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Managua.— Atrapada en un rumbo sin salida política, Nicaragua podría hundirse como Estado fallido. La alerta fue planteada, en una entrevista con EL UNIVERSAL en esta ciudad, por un nicaragüense cuyos apellidos remiten a la historia nacional del siglo XX: Pedro Joaquín Chamorro Barrios, de 67 años.
Su padre, el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, fue asesinado en 1978 en Managua cuando era director de La Prensa, el principal diario de Nicaragua, en un hecho que atizó una insurrección bélica que en 1979 derrocó a la derechista dictadura somocista que gobernó por 45 años.
Posteriormente en Nicaragua se instaló una revolución izquierdista que, al mando de Daniel Ortega, dirigió al país de 1979 a 1990 y enfrentó una guerra contrarrevolucionaria.
La madre de Pedro Joaquín, Violeta Barrios Torres, derrotó en las urnas a Ortega en 1990 y se convirtió en la primera mujer en ganar la presidencia de un país de América por vía electoral y asumió una gigantesca tarea: gobernar tras dos guerras. Ahora, ante el estallido de un grave conflicto interno, el mayor de los cuatro hijos de doña Violeta y don Pedro Joaquín, periodista y diputado, acusa a Ortega de gobernar sin legitimidad.
¿Hacia dónde va Nicaragua?
—Se seguirá deteriorando la situación económica y habrá más represión. No veo cómo salir del círculo vicioso de represión, porque si se violan los derechos políticos y no hay justicia para los muertos por esta protesta cívica, el país se encamina a un Estado fallido. No veo cómo salir, a menos que la presión internacional y la presión económica hagan cambiar el rumbo que decidió el gobierno: confrontación y desafiar con que “de aquí no me sacan”.
El poquito de legitimidad que Ortega tenía lo perdió con la masacre. Un presidente que manda a reprimir brutalmente al pueblo ya debería de haber renunciado.
¿Cree que la situación soporte más tiempo?
—Aguanta siempre y cuando haya un acuerdo político para adelantar las elecciones [de 2021 a 2019], aunque creo que esto no va pasar. Con un acuerdo se comenzaría a recuperar la confianza en la economía, pero luego de la masacre no hay forma de que Ortega pueda volver a ganar en elecciones.
No me importaría que él corriera como candidato con [su esposa] doña Rosario [Murillo]. Sería buenísimo que corrieran, pero con cambios electorales, observación internacional, libre competencia y respeto a las libertades públicas.
¿Por qué descarta que Ortega y Murillo puedan ganar?
—Con la represión que ordenaron, cumplieron con lo que faltaba para considerarlos dictadura. Antes de abril yo decía que era un régimen autoritario. Las dictaduras tienen el común denominador de la represión, que en Nicaragua estaba ausente, pero vino desde abril y con creces. Ya no se diferencian de otras dictaduras y superaron a la represión somocista. Aquí han muerto hasta niños. Ortega y Murillo cruzaron todas las líneas rojas. Es una pena.
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