[Publicidad]
Bruselas.— Aunque el nivel de exposición a la crisis en Medio Oriente ha sido diferente entre los países, ninguno se ha escapado al alza de los precios de los combustibles fósiles impulsados por el cierre del estrecho de Ormuz y los cortes en infraestructuras clave en el golfo Pérsico. Las repercusiones van mucho más allá de los mercados energéticos, desde la agricultura y la aviación, hasta el turismo, la industria de los semiconductores y las pólizas de seguros.
Los picos por la suma de los distintos factores ya se han trasladado a los principales indicadores económicos, dejando secuelas en la inflación, tasas de interés, la balanza comercial, el crecimiento del PIB, los objetivos fiscales y monetarios. Las relaciones entre Irán y EU han sido tensas desde la toma violenta en 1979 de la embajada estadounidense en Teherán y el secuestro del personal diplomático por 444 días. La animosidad llevó a Irán a la lista del “eje del mal”, junto con Irak y Corea del Norte.
Pese a la rivalidad, Washington no se había atrevido a agredir militarmente a la nación persa. El presidente Donald Trump desoyó los escenarios anticipados y optó por seguir al premier israelí Benjamin Netanyahu en su cruzada por Medio Oriente, ampliando el teatro bélico a Irán el 28 de febrero.
El Universal Responde
IA personalizada, respaldada por 109 años de historia editorial.
Lee también Israel ataca blancos militares en Irán; Teherán reporta explosiones en varias ciudades
El régimen iraní respondió a la agresión activando el manual defensivo anticipado: ataques selectivos con misiles a los emiratos aliados de Estados Unidos en la península arábiga y cierre de facto a la navegación por el estrecho de Ormuz. Como consecuencia, la ruta por donde transitaba 20% del consumo mundial de petróleo líquido y 30% del crudo transportado por mar quedó paralizada.
Pero Trump y Netanyahu no sólo alteraron con sus misiles un negocio valuado en petróleo en 600 mil millones de dólares al año. De acuerdo con Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, la guerra en Medio Oriente “interrumpió una tendencia positiva (...) de precios estables y crecimiento sólido en la zona del euro en los últimos dos años. La inflación había vuelto al objetivo. Los ingresos reales se habían recuperado de la crisis energética anterior [causada por la guerra de Rusia contra Ucrania], lo que había impulsado el consumo. La inversión iba en aumento”.

Más allá del crudo
La agresión armada puso reversa al avance económico global, provocando incertidumbre y aumento de los precios al consumo.
Lee también Trump asegura que dirige las decisiones sobre Irán; Netanyahu accede a esperar antes de responder
“Es probable que la crisis reduzca los ingresos reales y perjudique la demanda interna, que había sido el motor de la economía”, indica en un análisis Cipollone. “Al mismo tiempo, el cierre del estrecho de Ormuz ha afectado al comercio de numerosos productos básicos y químicos esenciales, como el gas natural licuado, los productos petrolíferos refinados, el aluminio, el helio, el azufre y los fertilizantes. Esto supone una perturbación negativa de la oferta para la economía de la zona del euro, ya que reduce la disponibilidad y hace subir el precio de los insumos esenciales”, menciona.
En diversos puntos del planeta hay siembras que dependen de fertilizantes agrícolas a base de cloruro de potasio, urea y amoniaco. Medio Oriente es importante proveedor de estos insumos, concentrando cerca de 42% de exportaciones mundiales de urea y 27% de amoniaco. El problema se ha visto agravado porque la crisis estalló en temporada de siembra de cultivos básicos como maíz, soja, arroz, trigo y hortalizas. La economista de J.P. Morgan Nora Szentivanyi estima que el alza de los precios de los fertilizantes podría elevar temporalmente la inflación mundial de los alimentos hasta un 4%-5%.
La escasez de combustible y el aumento de los costos han llevado a firmas, como Vietnam Airlines y AirAsia, con sede en Malasia, a reducir vuelos o ajustar sus horarios. Mientras que el antiguo corredor aéreo Irán-Irak, que conecta a Europa y Asia, es evitado por seguridad, lo que significa rutas más largas y costos más elevados.
