El ataque de e Israel contra Irán no busca beneficiar al pueblo iraní, sino que exhibe la debilidad de un sistema internacional cada vez más desafiado, no solo por el presidente estadounidense, , sino por países que van de China a Ucrania.

Es, también, un ataque a los organismos multilaterales, cada vez más debilitados. Y para el pueblo iraní, la decapitación del régimen no significa necesariamente su fin, ni era el objetivo de Trump beneficiarlos, señalan a EL UNIVERSAL Talya Iscán, especialista en política y seguridad internacional, y Mauricio Meschoulam, internacionalista.

Irán, explican los analistas, está respondiendo con operaciones asimétricas. El régimen, dice Meschoulam, “no puede combatir simétricamente contra Estados Unidos e Israel al mismo tiempo. Entonces lo que le resta son respuestas asimétricas, produciendo disrupción en la navegación comercial, en la energía”.

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No por eso las respuestas son menos peligrosas. Irán, advierte Iscán, “puede activar redes aliadas, milicias regionales, brazos paramilitares”.

La experta aludió al cierre del Estrecho de Ormuz, un paso clave para el petróleo y el gas natural. “Estados Unidos se equivocó con este ataque. Un cierre temporal de Ormuz podría disparar el precio del petróleo por encima de los 120, 150 dólares por barril, generando efectos muy severos a nivel global”.

En cuanto a los organismos multilaterales, como Naciones Unidas, los expertos hablan de cómo las acciones de Trump erosionan más el sistema de normas en el que, hasta hoy, se asienta el mundo.

“Estados Unidos ni siquiera hizo caso al Consejo de Seguridad. Cuando una potencia como Estados Unidos actúa de manera unilateral, o con legitimidad cuestionada, se debilita la autoridad normativa del sistema y se envía un mensaje de que el poder prevalece sobre la norma. Y se reduce el incentivo de negociar, lo cual es una paradoja, porque Donald Trump era el que quería negociar”, dice Iscán.

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Meschoulam va más allá.

“Este es un golpe adicional a todo el sistema internacional del orden liberal basado en normas, instituciones y reglas. No existe ningún mandato de una organización internacional. No existe siquiera el intento de conseguir el aval de la organización internacional, como cuando EU atacó Irak en 2003, que si bien lo hizo sin el permiso de Naciones Unidas, sí hubo un intento serio por parte de EU de conseguir ese permiso, y de elaborar un caso, y de presentar argumentos para obtener ese permiso”.

Esta vez, acota, “no hay siquiera el intento, porque estamos en un momento… en donde los países están dispuestos a retar el orden internacional que, como han dicho Trump y muchos otros, aparentemente ya no funciona. Y esto nos lleva a la reflexión de qué ha sucedido con este orden internacional, no en 2026, sino muchos años atrás, que ha sido percibido como cada vez más ineficaz para resolver disputas internacionales”.

No es sólo Estados Unidos, admite. “Muchos Estados optan por retar ese sistema internacional, el derecho internacional, y esto se puede ver en China, expandiéndose en sus mares colindantes, y desoyendo fallos de cortes internacionales. Se puede observar en Rusia, lanzando una invasión frontal en contra de Ucrania, o en las operaciones que Israel ha conducido a lo largo de los últimos años, tras los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023, y en muchas otras acciones de muchos otros países”.

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En este contexto es que llega Trump “a amenazar con el uso de la fuerza porque eso ya también se vuelve la lógica de acción. Es decir, en un mundo que se percibe como cada vez más anárquico, más falto de normas, lo único que protege la seguridad ya no es el sistema internacional, sino la fuerza, el despliegue de la fuerza y el despliegue de la determinación a usar la fuerza. Bajo esa lógica, alguien como Trump no puede simplemente amenazar con atacar a Irán… y luego no cumplir con sus amenazas, porque bajo esta lógica del mundo anárquico, desordenado, el amenazar sin desplegar la fuerza se vuelve algo que puede operar en tu contra”.

Sin embargo, recalca Iscán, una acción así tiene implicaciones para Estados Unidos, un país que, dice, “está perdiendo legitimidad, porque históricamente intervenciones como la de Irak en 2003 ya demostraron que la superioridad militar estadounidense no equivale a estabilidad política. Hay riesgos como de mayor desgaste reputacional”.

El gobierno de Trump no está perdiendo solo en términos de reputación, sino del “incremento del sentimiento antiestadounidense en todo el mundo”, añade.

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“A nivel global, esto va a generar volatilidad energética. Europa y Asia dependen significativamente del Golfo Pérsico y esto podría generar una crisis prolongada que afecte las cadenas de suministro y crecimiento económico”.

¿Puede al menos la operación estadounidense-israelí resultar benéfica para el pueblo iraní?

La respuesta corta de Iscán y Meschoulam es “no”.

“Los antecedentes no son alentadores. En teoría aunque algunos argumenten que la presión externa puede debilitar regímenes autoritarios, en la práctica suele producir el efecto contrario. Irak, por ejemplo, terminó en fragmentación institucional, guerra sectaria y más de 200 mil muertos civiles según estimaciones académicas. Afganistán tuvo 20 años de intervención internacional y el retorno del régimen talibán en 2021 fue peor que nada”.

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En el caso de Irán, la ofensiva, alerta, puede reforzar a los sectores duros del régimen y darle argumentos para volverse “más autoritario, y va a reducir el espacio de protesta civil. Este ataque no fortaleció el derecho internacional; lo debilitó y no empodera necesariamente al pueblo iraní. Puede empoderar al aparato del poder interno, incluso”.

Meschoulam subraya que aún es pronto para saber cómo terminará todo, pero coincide en que, históricamente, “este tipo de ataques no terminan resultando en beneficios tangibles para las sociedades civiles de los países atacados”.

Además, dice, Trump no opera pensando en promover los derechos humanos o, en este caso, “el bienestar de la sociedad iraní”. Si, en la persecución de sus propios objetivos, resulta que el pueblo iraní se ve beneficiado, es ganancia. “Pero si Trump estima que es posible conseguir sus metas estratégicas y sus objetivos centrales a través de negociar con el régimen existente, así lo hará”. En ese sentido, “cualquier beneficio para el pueblo iraní sería más colateral”.

Meschoulam no ve tan fácil un cambio de régimen en Irán. “Se trata de un sistema muy arraigado, basado en instituciones, no en personas, que están diseñadas para que el sistema sobreviva. Esto, en lo que puede resultar, es en que sí haya cambios de liderazgo, muertes de personas que hoy dirigen o dirigían al régimen y que, sin embargo, a pesar de la muerte o el abandono de esos individuos, el sistema conserve sus arquitecturas básicas”.

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