenarios contrarrevolucionarios pagados por Estados Unidos”, acusa La Habana. “Son políticos presos por asesinar al pueblo”, aduce Caracas. “Son terroristas y criminales que gestaron un golpe de Estado”, alega Managua.
Prohibición. En entrevista con EL UNIVERSAL, Soler, de 55 años, casada y con dos hijos, explicó que hay 140 cubanos presos, de los que al menos 12 son mujeres, por “pensar diferente al régimen y eso está prohibido en Cuba. Nos llevan a calabozos policiales junto a presas comunes en baños infestados y sucios. Dormimos en colchones con pestes, pulgas, bacterias y virus. Una vez dormí en uno infestado con sarna y me causó mucha irritación y picazón. Luego contagié de sarna a mi marido [Ángel Moya]”.
Aislada. Incomunicada de la población carcelaria, Añez, de 52, divorciada, con dos hijos y de Caracas, estuvo presa 116 días en El Helicoide, temida cárcel caraqueña, en 2017 acusada de traición a la patria y rebelión militar, por lo que fue procesada en un tribunal castrense.
“Padecía de un tipo de hepatitis y soy hipertensa. En prisión tuve que esperar un mes para recibir los medicamentos. No fui torturada físicamente, pero soporté aislamiento en un cuarto de cuatro paredes, de tres por tres [metros], por casi cuatro meses. Me dejaron salir a ver el sol a los 50 días de estar presa”, contó.
Sacrificio. En una dramática carta que lograron sacar de la cárcel de La Esperanza, las ocho nicaragüenses narraron que “fuimos secuestradas y encarceladas injustamente por la dictadura” de Nicaragua. Organizaciones nicaragüenses no estatales de derechos humanos precisaron que por la crisis hay al menos 50 mujeres de un total de 700 reos políticos. “Llevamos meses secuestradas ilegalmente. No nos hemos rendido”.
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