Miami.— El presidente estadounidense, , entra a su segundo año de gobierno con desafíos que él mismo creó. El más grande son las elecciones de medio término, en noviembre, en las que los republicanos buscan retener la mayoría en el Congreso. Sin embargo, las acciones de Trump en el primer año de gobierno han desatado incertidumbre, dudas y enojo.

“Cualquier desgaste gubernamental puede traducirse en pérdidas locales”, señala a el politólogo Pablo Salas.

“El riesgo electoral crece porque la economía sigue siendo el terreno donde más fácilmente se castiga al partido en el poder”, subraya. Aunque Trump y la Casa Blanca presumen mejoras en algunos indicadores y un descenso de la inflación a finales de 2025, persiste el malestar por el costo de vida; medios reportan que su aprobación en el manejo económico ronda apenas 36%, mientras la inflación anual sigue en torno a 2.7%. “Si la percepción de las personas sigue siendo de precios altos en el consumo cotidiano, este segundo año de Trump puede volverse una campaña a la defensiva, con republicanos obligados a explicar por qué la promesa de alivio cotidiano no se siente en el supermercado, la renta o las tasas de interés”, agrega Salas.

El Congreso es el otro cuello de botella que puede costarle caro al partido. Tras el cierre federal de 43 días que terminó el 12 de noviembre pasado con un paquete de financiamiento y una resolución continua que dejó una fecha límite el 30 de enero próximo, el segundo año arranca con la amenaza de repetir una crisis presupuestaria si no se aprueban a tiempo más leyes de asignaciones. Si se llega a dar un nuevo escenario de parálisis, la afectación al gobierno sería mayúscula. “Es una situación que suele castigar al partido que controla la Casa Blanca y, en este caso, también a la mayoría republicana en la Cámara”, asevera Salas.

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En materia comercial, el segundo año pende de un fallo que podría reordenar toda la agenda económica: la Corte Suprema aún no decide la legalidad de los aranceles globales impuestos por Trump bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 (IEEPA). Hasta ahora, incluso los jueces conservadores han mostrado escepticismo sobre el alcance de esa autoridad. Una derrota no sólo golpearía el relato de política industrial y presión geopolítica; también abriría el frente fiscal de devoluciones y reembolsos ligados a gravámenes que, según cifras citadas en la cobertura, podrían estar en el orden de 133 mil 500 millones de dólares, con impactos políticos impredecibles en empresas, consumidores y estados demandantes.

La reforma administrativa y los recortes de plantilla asociados al Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) también dejan un riesgo político para el año dos; la promesa de “hacer más con menos” puede volverse en contra si los servicios fallan, si hay demoras visibles o si se instala la percepción de que el ajuste fue desordenado o capturado por agendas personales.

A Trump le conviene que el gobierno “se sienta” funcional; “si el votante percibe caos administrativo, la conversación se desplaza del ahorro a la competencia y ahí los republicanos pagan el costo en votos cerrados”, dice Salas.

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En el terreno de las controversias, hay dos asuntos con capacidad de reabrir heridas y alejar a sectores moderados. El primero son los indultos y conmutaciones relacionados con el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021: la proclamación se formalizó en el Registro Federal y aparece en los listados oficiales de clemencias del Departamento de Justicia (DOJ) y la medida ha sido impopular en encuestas citadas durante el ciclo informativo. “Se trata de un asunto muy delicado, un tema que la oposición seguramente va a reactivar en campaña para movilizar el voto suburbano y de seguridad pública”, considera Salas.

El segundo es el expediente Epstein. La Epstein Files Transparency Act o Ley de Transparencia de los Archivos Epstein abrió una expectativa de divulgación que, al no cumplirse en los plazos, se convirtió en un problema de credibilidad, al punto de que legisladores de ambos partidos han pedido a un juez un supervisor independiente ante la divulgación de menos de 1% de millones de documentos, según la información pública del propio Departamento de Justicia y la cobertura reciente.

