Bruselas.— La Unión Europea (UE) y México pondrán fin este viernes a una década de estancamiento con la adopción del acuerdo que contiene los elementos requeridos para rejuvenecer el marco institucional vigente desde hace un cuarto de siglo.

La firma del Acuerdo de Asociación Estratégica en materia Política, Económica y de Cooperación entre la UE y México (Acuerdo Global), así como del Acuerdo Comercial Interino, tendrá lugar en la Ciudad de México al más alto nivel.

El proceso iniciado con el lanzamiento de las negociaciones en 2016 será sellado por la presidenta Claudia Sheinbaum, el titular del Consejo Europeo, António Costa, y la jefa del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.

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El Parlamento Europeo por primera vez estará presente en la rúbrica de un acuerdo de la UE con un país tercero luego de que el eurodiputado Antonio López Istúriz White, jefe de la delegación para México, se hiciera invitar.

“Finalmente le llega la hora a México y a la UE de poner al día un acuerdo comercial a la altura de lo que representa México hoy en la UE”, dice a EL UNIVERSAL César Guerra, antiguo jefe del equipo mexicano que negoció el acuerdo y actual secretario ejecutivo de la Cámara de Comercio Unión Europea-México (MexchamEU).

Recuerda que el país fue el primero con el que la UE negoció un acuerdo comercial en América y le sirvió a Bruselas para comenzar a tocar el agua y a partir de los resultados comenzó a expandirse hacia el resto de América Latina, mejorando las ofertas.

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“México va a tener el mejor acuerdo comercial posible, claro, sujeto a que se puedan revisar cosas y mejorar. Pero en este día, hoy, hablamos del mejor acuerdo que se puede tener al traer disciplinas comerciales que no se tenían. Porque el acuerdo vigente fue meramente arancelario en temas industriales y en agricultura.

“Estamos ante una fantástica oportunidad para ambas regiones. La dimensión geopolítica de este acuerdo es realmente importante, debido a la inestabilidad que enfrentamos en la economía mundial por la disrupción causada por [el presidente estadounidense Donald] Trump y China”, dice en entrevista John Alistair Clarke, quien hasta hace poco fue director de Relaciones Internacionales en la Comisión Europea y negociador comercial. “Con este acuerdo completamos un trío fantástico de libre cambio: India, Mercosur y México, países y regiones con los que la UE tiene, en general, el mismo tipo de intenciones, valores y ambiciones”.

Para que el acuerdo comercial interino entre en vigor, se requerirá sólo del visto bueno de la Eurocámara. En tanto que el Acuerdo Global renovado, para que pueda tener luz verde, necesitará de la aprobación de los parlamentos nacionales de todos los Estados miembros de la Unión, lo que llevará más tiempo. “Lo ideal es que se implemente en noviembre o diciembre de este año, para que el segundo corte arancelario se dé en enero de 2027. Esto es importante para tratar de reponer el tiempo perdido porque va a permitir adelantar un corte. Si se va hasta el próximo año, vamos a tener que esperar un año más”, señala Guerra.

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Apenas el principio

El pacto actualizado desencadenará un abanico de oportunidades al añadir a las relaciones mercados que se quedaron fuera, como es el agrícola; creará disciplinas diseñadas para dar certidumbre a inversiones y el comercio, dará paso a plataformas de cooperación, así como a herramientas para arreglar problemas que pudieran aparecer. Igualmente habrá reglas de origen modernizadas, prácticamente para dos terceras partes de los productos, así como acceso a compras de gobierno.

Junto al comercio, se construirán normas innovadoras para hacer frente a la corrupción y se establecerán compromisos jurídicamente vinculantes en materia de derechos laborales, protección del medio ambiente, cambio climático y conducta empresarial responsable. Habrá mayor supervisión y transparencia, y las organizaciones de la sociedad civil tendrán la asignatura de desempeñar el papel de supervisor y asesor sobre la aplicación de todo el acuerdo. Alistair Clarke identifica las mayores oportunidades para los europeos en la industria, químicos, farmacéuticos, equipos médicos, telecomunicaciones y maquinaria. También en agricultura, particularmente en alimentos gourmet, servicios profesionales, financieros y transporte. En compras públicas, la oferta estará en equipos, transporte, tecnología y servicios digitales.

“Los exportadores mexicanos van a tener mejor acceso al mercado agrícola europeo y oportunidades en productos químicos, materiales raros, ingredientes farmacéuticos y componentes de maquinaria que todavía tienen tarifas. Pero principalmente tendrán procedimientos comerciales más sencillos y muchos obstáculos no arancelarios quedarán eliminados (...) Hay muchas medidas de reconocimiento mutuo de los estándares, procedimientos de certificación, facilidad agrícola, reglas más suaves, claridad en medidas sanitarias y fitosanitarias, menos obstáculos técnicos al comercio. Esto será muy beneficioso para las empresas mexicanas, incluyendo las pequeñas”.

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Los expertos coinciden en que el acuerdo no debe verse como un fin, sino como punto de partida. “Los tratados de libre comercio son instrumentos para que los empresarios decidan. Los tratados por sí solos no pueden hacer que automáticamente fluya el comercio. Depende de otras cosas”, señala Guerra.

“En el caso de México, es muy cómodo exportar a Estados Unidos. Para llegar a Europa se va a requerir de capacitación, aprendizaje, los exportadores tendrían que hacer su tarea para entender el mercado y sus regulaciones (...) En Estados Unidos prácticamente somos nosotros los principales. Acá hay productos de todos lados, de Asia, África y América Latina, se requiere más trabajo”.

Guerra sostiene que sí es posible aumentar en 35% el comercio con Europa en los próximos cinco años, como prevé el Consejo Empresarial Mexicano, pero para ello, Cámaras de Comercio, gobiernos y hombres de negocios deben “jalar hacia el mismo lado”.

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“Los encuentros regulares de alto nivel ayudan, construyen y dan visibilidad. Cuando hay confianza de que las relaciones van bien, entonces se puede invertir y hacer negocio”, puntualiza. La última cumbre entre la UE y México tuvo lugar hace 11 años.

Pero como toda relación, conlleva sus riesgos y preocupaciones. Alistair Clarke menciona dos riesgos que pueden afectar el acuerdo: “Los posibles esfuerzos de la administración Trump para empujar a México a no aceptar el comercio libre con Europa y sus estándares. Ya lo está haciendo con las indicaciones geográficas, EU no quiere que México proteja los nombres de la comida europea. Por el momento, la relación entre EU y México es muy mala. Y la de la UE y México es muy buena. Así que creo que los riesgos no son para este año, tal vez el próximo, porque si la relación entre EU y México mejora, Trump podría empujar a México contra Europa. Ese es un riesgo”.

La otra inquietud es el comportamiento proteccionista de organismos federales como el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad (Senasica).

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“Tenemos una historia muy, muy dolorosa con México para obtener acceso al mercado. Nuestros productores de carne son muy escépticos y creen que este acuerdo no resultará en más comercio por la mala experiencia. Constituye un riesgo para la cooperación en los próximos años”, indica.

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