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El secretario de Estado, Rex Tillerson, tiene los días contados como jefe de la diplomacia estadounidense. Aunque la Casa Blanca lo niegue, hay pocas cosas más ciertas en Washington que la muerte política de Tillerson y los reportes de la prensa estadounidense de que Donald Trump tiene listo el plan para deshacerse de él, sólo confirmaron la versión.
Hace tiempo que se habla de la salida de Tillerson, el ex directivo de la petrolera ExxonMobil que llegó de sorpresa al gabinete de Trump, sin experiencia diplomática y con sospechas de amistad con el presidente ruso, Vladimir Putin.
Todas las señales apuntan a que en las próximas semanas o principios de enero, Trump despedirá a Tillerson para colocar en su puesto al actual director de la CIA, Mike Pompeo, hombre que en pocos meses se ha ganado la confianza del magnate.
Tom Cotton, de la línea dura antimigración y que defiende que el ahogo simulado no es tortura, sería el nuevo director de la agencia de inteligencia en estos cambios.
Tanto la Casa Blanca como el Departamento de Estado negaron ayer cualquier tipo de cambio en sus estructuras. “Cuando el presidente pierda la confianza no estará aquí”, dijo la portavoz presidencial Sarah Sanders. Ayer Tillerson fue dos veces a la Casa Blanca para asuntos oficiales y está previsto que la próxima semana viaje a Europa.
La portavoz del Departamento de Estado, Heather Neuert, aseguró que el jefe de gabinete, John Kelly, llamó personalmente para decir que “las historias no eran ciertas”. A pesar de todo, la decisión ya estaría tomada, según las versiones difundidas por medios locales que citan fuentes de la Casa Blanca. La idea de reemplazar aTillerson flota desde hace meses. Las divergencias políticas entre él y Trump son públicas en aspectos clave como el pacto nuclear con Irán, el acuerdo climático de París o la resolución de la crisis en Corea del Norte.
“Deja de gastar tu tiempo”, dijo el presidente a su jefe diplomático hace semanas, cuando Tillerson insistía —e insiste— en la resolución diplomática de la escalada de tensión.
Si se confirma la salida de Tillerson, será el secretario de Estado que se ha mantenido en el puesto durante menos tiempo en el último siglo. Y podría haber sido menos si sus amenazas de dimisión, el pasado mes de julio, se hubieran cumplido.
Fue entonces cuando la relación prendió fuego, momento clave en el que Tillerson, en privado, insultó al presidente llamándolo “imbécil”, tras pedir multiplicar el arsenal nuclear estadounidense.
Cuando se filtraron los hechos, Tillerson tuvo que salir rápidamente a desmentir que fuera a dimitir y reafirmar su lealtad al presidente. Sin embargo, no negó el insulto.
Tillerson nunca ha tenido el poder clásico del jefe diplomático, con un departamento diezmado y sin fondos que veía cómo los grandes temas internacionales los manejaba el yerno y asesor de Trump, Jared Kushner.
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