El gobierno de Trump ha intentado enfocar baterías hacia los demócratas mencionados en los archivos divulgados, pero los estadounidenses, hasta ahora, no han mordido el anzuelo: exigen saber todo lo relacionado con el financista que se suicidó en prisión en 2019 mientras esparaba juicio por tráfico sexual de menores, y hasta qué punto estaba relacionado con el mandatario estadounidense.

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La política exterior es otro campo donde el segundo año puede complicarse rápido. La operación en Venezuela que derribó a Nicolás Maduro reordenó la conversación nacional y amarró parte de la narrativa de la administración al éxito de lo que ocurra después; Reuters ha descrito cómo esa apuesta elevó el perfil del secretario de Estado, Marco Rubio, pero también ató su futuro político y parte del crédito del gobierno, a que la transición venezolana no se convierta en un conflicto prolongado o en un problema de estabilidad regional. Si el escenario se deteriora, la oposición tendrá un argumento directo, Trump prometió concentrarse en lo doméstico y terminó empujando operaciones externas que consumen atención y recursos.

Nuevas apuestas internacionales pueden erosionar apoyos en casa si se perciben como distractores. Un ejemplo reciente es Groenlandia: una encuesta Reuters/Ipsos de enero encontró bajo respaldo a la idea de “adquirir” el territorio y amplio rechazo a cualquier uso de la fuerza, con preocupación por el daño a alianzas europeas y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Ese tipo de episodios, sumados a debates sobre Irán u otros frentes, puede empujar a votantes indecisos a votar “castigo” en distritos y estados competitivos.

Sobre el caso de Rusia-Ucrania, el papel de Trump en 2026 se define por su apuesta a un acuerdo que, según la cobertura reciente, sigue en movimiento y enfrenta resistencias en Kiev y en Europa por el tipo de concesiones territoriales y de seguridad que implicaría el plan propuesto por el mandatario estadounidense. “Cualquier percepción de concesión excesiva a Rusia puede dividir a republicanos y dar a los demócratas un argumento de debilidad estratégica, mientras que un compromiso mayor de gasto y apoyo militar puede chocar con el ala que exige priorizar fronteras y recortes domésticos”, señala Salas.

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En lo referente a Israel-Hamas, Trump llega a 2026 tratando de convertir el alto el fuego de 2025 en un arreglo político más amplio y la administración lo está presentando ya como un plan por fases. Pero la segunda fase, que implica la creación de un Consejo de Paz, está generando más de una polémica por los invitados a formar parte del Consejo y las condiciones impuestas por el mandatario estadounidense.

“Sumidero político”

“Si el proceso se estanca puede reanudarse la violencia y con ella la presión humanitaria; y si avanza, cada paso tendrá costos políticos internos porque reabre la fractura entre votantes y legisladores pro-Israel, sectores que priorizan derechos humanos y parte del electorado joven, además de comunidades árabe-estadounidenses y judías que siguen el tema con intensidad”, dice Salas.

Irán es en este 2026 el frente más volátil porque combina presión económica, crisis interna iraní y la posibilidad, según reportes recientes, de que Trump esté considerando opciones militares.

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La Casa Blanca formalizó desde el inicio del segundo mandato un retorno a la “máxima presión” mediante un Memorando Presidencial de Seguridad Nacional que busca negar a Irán rutas hacia un arma nuclear y ampliar sanciones.

Para Trump, esto puede convertirse en el principal “sumidero” político del año. “Un conflicto abierto elevaría el riesgo de represalias contra bases, aliados o rutas marítimas, con impacto directo en precios de energía y una sensación de inseguridad”, explica Salas.

“Pero incluso sin guerra, la combinación de sanciones, tensiones y amenazas puede seguir elevando la incertidumbre económica”, advierte. De acuerdo con analistas, este frente se conecta con los otros dos: Irán es parte del ecosistema regional que afecta Gaza y su red de aliados proxies es un factor de seguridad para Israel.

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