Con un doble discurso y un garrote Made in USA sobre su cabeza, Delcy Rodríguez se convirtió, por obra y gracia de Donald Trump y de la Corte Suprema, en presidenta encargada de Venezuela.
¿Maquiavélica? ¿Antiimperialista? ¿Impulsiva? ¿Conciliadora? ¿Pragmática? ¿Siniestra? Todas esas palabras han sido utilizadas para describir a Delcy Rodríguez, la primera mujer en presidir, interinamente por lo pronto, Venezuela y de quien se seguirá hablando, para bien o para mal, en 2026.
Con una madre activista y un padre marxista y líder de la izquierdista Liga Socialista, el camino de Delcy y su hermano Jorge estaba más que encaminado hacia la política. La Liga era un grupo que promovía la lucha armada y del que Nicolás Maduro también formó parte.
Jorge Antonio Rodríguez, el padre de Delcy, fue detenido en 1976, acusado de participar en el secuestro del empresario estadounidense William Niehous. Delcy tenía siete años. Jorge murió en prisión, víctima de torturas. Su muerte marcó a Delcy.
“Tomé una decisión de hacer justicia con el caso de mi papá. Y entré a la escuela de Derecho, a la facultad, allí inmediatamente apliqué para ser auxiliar de Investigación en el Instituto de Estudios Penales”, dijo sobre el por qué decidió estudiar Derecho en la Universidad Central de Venezuela. “La revolución bolivariana, la llegada del comandante Hugo Chávez, fue nuestra venganza personal”, señaló en una entrevista en 2018.
Delcy Rodríguez, quien se especializó en Derecho laboral en la Universidad de Nanterre, en París, y luego estudió la maestría en Política Social en Londres, regresó a Venezuela tras el golpe de abril de 2002 contra Hugo Chávez.
Repuesto en el poder, Chávez designó a Delcy como ministra del Despacho de Presidencia. Delcy casi no conocía a Chávez, pero su hermano Jorge, del que siempre ha sido inseparable, sí.
El cargo le duró unos meses. Reportes de prensa señalan constantes roces e incluso desplantes de Delcy con el entonces mandatario.
Cambio de viento
A la muerte de Chávez, y con Nicolás Maduro como sucesor, el panorama de Delcy no sólo mejoró, sino que empezó a subir como la espuma y junto con su hermano, se convirtieron en el dúo más poderoso del chavismo.
Inspirada en ellos, la periodista y escritora venezolana Ibéyise Pacheco escribió la novela Los Hermanos Siniestros: la codicia y el odio en el confort del horror, donde, basada en hechos reales, describió cómo operaban los Rodríguez en el chavismo. A decir de Pacheco, a los Rodríguez los inspiran dos cosas: venganza y ambición de poder.
“Desleales”, “implacables”, y a la vez “inteligentes” y “vanidosos” son algunas de las palabras con las que la periodista describe a los hermanos, señalando que forman una especie de simbiosis, una que, dice, es particularmente peligrosa.
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Así, apoyada en su hermano, Delcy fue ascendiendo posiciones en el régimen de Maduro: coordinadora general de Vicepresidencia, ministra de Comunicación, ministra de Exteriores, presidenta de la Asamblea Constituyente, vicepresidenta ejecutiva.
Con este último cargo, Maduro le asignó otras funciones que terminaron siendo clave para el papel que hoy desarrolla Delcy: ministra de Economía, Finanzas y Comercio, y ministra de Hidrocarburos.
Su contacto con líderes de otros países, su control de la economía y, sobre todo, de los recursos petroleros, la pusieron en la mira de Estados Unidos, que hoy trabaja directamente con ella en lo que la administración Trump llama “transición”.
Es así que Delcy, en vez de la oposición venezolana que presentó pruebas de haber ganado las elecciones de 2024, tiene las riendas del poder. Y por obra del ataque de Trump, “llegó a esta posición por la vía burocrática, porque era vicepresidenta ejecutiva”, dice a EL UNIVERSAL Carlos Romero, politólogo venezolano.
Esa vicepresidencia ejecutiva, explica, “es un cargo por decisión del presidente”, no del pueblo. Y ahora, dice, “es la primera mujer que llega al poder, por la captura, la ausencia de Maduro”.
¿Azar o traición?
Para otros, como Pacheco, la explicación de por qué Delcy y no otra figura del chavismo se quedaron al frente tiene que ver con una posible traición. “No tengo pruebas, pero tampoco me sorprendería”, ha dicho en declaraciones a diversos medios. “Su falta de límites forma parte de su forma de ejercer el poder”, señaló a La Estrella de Panamá.
Sin embargo, el que sea presidenta porque la Corte Suprema venezolana así lo determinó, y porque a Estados Unidos le conviene, por ahora, mantenerla en el cargo, no le confiere legitimidad.
