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Las acusaciones sexuales contra Roy Moore, el candidato republicano al Senado por Alabama, despertaron un escándalo en el Congreso de Estados Unidos, con el liderazgo conservador pidiendo la renuncia del polémico juez convertido en político a su carrera en Washington y añadiendo un capítulo más a la marea de denuncias de abusos contra las mujeres que vive el país.
Moore, de 70 años, se enfrenta el próximo mes a la elección especial por un asiento en el Senado de Wa-shington, tras vencer en las primarias republicanas al actual senador del estado y cercano al establishment con un programa ultraconservador con el cristianismo como eje central.
Minutos después de que el The Washington Post publicara el relato de una mujer que aseguró haber sido acosada por Moore cuando era adolescente, se creó un alboroto en la bancada republicana en el Senado. Según el diario capitalino, en 1979 Moore habría besado, desnudado, manoseado y obligado a tocar sus genitales a Leigh Corfman; él tenía 32 años y era un joven abogado público, ella una adolescente de 14 años.
Otras tres mujeres habrían sufrido los mismos abusos en la misma época, cuando tenían entre 16 y 18 años y Moore iniciaba la treintena. Episodios que en ese momento sintieron como “halagadores” pero que, a medida que pasaba el tiempo, vieron que era “inquietantes”. Ninguna de ellas, a diferencia de Corfman, fue obligada a realizar ningún contacto sexual.
“Si las acusaciones son ciertas, debe retirarse”, sentenció el líder conservador en la Cámara Alta, Mitch McConnell. La gran mayoría de legisladores republicanos coincidieron, alegando que no hay lugar en el Senado para alguien con un comportamiento como ese.
“Estas alegaciones son completamente falsas y es un ataque político desesperado del Partido Demócrata y el Post a esta campaña”, se defendió Moore. Su jefe de campaña, Bill Armistead, tildó la acusación de “intento desesperado” de los demócratas y los “liberales”, que ven al candidato progresista para ese asiento, Doug Jones, “en una espiral de muerte”.
Desde su aparición en la arena política, Moore no ha escapado a la polémica. Abrazado por el ala más ultraconservadora del país y apoyado por Steve Bannon, el supremacista blanco ex jefe de estrategia de la Casa Blanca, su figura pública siempre estuvo rodeada de escándalos. Moore fue despedido dos veces de la carrera judicial por no separar sus creencias religiosas de la ley. La primera por rechazar quitar un monumento venerando los Diez Mandamientos de un área cerca del Tribunal Supremo de Alabama; la segunda, en 2016, por negarse a cumplir con la ley de matrimonios homosexuales.
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