Lee también Israel activa alertas tras detección de misiles lanzados desde Irán; ejército opera para neutralizar amenaza
“Las aerolíneas con los márgenes más reducidos y las cadenas de suministro menos flexibles serán las más afectadas. El combustible suele ser el segundo gasto más importante de una aerolínea, y hasta las fluctuaciones de precios más insignificantes pueden afectarlas”, dice la Asociación de Asistentes de Vuelo (AFA-CWA). En la práctica, significa un alza de costes operativos para aquellos con actividades transnacionales. Por ejemplo, el Comité Internacional de Rescate (IRC) reporta un aumento de 50% de costos logísticos como resultado del alza de precios en el transporte, entre 40% y 62% desde el año pasado, y de las primas de seguro. Cerca de 1.5% de la capacidad mundial de transporte de contenedores está fuera de servicio porque centenares de embarcaciones han quedado varadas por el cierre de Ormuz. Los costes de contenedores han subido hasta 316% en las rutas a Medio Oriente.
“Mientras el bloqueo continúa, el coste (...) de la guerra de Irán, que [al 6 de mayo] ascendía a 25 mil millones de dólares, podría cubrir (...) los fondos necesarios para salvar las vidas de más de 87 millones de personas que se enfrentan a una hambruna catastrófica, el desplazamiento y conflictos en todo el mundo”, dijo en su momento Ciaran Donnelly, vicepresidente de capacidades de respuesta a situaciones de crisis del IRC. “La atención también se ha centrado en la industria de los semiconductores, especialmente porque Taiwán, que produce más de 90% de los chips más avanzados del mundo, depende en gran medida de las importaciones de energía de Medio Oriente”, indica el análisis publicado por J.P. Morgan. Advierte que una crisis energética prolongada podría limitar la producción de semiconductores a mediano plazo.
La herida provocada por Trump y Netanyahu en la economía global tardará en cicatrizar. Leigh Mante y Cauvery Ganapathy, investigadoras del Observer Research Foundation Middle East (ORF ME), think tank, en Dubái, dicen que incluso si cesan hostilidades, las cadenas de suministro que involucran a países de Medio Oriente probablemente seguirán siendo volátiles a corto y mediano plazos. Señalan que es poco probable que la tregua resuelva las causas subyacentes del conflicto, no evitará que Irán siga con operaciones encubiertas y reparar la infraestructura dañada llevará tiempo. “Es probable que persistan los cuellos de botella estructurales, lo que provocará una presión considerable en tres amplias categorías no petroleras: la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica y la seguridad económica”, aseguran.
“Qué sucederá una vez que la crisis petrolera haya pasado. Las consecuencias económicas a largo plazo no se manifestarán en siguientes semanas, sino a lo largo de próximos años”, dice Marcelo Carvalho, del Overseas Development Institute (ODI) Global, en Londres. Sostiene que la guerra en Irán muestra que la inestabilidad geopolítica se está convirtiendo en variable económica persistente, por lo que el precio de los seguros se mantendrá elevado, y la seguridad energética y alimentaria pasarán a ser prioridades estratégicas en lugar de secundarias.
Las finanzas públicas se verán impactadas. Carvalho indica que en un mundo menos seguro el gasto militar sube, lo que significa elegir entre un mayor déficit, la reorientación del gasto o un aumento de impuestos. “En el pasado, la inseguridad energética empujó a los gobiernos hacia la cooperación, la integración y la profundización de los mercados. La crisis de Ormuz llega en un mundo muy diferente, caracterizado por la fragmentación, la rivalidad, el capitalismo de Estado y cada vez menor confianza de que los mercados globales por sí solos puedan garantizar la seguridad”, indican Jason Bordoff y Meghan O’Sullivan en un estudio publicado por el Oxford Institute for Energy Studies.
Aseguran que los mercados seguirán siendo importantes, pero los gobiernos intervendrán con mayor frecuencia y más agresivamente en nombre de la seguridad nacional y económica. “El peligro es que la búsqueda de la seguridad haga que el sistema energético resulte más costoso, más fragmentado y menos eficiente (...). Acelerará la división de la economía mundial en bloques geoeconómicos rivales, en los que los flujos energéticos serán determinados en menor medida por el precio y la eficiencia que por las alianzas (...)”.
Para Bordoff y O’Sullivan, la guerra de Irán acelerará la llegada de una era más dura y conflictiva, en la que la política energética, la estrategia industrial y la seguridad nacional serán cada vez más inseparables.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
cdm
[Publicidad]


