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La capital estadounidense no está entusiasmada con el desfile militar que el presidente Donald Trump quiere organizar allí. La ciudad no vive un evento de estas características desde 1991, y si fuera por las autoridades locales no se repetiría.
La alcaldesa Muriel Browser expresó sus dudas sobre el “impacto” en la ciudad, especialmente en seguridad, para un desfile que normalmente es para celebrar el fin de una guerra que, dijo, “creo que no se ha anunciado”.
Su portavoz, Anu Rangappa, fue más contundente en el rechazo, asegurando que la ciudad no está dispuesta a desembolsar dinero para el evento. “Al igual que con el muro, él [Trump] tendrá que pagarlo”, dijo.
La ciudad todavía está a la espera de recuperar la inversión que tuvo que hacer para arreglar avenidas y espacios públicos tras la toma de posesión del presidente, en enero de 2017, y los oficiales locales no quieren hacerse cargo del coste desproporcionado que supondría en seguridad, preparación y reparaciones de un desfile para “el ego del presidente”.
Varios senadores han criticado no sólo el dispendio, sino el motivo que habría detrás de la parafernalia. “Sería un fantástico gasto de dinero para divertir al presidente”, criticó el demócrata Dick Durbin.
Para el republicano Lindsey Graham, un desfile de las características de las que se habla sería una “señal de debilidad”.
En tanto, el Pentágono está en la “fase inicial de debate” sobre la logística y reuniendo opciones para enviar al presidente.
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