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Washington.— Fisher Sand and Gravel, una constructora de Dakota del Norte consentida del presidente estadounidense Donald Trump, aseguró el contrato más grande que se haya concedido hasta el momento para la construcción del muro fronterizo con México, informó ayer el diario The Washington Post.
La empresa consiguió un contrato por mil 300 millones de dólares para construir más de 67 kilómetros de muro pintado de negro en las montañas del sur de Arizona, según el rotativo.
Fisher Sand and Gravel ha recibido múltiples elogios de parte de Trump, pero no ha sido porque sí. Su gente ha expresado en voz alta sus alabanzas al proyecto fronterizo y su CEO, Tommy Fisher, supo cómo ganar la atención del mandatario: elogiándolo en los noticiarios, donando para los republicanos y acercándose al exasesor de Trump, Stephen K. Bannon, y otras figuras conserv adoras del entorno del Ejecutivo.
En los medios, no se cansó de hablar de la capacidad de su compañía para construir un muro más rápidamente, y a menor precio, que otras firmas, que contaba con tecnología “tan revolucionaria que es como comparar el iPhone con un teléfono público” y que estaban ansiosos de ayudar a Trump a cumplir con una de sus promesas de campaña más importantes.
La campaña rindió frutos. Pese a no tener experiencia alguna en construir muros o barreras fronterizas, en noviembre pasado se anunció que fue la ganadora de un contrato por 400 millones de dólares para construir casi 50 kilómetros de barda, que Fisher definió como el segundo más grande en la hisoria del país.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. La concesión de este nuevo contrato multimillonario hizo levantar la cejas a varios, dado que el anterior está siendo auditado por temores de que no cumpliría con los requisitos.
Em diciembre, Glenn A. Fine, Inspector General del Departamento de Defensa de EU, anunció que investigaría posibles “influencias inapropiadas” en la adjudicación de ese contrato.
La pesquisa siguió a una preocupación expresada por el presidente del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, Bennie Thompson, quien señaló que Fisher Sand and Gravel Co. “nunca había recibido la adjudicación de un contrato de construcción con anterioridad y su prototipo del muro llegó tarde y fuera de presupuesto”.
Además, se mostró “preocupado por una posible influencia inapropiada” a raíz del apoyo público de la empresa a Trump y de la cantidad de dinero que esta “percibe de los contribuyentes”. Fisher asegura que su compañía no hizo algo incorrecto. No sólo eso. En los últimos 20 años, Fisher Sand and Gravel ha sido señalado 16 veces por violaciones ambientales y ha pagado multas por miles de dólares. También ha sido multada por infracciones en materia de seguridad en las zonas de trabajo e incluso ha sido acusada por casos de acoso sexual.
***Con información de agencias
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