La guerra entre e Israel en contra de , que en Wa- shington fue presentada inicialmente como una operación rápida destinada a debilitar al régimen de Teherán, está resultando ser mucho más compleja y con un impacto en dos ámbitos en suelo estadounidense: inflación y violencia.

La realidad que empezó a emerger esta semana dista mucho de la rápida victoria prometida por el presidente —una en la que el régimen islámico se desmoronaba y daba paso a un gobierno servil—. Al contrario, el conflicto comenzó a transformarse en un tsunami con graves implicaciones extrarregionales y consecuencias económicas y de seguridad que empiezan a sentirse en varios sitios del planeta.

Tanto, que en Washington muchos se preguntan si la administración republicana subestimó la capacidad de respuesta de Teherán antes de apretar el gatillo. “Lo que no anticiparon, al parecer, fue la determinación iraní de encajar los golpes y llevar la guerra a un terreno asimétrico en el que pueden elevar el costo económico y político no sólo en Estados Unidos, sino también para sus aliados”, afirma Caitlin Talmadge, experta en la región del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

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Uno de los principales instrumentos iraníes es el estrecho de Ormuz, corredor marítimo por el que transita 20% del petróleo que se vende en el mundo. Desde el inicio de la guerra, el régimen iraní amenaza con cerrar o atacar el tráfico marítimo en ese punto, lo que llevó a varias navieras a suspender temporalmente sus operaciones en la zona.

El impacto de estos acontecimientos ya se siente: en apenas dos semanas de conflicto el precio del crudo superó los 100 dólares por barril.

“Si el shock petrolero se prolonga varias semanas, podría generar una combinación peligrosa de crecimiento débil y precios al alza”, advirtieron analistas de Deutsche Bank esta semana, evocando el fantasma de la llamada estanflación que sacudió a la economía mundial tras la revolución iraní de 1979.

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El costo del petróleo caro

En EU, el gremio de los agricultores ya reporta alzas cercanas al 25% en el precio de algunos fertilizantes, un insumo clave para la producción de alimentos y que podría disparar la inflación.

Para la Casa Blanca, el impacto político no es menor. El aumento del precio del petróleo se traduce en gasolina más cara, mayores costos de transporte y presiones inflacionarias que golpean el bolsillo de los votantes estadounidenses. En las últimas semanas, el precio promedio del galón de gasolina en el país superó los 3.5 dólares y subió más del 20% en el último mes.

Y ese es un terreno particularmente sensible para Trump, que hizo del control de la inflación uno de los pilares de su discurso político. La gasolina, de hecho, es uno de los indicadores económicos más visibles para el electorado estadounidense: los conductores ven el precio en las estaciones casi a diario. No es casual que la mitad de los estadounidenses —48%— ya culpe al presidente y a su administración por el aumento de los precios del combustible, según una encuesta reciente publicada por Axios.

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El frente económico no es el único en el que Irán parece estar tratando de elevar el costo del conflicto: funcionarios advierten que la guerra podría aumentar el riesgo de atentados o acciones violentas inspiradas por Teherán o por grupos aliados.

En los últimos días, el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional reforzaron las alertas de seguridad tras varios incidentes que están siendo investigados como posibles actos de terrorismo o sabotaje, incluido el ataque contra una sinagoga en Michigan.

Ese temor no es nuevo. Durante décadas, Irán construyó una red de aliados y milicias en varios puntos del mundo que, según analistas, podrían activar para ejercer presión indirecta sobre Washington y sus socios.

Uno de los escenarios que más preocupa es una eventual guerra terrestre en Irán. El Cato Institute advierte que, debido al tamaño y geografía del país persa, una ocupación a gran escala podría requerir cerca de 1.6 millones de soldados para lograr un control efectivo del territorio, cifra que supera, por mucho, los despliegues de EU en Irak o Afganistán. Según el informe, una intervención así sería “un infierno”.

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