“Ella no es legítima, no es una vicepresidenta, porque Maduro no era presidente, él usurpó la presidencia”, subraya a EL UNIVERSAL Víctor Rodríguez Cedeño, abogado, diplomático y columnista en El Nacional. Dado que Maduro no logró demostrar que ganó las elecciones de 2024, “no era jefe de Estado, y ella no era vicepresidenta”. Su designación como presidenta encargada, insiste, “son simplemente políticas para apoyarla en su gestión”. Estados Unidos, señala, “la ha aceptado no como una jefa de Estado ni mucho menos, sino como la persona que está coordinando un periodo de estabilización para abrir paso a la transición”.
Transición es la palabra que los venezolanos parecen haber digerido junto con la toma de posesión de Delcy Rodríguez, para tratar de aceptar que el dictador ya no está, pero la dictadura, la estructura del chavismo permanecen, ahora con Delcy a la cabeza. “A nadie le gustaba que ella estuviera allí, pero tendrá que estar hasta que llegue el momento de iniciar una transición”, asevera Rodríguez Cedeño.
Puente a una transición
Delcy, coinciden los analistas, será clave en 2026 por esa razón. “Podemos esperar que conduzca la nave hasta destino. Que la transición vaya a través de ella y garantice la vuelta a la democracia en el país”, dice Romero.
Según Rodríguez Cedeño, los venezolanos la ven como “parte del sistema”, como la mujer con la que EU decidió tratar y a quien dejó al frente “para estabilizar” Venezuela. “Es difícil de digerir, en el sentido de que un país extranjero esté actuando en nombre de las autoridades venezolanas, pero en este caso creo que es necesario porque es un periodo de estabilización”, reconoce el exrepresentante permanente alterno de Venezuela ante Naciones Unidas y expresidente del Comité Ejecutivo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Detalla que en Venezuela “hay un problema de seguridad interna y ella juega un papel importante dentro de esa estructura de poder, en sus relaciones con los órganos de seguridad, con los militares, con el mismo Partido Socialista”.
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Por ello, dice, Delcy y el chavismo que quedó en el poder tienen un rol: “Facilitar la transición. Ella no va a ser la transición, pero sí la puede facilitar, logrando lo que la gente quiere, que haya un poco de seguridad: política, en las calles, económica. Ella puede ser ese puente, si no recibe presiones de los radicales”.
Ese es el problema. Hasta ahora, Delcy se ha manejado con dos discursos distintos: hacia adentro, como una defensora de Maduro, una chavista que se declara indignada por la captura del dirigente y que exige su liberación. Que habla de defensa de soberanía y asegura que Estados Unidos no es el que manda.
Hacia afuera, defendiendo la vía diplomática con Washington, impulsando reformas para permitir la inversión en el tema que más interesa a Trump, el petróleo. Y dando visos de algún cambio con la liberación de presos políticos.
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Rodríguez Cedeño cree que esta fórmula de Delcy obedece a que está “entre dos aguas difíciles de manejar”: Washington y el chavismo. Y ella intenta mantener calmados a ambos bandos.
Y el chavismo tampoco es una facción unida, añade. “Ellos se presentan muy unidos pero en el fondo hay muchas diferencias entre [el secretario de Defensa] Padrino López, [el ministro del Interior), Diosdado Cabello”. Por ahora, están unidos en un matrimonio por conveniencia que Delcy intenta regular, por su propia sobrevivencia.
Tanto Romero como Rodríguez Cedeño creen que la situación podría salir avante si Delcy hace su trabajo, estabiliza al país y luego garantiza la vuelta a la democracia.
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Rodríguez Cedeño destaca que ni la hoy presidenta encargada ni Wa-shington pueden hacer a un lado a la oposición, y recuerda que María Corina Machado es “la tercera pata de este proceso. Es la única líder política que hay en Venezuela. Aglutina a 80% de la oposición”.
Una vez que se tiendan esos puentes, afirman los analistas, Delcy “tendrá que irse”.
Pacheco no está tan segura. Delcy y su hermano Jorge, aseguró a El Mundo, “han sido ansiosos y avaros de poder”. Complacerán a Trump si eso le garantiza permanencia en el poder. “No tienen más alternativa que aceptar una transición, pero trabajan para amañarla”.
Astuta, tenaz, por ahora Delcy ha logrado controlar a los chavistas, porque la sobrevivencia de todos depende de ello. Pero una traición no se puede descartar. Y tratar de quedar bien con Dios y con el diablo le puede salir mal.
La presidenta encargada hará todo con tal de no perder el poder y los privilegios. Por eso, es una de las Mujeres a Seguir en este 2026.
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