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Madrid.— La concesión del Premio Nobel de la Paz 2020 a una institución de Naciones Unidas es un hecho sorprendente en un año tan conflictivo, repleto de episodios difíciles y con tantas personas y organizaciones que batallan contra el hambre en el mundo y que hubieran merecido con creces el galardón, cuestionan expertos que trabajan en el campo de la ayuda humanitaria.
“Este tipo de premios no nos dicen gran cosa. Un premio para que tenga legitimidad e interés hay que saber quién lo da y para eso tiene que ser una institución independiente, no gubernamental y de prestigio.
“En el caso del Nobel de la Paz, hay muchos intereses en juego. En ese premio no vemos reflejada la acción de cientos de organizaciones y personas que están dejando la piel en la lucha contra el hambre”, señala a EL UNIVERSAL Javier Guzmán, politólogo y director de Justicia Alimentaria.
Sobre las acciones internacionales que realiza el Programa Mundial de Alimentos (PMA), dice: “La solución para el hambre no consiste en un reparto de ayuda humanitaria, como el que practican algunos organismos institucionales, sino apostar por programas que tengan en cuenta la soberanía alimentaria, los sistemas locales de alimentación, la producción campesina y que (...) esas poblaciones sean mucho más resilientes a las crisis.
“La solución es política y pasa por una mejor distribución de los alimentos. Esa ayuda masiva alimentaria, en lugares donde se implementa, genera desplazamientos y puede provocar problemas en los mercados locales, en los mercados territoriales y en la agricultura.
“Están bien las ayudas como las del PMA (...) pero no deben prolongarse en el tiempo y también deben permitir el abastecimiento en los mercados locales cercanos para no distorsionar los precios y la vida de la gente.
“Si la ayuda del PMA no es muy puntual y concreta, lo que hace es derivar recursos hacia la asistencia humanitaria, pero no hacia el establecimiento de sistemas alimentarios locales (...) Ese tipo de ayuda tendría un impacto negativo a medio y largo plazos.
“En estos acuerdos internacionales la alimentación se ha convertido en una mercancía más (...) Tenemos que pensar en el hambre como un fracaso político.
“Fundamentalmente no interesa solucionar el problema, porque se asume como un daño colateral de la dinámica de los mercados alimentarios”, indicó.
El PMA recibe este galardón por “sus esfuerzos en la lucha contra el hambre, su contribución para mejorar las condiciones de paz en las zonas afectadas por los conflictos y por sus esfuerzos para impedir que el hambre se use como un arma de guerra”, declaró la presidenta del Comité Nobel, Berit Reiss-Andersen.
En helicóptero o a lomos de un camello o de un elefante, el PMA distribuyó el año pasado 15 mil millones de raciones de comida y asistió a 97 millones de personas en 88 países. El premio es “un llamado a la acción”, aseguró en Níger el director ejecutivo de la organización, David Beasley.
“Es un llamado a la acción también a nuestros donantes, a los multimillonarios, a todos aquellos que quieren ayudar”, instó el jefe de la agencia de la ONU, que cuenta con 17 mil empleados en todo el mundo.
El PMA “desafía peligros y distancias para entregar víveres a quienes sufren conflictos y desastres naturales y a los niños y familias que no saben qué habrá en su próximo plato de comida”, comentó António Guterres, secretario General de la ONU.
“El Programa Mundial de Alimentos habría sido un laureado digno sin pandemia, pero la pandemia y sus consecuencias aumentan las razones para concederle este premio”, dijo Reiss-Andersen. El año pasado, el premio fue adjudicado al primer ministro etíope, Abiy Ahmed, por sus esfuerzos de acercamiento con el exhermano enemigo, Eritrea.
***Con información de agencias
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