Miami.— El veredicto en Los Ángeles que encontró responsables a , dueña de Facebook e Instagram, y a YouTube, propiedad de , por el daño sufrido por una adolescente marca un antes y un después para las plataformas, que ya no pueden seguir alegando que no tienen nada que ver con la adicción de muchos jóvenes a las redes.

Meta y YouTube fueron declaradas culpables. Entre los argumentos presentados estuvo el diseño pensado en enganchar a menores mediante funciones como desplazamiento infinito y reproducción automática. El jurado repartió 70% de la responsabilidad a Meta y 30% a YouTube. TikTok y Snap, originalmente incluidas en la demanda, llegaron a un acuerdo antes de que el caso llegara a fase de sentencia.

Meta y YouTube perdieron porque el jurado dio por cierto algo que la industria ha rechazado por años: que el diseño del producto puede ser un factor sustancial en el daño que presentan los menores que, literalmente, se volvieron adictos a las plataformas. Aunque la defensa intentó enfocar el tema en la vida familiar de la demandante y sus problemas previos, el jurado concluyó que el diseño adictivo de las plataformas fue un “factor sustancial” y que ambas empresas fallaron en advertir adecuadamente los riesgos.

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Padres y tutores son responsables de decidir cuándo un menor está listo para tener cierto dispositivo, de poner horarios. Foto: Cortesía SMARTMAMAZ
Padres y tutores son responsables de decidir cuándo un menor está listo para tener cierto dispositivo, de poner horarios. Foto: Cortesía SMARTMAMAZ

“Los menores son más propensos porque llegan a estas plataformas en una etapa en la que todavía están formando autocontrol, identidad, criterio social y manejo de recompensa”, señala un informe de la Academia Americana de Pediatría revisado por EL UNIVERSAL. Advierte que muchas plataformas están “diseñadas para mantener a los usuarios enganchados el mayor tiempo posible” y que funciones como reproducción automática, desplazamiento infinito y anuncios dirigidos, “no están pensadas teniendo primero en mente el bienestar de los niños”. La institución insiste en que ya no basta hablar sólo de “tiempo de pantalla, porque lo que hoy existe es un ecosistema digital inmersivo y ubicuo que moldea sueño, juego, atención y convivencia”.

En Estados Unidos, las cifras más recientes describen un patrón masivo de exposición. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informaron, con datos de 2023, que 77% de los estudiantes de preparatoria en la Unión Americana usa redes sociales varias veces al día. En otra medición nacional del mismo organismo, de julio de 2021 a diciembre de 2023, 50.4% de los adolescentes de 12 a 17 años reportó cuatro horas o más de pantalla diaria fuera de actividades escolares; entre quienes estaban en ese nivel alto de exposición crecían con fuerza los síntomas de ansiedad y depresión.

Mayor conciencia

El Centro de Investigación Pew encontró que, en 2022, 46% de los adolescentes estadounidenses decía estar en internet “casi constantemente”; la cifra se mantuvo estable para 2025. En otra medición publicada en 2025, 45% de los adolescentes dijo que pasa demasiado tiempo en redes sociales, frente a 36% en 2022 y 27% en 2023. Es decir, no sólo hay uso intenso, sino que también está creciendo la conciencia entre los propios menores acerca de un uso excesivo de las plataformas.

El fallo en California deja en claro que la pregunta no es si las empresas detrás de las plataformas pueden hacer algo, sino cuánto más deben hacer. “Por ejemplo, pueden apagar por defecto funciones que prolongan el uso, reducir la presión de las notificaciones, cerrar mejor las cuentas de menores, frenar sistemas de recomendación que llevan a ciclos de consumo sin fin y reforzar controles de edad más serios que simplemente una fecha de nacimiento escrita por el usuario”, explica a este diario Gabriel Corvera, especialista en el mundo digital.

Las directrices de la Comisión Europea de julio de 2025 piden, entre otras cosas, cuentas privadas por defecto para menores, ajustes en los sistemas de recomendación para evitar encierros temáticos y límites a funciones asociadas al uso excesivo. En la práctica, eso apunta contra las rachas, el contenido efímero, la reproducción automática, las notificaciones invasivas y otros mecanismos pensados para retener atención.

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Aunque por años han negado cualquier responsabilidad, las empresas han mostrado que tienen capacidad para intervenir. Meta activó en Instagram cuentas para adolescentes con restricciones incorporadas, recordatorios de tiempo y modo nocturno; después extendió ese esquema a Facebook y Messenger.

