Miami.— La dio origen a un proyecto de nación que hizo de la abolición de la esclavitud un principio político y, con el paso de las décadas, convirtió al país en un territorio de libertad, incluso para quienes escapaban del sistema esclavista estadounidense.

La decisión del cura Miguel Hidalgo, sostenida por José María Morelos y, posteriormente, decretada por Vicente Guerrero desde la Presidencia, tuvo consecuencias fuera de México: ofreció a las personas esclavizadas la posibilidad de recuperar su libertad bajo la protección de otro país. Esa política afectó los intereses de los propietarios estadounidenses, provocó disputas diplomáticas y agravó los conflictos sobre la expansión de la esclavitud en la Unión Americana.

La consumación de la Independencia, el 28 de septiembre de 1821, dio existencia a un país cuya extensión acercaba la posibilidad de libertad a las personas esclavizadas en Louisiana.

Una de las historias más conocidas es la de un afrodescendiente llamado Joe, esclavizado en una plantación de la región del río Atchafalaya, Louisiana, quien huyó en 1822 hacia Texas, entonces territorio mexicano. Llevaba un caballo y un arma; sus perseguidores lo capturaron antes de que alcanzara la frontera del Sabina. Su intento fue documentado por la historiadora Alice L. Baumgartner en el libro Hacia la libertad: esclavos fugitivos en México y el camino hacia la guerra civil.

El 15 de septiembre de 1829, Vicente Guerrero, entonces presidente de México, decretó la abolición de la esclavitud: “Son por consiguiente libres los que hasta hoy se habían considerado como esclavos”. En Texas, que desde 1824 integraba también al estado de Coahuila, se habían establecido colonos procedentes de Estados Unidos que llevaban consigo personas esclavizadas; la noticia de la abolición amenazaba sus plantaciones y sus inversiones. Cuando el decreto llegó, el 16 de octubre, el jefe político Ramón Músquiz retuvo su publicación; los colonos solicitaron una excepción, y en diciembre recibieron la comunicación de que la situación de sus esclavos permanecería sin cambios.

La Nueva España y el México naciente. Foto: MUSEO DEL VIRREINATO
La Nueva España y el México naciente. Foto: MUSEO DEL VIRREINATO

Sueño de libertad

En 1836, Texas declaró su independencia y fundó una república cuya Constitución protegía la esclavitud. México no reconoció la separación texana y, en 1837, reafirmó la abolición sin excepciones territoriales. La incorporación de Texas a Estados Unidos sucedió en 1845. Con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848, México perdió 55% de su territorio, de acuerdo con historiadores, reconoció la separación de Texas y aceptó el río Bravo como la nueva frontera con la Unión Americana, lo que autorizó la esclavitud en las tierras adquiridas para ampliar las plantaciones y llevar a más personas esclavizadas hacia esos territorios.

México se proyectó como un territorio de libertad frente a un sistema esclavista estadounidense que se extendía desde los estados de la costa atlántica, como Virginia, las Carolinas y Georgia, hasta las regiones agrícolas de Alabama, Mississippi, Louisiana y Texas.

Para las personas esclavizadas, México se convirtió en la meta. Durante las décadas de 1840 y 1850, Texas y Louisiana fueron los principales puntos de salida hacia suelo mexicano. Desde las plantaciones texanas se avanzaba hacia el río Bravo para alcanzar Coahuila o Tamaulipas; desde Nueva Orleans, Louisiana, algunos fugitivos buscaban embarcarse hacia puertos mexicanos. Trabajadores mexicanos, viajeros y habitantes de las comunidades fronterizas transmitían información sobre rutas y lugares de refugio. Familias vinculadas con los ranchos de los Jackson y los Webber, junto al Bravo, proporcionaron alimentos, alojamiento y ayuda para cruzar.

Félix Haywood, quien vivió esclavizado en Texas, recordó en una entrevista en 1937 la expectativa que México representaba: “Y seríamos libres en cuanto cruzáramos el río Grande [Bravo]”, dijo.

Estados Unidos reforzó la persecución mediante la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850, que hizo de la captura y devolución una responsabilidad federal. Washington buscó acuerdos de devolución en negociaciones de 1850, 1851, 1853 y 1857, sin conseguir una obligación general mexicana de entregar fugitivos.

El libro Hacia la libertad, de Alice Baumgartner. Foto: Especial
El libro Hacia la libertad, de Alice Baumgartner. Foto: Especial

México elevó la protección de quienes escapaban de la esclavitud a una garantía constitucional el 5 de febrero de 1857. El artículo segundo estableció: “Los esclavos que pisen el territorio nacional recobran (...) su libertad, y tienen derecho a la protección de las leyes”.

En 1860, Estados Unidos tenía casi 4 millones de personas esclavizadas; más de 182 mil 500 estaban en Texas. La defensa de la esclavitud fue un objetivo central de los estados que se separaron de Estados Unidos y formaron la Confederación, cuya rebelión desembocó en la Guerra Civil de 1861. La disputa por extender ese sistema a los territorios adquiridos de México había contribuido a agravar el enfrentamiento político. “Las políticas antiesclavistas de México realmente tuvieron un enorme efecto en el advenimiento de la Guerra Civil en Estados Unidos”, dijo Baumgartner.

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