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Managua.— La policía de Nicaragua reportó ayer dos muertos, dos heridos y 11 detenidos en el marco de las protestas contra el gobierno del presidente Daniel Ortega, aunque luego se habló de un fallecido más.
Las víctimas fatales son Darwin Alexander Salcedo Vílchez, de 19 años, quien murió en un hospital en Estelí, donde fue ingresado por impacto de bala en la cabeza, y el ciudadano estadounidense Sixto Henry Vera, de 48 años, indicó esa institución. La policía afirmó que Salcedo Vílchez fue “víctima de grupos delincuenciales” de Estelí, y Vera de criminales quienes, encapuchados, con armas de fuego, morteros y bombas molotov, operan en el sector de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), en Managua, que se mantiene tomada por un grupo de estudiantes que protestan contra Ortega.
Según el informe policiaco, ese grupo también ocasionó lesiones gravísimas a Marcos Pomares Varela e incendiaron dos vehículos. El otro herido es un joven, de 14 años.
Esa institución detuvo a 11 personas en la ciudad de Masaya, quienes “realizaron actos terroristas en contra de la delegación de la Policía Nacional de Masaya. Fuerzas policiales repelieron este acto terrorista y criminal, capturando a 11 delincuentes”.
El opositor Movimiento Estudiantil 19 de Abril denunció que un grupo de civiles que mantienen una barricada en Masaya fueron atacados por agentes y grupos afines al gobierno con saldo de un muerto y 22 detenidos.
Esa víctima, quien no aparece en el reporte, fue identificada como Donald Ariel López, dijo el secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), Álvaro Leiva. La policía informó que a ese grupo de Masaya le decomisaron seis armas de fuego, 11 armas artesanales adaptadas para disparar proyectiles, 11 pasamontañas, el mismo número de lanza morteros, 10 docenas de morteros, seis bombas molotov, entre otros objetos.
Se reportaron daños en la sede de la alcaldía municipal de Diría y en la casa municipal del sandinismo; hubo quema de dos vehículos, un camión, una camioneta y una motocicleta. La policía también indicó que en diferentes municipios de Nicaragua se mantienen bloqueos de carreteras.
“Aquí es como un desierto, no hay comercio, no hay nada, [me siento] desesperada, acongojada y triste. La situación está horrible, horrible, horrible”, dijo entre lágrimas Vanesa, una residente del lugar, quien vive encerrada en su casa con sus tres hijos y su nieto.
“La exigencia de la ciudadanía que está en las calles es salir a lo inmediato del desgobierno del Ortega”, demandó la dirigente opositora de la sociedad civil Azhalea Solís.
Medios dieron a conocer además el caso del policía Armando Reyes, quien vio por televisión la imagen de un manifestante que sangraba por la cabeza y al que compañeros intentaban subir a una moto para llevarlo al hospital. Horas después supo que ese muchacho era su hijo Francisco, uno de los 16 fallecidos tras los violentos ataques del miércoles contra manifestantes opositores. Reyes, quien hasta ese momento apoyaba a Ortega, dice que ya no quiere ser parte de la policía y acusa a las fuerzas de seguridad del régimen por la muerte de su hijo.
Ayer se cumplieron en Nicaragua 46 días de una crisis sociopolítica, la más sangrienta desde los años 80, que ha dejado al menos 108 muertos y cerca de un millar de heridos, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).
En las últimas dos semanas, la violencia en Nicaragua ha crecido pese al llamado que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Amnistía Internacional (AI) han hecho al gobierno para que cese la represión de las protestas que iniciaron en abril contra unas fallidas reformas a la seguridad social, y se acentuaron como consecuencia de los asesinatos durante las manifestaciones.
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