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Tapachula, Chis.— José Daniel y su esposa Griselda tomaron un vuelo de La Habana, el 13 de marzo, con destino a Nicaragua para comprar ropa y revenderla en la provincia de Ciego de Ávila, pero de última hora decidieron buscar la libertad y mejorar su nivel de vida en Estados Unidos.
La pareja de caribeños emprendió la travesía del sueño americano, con 400 dólares producto de una remuneración del gobierno de Venezuela por dos años de servicio de Griselda, como especialista en Rayos X y ultrasonidos, y de la venta de diversos artículos del hogar.
Tras cuatro días de viaje vía terrestre por Honduras y Guatemala, el 13 de marzo la pareja ingresó a México de forma irregular cruzando por el río Suchiate, que sirve de división política entre México y Guatemala, a bordo de una barca hecha de neumáticos de tractor y tablas. Muchos kilómetros atrás dejaron una vida de pobreza, bajo salario y un régimen que no les permite la libertad de expresarse ni de elegir a sus gobernantes.
A los cinco años, José Daniel inició su estudio básico de seis años, como todos los niños de Cuba, sin la preocupación de sus padres de gastar en inscripción o útiles escolares, porque el gobierno proporciona todo lo que ocupan de forma gratuita. “Fui a la secundaria básica tres años, la preuniversidad, y me gradué como licenciado en matemáticas en computación”, recuerda.
Prestó sus servicios dos años en una empresa y luego se quedó a trabajar con un salario de 30 dólares mensuales (540 pesos aproximadamente). “Imagínate, la mitad del sueldo se gasta en artículos de limpieza y personal y la otra en comida; y para vestirte y calzarte tienes que buscar alternativas, escondido, que no se entere el gobierno porque viene la represalia”, señala.
“En Cuba, lo único que hay que reconocerle al gobierno es que sí se preocupan por la salud y la educación, si un niño no va a la escuela dos días, al siguiente preguntan la razón por la que no asiste”, dice mientras espera ser atendido por regularización migratoria.
Explica que la principal razón por la que cientos de cubanos abandonan la isla es el bajo salario que perciben y la falta de libertad para manifestarse, puesto que son víctimas de represión o son encarcelados de forma injustificada o perseguidos. “El mayor salario de 80 dólares mensuales, unos mil 440 pesos, lo percibe una persona con buena preparación y cierto nivel social”, detalla.
José Daniel, de 40 años, platica que una de las mayores preocupaciones de los cubanos es la escasez de arroz, pan, aceite y huevo, productos que son base en la alimentación.
“Me voy al trabajo pensando en que tengo que comprar aceite y arroz; también comemos pescado, cerdo y pollo, pero es caro y tenemos restringida la carne de res; entonces cuando avisan que hay esos productos en alguna tienda, dejamos lo que estamos haciendo y salimos corriendo a comprar porque no sabes cuándo volverá a llegar”.
Refiere que los cubanos son cariñosos, humanitarios y alegres, y sólo buscan una mejoría económica, decidir y hacer lo que les plazca, sin que nadie los presione.
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