TikTok mantuvo límites diarios por defecto de 60 minutos para menores de 18 años, añadió más herramientas para madres y padres, y anunció funciones para ayudar a adolescentes a bajar el ritmo después de las 10:00 de la noche. YouTube habilitó recordatorios de descanso y de hora de dormir por defecto para usuarios menores de 18 años y sumó controles parentales para limitar el tiempo en shorts. Sin embargo, a decir de médicos, pediatras, sicólogos y grupos de infancia, esas medidas siguen siendo parciales, mientras el corazón del negocio aún sea maximizar la permanencia.

Otro informe de la Academia Americana de Pediatría de este mismo año señala que “los ecosistemas digitales que priorizan engagement y comercialización empujan usos prolongados que desplazan conductas sanas como dormir y moverse”.

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La Organización Mundial de la Salud, en su oficina regional para Europa, advirtió que “la evidencia exige respuestas de política pública frente a determinantes digitales que afectan la salud mental juvenil; y que el uso problemático de redes entre adolescentes subió de 7% en 2018 a 11% en 2022 en su gran estudio regional”.

Tanto Meta como Google ya anunciaron que apelarán el fallo en su contra. Pero el golpe es grande porque se suma al fallo de Nuevo México del 24 de marzo, donde otro jurado determinó que Meta dañó conscientemente la salud mental y la seguridad de menores, y le impuso 375 millones de dólares en sanciones estatales. Estas dos derrotas cambian el clima legal y político alrededor de estas firmas.

Lluvia de demandas

De entrada, lo que se prevé es una lluvia de demandas. Medios describen el caso de Los Ángeles como un juicio piloto con potencial para influir en miles de litigios similares. En Oakland, un juez federal ya preparó otro juicio piloto promovido por distritos escolares que acusan a las plataformas de provocar uso compulsivo y adicción. Y más de 40 procuradores generales han demandado a Meta por contribuir, según sus alegatos, a una crisis de salud mental juvenil mediante funciones deliberadamente adictivas.

Padres y tutores son responsables de decidir cuándo está listo un menor para tener cierto dispositivo, de poner horarios, mantener momentos sin pantallas, supervisar la privacidad, hablar de publicidad, comparar conductas y pedir ayuda cuando hay insomnio, aislamiento, irritabilidad o deterioro escolar. La propia guía de la Academia Americana de Pediatría para familias recomienda “apagar reproducción automática y notificaciones porque estas funciones están diseñadas para mantener a los niños conectados por más tiempo”.

Pero, subraya a EL UNIVERSAL la socióloga Cecilia Miranda, si bien “la familia acompaña, orienta y pone límites”, las firmas detrás de las plataformas sociales “no deben fabricar un entorno que, desde el inicio, empuje a niños y adolescentes hacia el uso compulsivo”. Aunque hay una responsabilidad compartida, no es simétrica.

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En el juicio contra Meta y Google, la defensa de Meta alegó que los problemas de la demandante, identificada como KGM, debían leerse sobre todo a la luz de una vida familiar turbulenta y de problemas mentales previos. En los próximos juicios, “las empresas seguirán intentando que la discusión gire hacia la educación, la supervisión doméstica, la terapia previa y la historia personal del menor”, advierte Castañeda. Lo que mostró el veredicto de Los Ángeles es que un jurado puede escuchar todo eso y, aun así, concluir que el diseño de la app es un factor sustancial del daño.

Experimento de décadas

Vivek Murthy, cirujano general de Estados Unidos, principal autoridad sanitaria y portavoz de salud pública del país, advirtió que los menores han sido “participantes, sin saberlo, de un experimento de décadas”, y pidió acción inmediata. La Academia Americana de Pediatría dice que “muchas plataformas están construidas para retener más tiempo de lo que se considera sano”.

Los expertos que estudian y atienden este problema en clínica y en investigación piden ir al corazón del diseño tecnológico. Jessica Schleider, de Northwestern, dijo que la regulación debe “restringir o prohibir los feeds algorítmicos depredadores para menores” y ordenar “configuraciones más seguras que devuelvan al usuario el control”. El Child Mind Institute llamó a esta discusión “un imperativo de salud pública”. El Boston Children’s Hospital reporta que atiende a menores cuyos usos digitales excesivos ya les provocaron “problemas con el sueño, la escuela y el funcionamiento social”.

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Los jóvenes afectados también están alzando la voz. Emma Lembke declaró ante el Senado de Estados Unidos que las redes no eran magia, sino “un producto (...) diseñado para maximizar mi atención a costa de mi bienestar”, y explicó que el conteo constante de “me gusta”, comentarios y seguidores alimentó su ansiedad y profundizó su depresión. KGM, en el juicio de California, dijo: “Yo quería estar ahí todo el tiempo”, y explicó que las notificaciones le daban “una descarga”.

Tras el veredicto de Los Ángeles, Common Sense Media declaró que el cambio obligado de las plataformas, diseñadas “deliberadamente para mantener a los niños enganchados”, no se está gestando: “Ya está aquí”.

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