Las comenzaron a florecer en diversos puntos de la , como el Paseo de la Reforma y la Alameda Central, donde el tono violeta de sus copas marca la llegada de la primavera.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Alejandra Citlalli Moreno, curadora del arboretum del Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México (), explicó que la floración de las jacarandas ocurre de manera habitual en la Ciudad de México entre finales de febrero y mediados de abril, durante condiciones cálidas.

“Muchas plantas de climas estacionales secos, donde hay temporada de lluvias y temporada de secas, florecen justo antes de que empiece a llover, para que la semilla se produzca en el momento en el que comenzará la temporada de lluvias y pueda germinar”.

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Detalló que este mecanismo también les permite evitar la competencia por polinizadores con otras especies que florecen en distintos momentos del año.

La curadora mencionó que las jacarandas se adaptaron con éxito a la capital del país debido a que toleran distintos tipos de suelo, contaminación y condiciones urbanas; no obstante, señaló que, a diferencia de su hábitat original, la altitud de la capital puede representar un factor de riesgo.

Además del valor ornamental, la especialista destacó que estos árboles contribuyen a la regulación térmica en la Ciudad; la sombra que generan ayuda a disminuir la sensación de calor en calles y espacios públicos, especialmente en una temporada en la que otros árboles aún no producen follaje abundante.

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Sin embargo, la investigadora consideró que la capital debería avanzar hacia una mayor diversificación de especies en sus áreas verdes, priorizando árboles nativos para reducir riesgos ante plagas y facilitar su manejo.

“Hay que empezar a diversificar lo que llamamos la paleta vegetal, que es el tipo de árboles que se colocan en zonas urbanas y priorizar especies nativas para evitar que lleguen plagas que puedan acabar con todos los árboles”, dijo.

Entre las alternativas mencionó el makuilis, un árbol de flores amarillas que puede alcanzar entre 15 y 25 metros de altura, así como el palo de rosa, que produce flores rosadas y llega a medir hasta 20 metros.

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En entrevista, la técnico académico del área de colecciones del Jardín Botánico de la UNAM, Ivonne Olalde Omaña, recordó que estas especies no son originarias de la capital, sino una herencia japonesa.

“Las jacarandas son una especie exótica, quiere eso decir que no son de la Ciudad, ni siquiera son de México, es una especie que se trajo de Sudamérica, su distribución natural sería Argentina, Brasil, Uruguay, hacia esa zona se trajeron con la idea de que dieran la imagen de los cerezos”.

“Se cuenta en varias versiones que fue un inmigrante japonés que se llama Matsumoto el que empezó a cultivar las jacarandas y las propuso para que dieran la imagen como de los cerezos y se empezaron a poner en la colonia Hipódromo Condesa, que en ese momento estaba en pleno desarrollo”, recordó.

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La académica coincidió en la necesidad de dar espacio a especies nativas en lugar de las jacarandas. “Hay ejemplares hasta de 18 metros de altura y 12 de ancho, o sea, es bastante grande, no es un árbol adecuado para banquetas”, señaló.

Las jacarandas empiezan a florecer en la Alameda Central y en la Narvarte, Hipódromo Condesa, entre otras colonias.

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