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Ocurrió lo que algunos predijeron y lo que la mayoría quería: la Selección Mexicana ganó su segundo partido en el Mundial de Rusia 2018, ahora contra su símil de Corea del Sur.
Los gritos de los aficionados retumbaron con los dos goles de los mexicanos y se combinaron dos banderas: la de México y la del arcoíris.
Son las 9:00 horas del sábado. Los restaurantes del Centro Histórico ofrecen promociones de “200 pesos desayuno mundialista: café de olla, chilaquiles con bistec, jugo de naranja y pan”. Unos aceptaron, otros esperaron afuera para ver el partido a través de las ventanas.
En los puestos de tamales y de periódicos hicieron aliado al radio para escuchar el encuentro mientras despachaban guajolotas y los diarios.
En el Zócalo capitalino, 90 mil personas, una pantalla gigante, niños y niñas sentados sobre los hombros de sus padres y mil policías alrededor de la Plaza de la Constitución disfrutaban de la justa. Todos atentos.
Es el minuto 23 y un jugador coreano de nombre Jang Hyunsso se barre y comete falta, el árbitro dicta penal y Carlos Vela lo cobra. Tres minutos después México cambia el marcador a su favor.
Los mexicanos brincan y vuelven a brincar cuando en la pantalla se repite la imagen de Vela dirigiendo el balón hacia la portería del equipo asiático. Apenas es el primer tiempo y los mexicanos ya saben que podrían terminar en el Ángel de la Independencia besando una copa de plástico. Medio tiempo, los asistentes aprovechan los 15 minutos para estirar los pies y sentarse. Llega el segundo tiempo y Chicharito suma su gol 50 con la Selección Mexicana; el marcador está 0-2 favor México, hasta que en el minuto 93 el coreano Heung-Min mete un gol que provocó silencio total en la Plaza de la Constitución.
Se acabó el juego, el marcador quedó 2-1 y los fanáticos rompieron filas hacia Paseo de la Reforma.
Marea rojiverde y arcoíris. “¿En dónde están, dónde están esos coreanos que nos iban a ganar?”, “¡México, México!”, gritaron los caminantes con la barbilla hacia el cielo.
Una masa color verde, blanco y rojo se apropia de la calle Madero y de avenida Juárez, iban hacia el Ángel de la Independencia.
Frente al Caballito avanzaban los asistentes de la marcha del orgullo gay con sus diademas floreadas multicolor y se encontraron con los aficionados; fue ahí donde un arcoíris gigante de 250 mil personas se combinó con una verde, blanco y rojo de las playeras de futbol.
Una de las caravanas del desfile con hombres musculosos atrajeron las miradas de los fanáticos quienes corearon “¡ehhh p...!”, un grito por el que fue sancionada la Federación Mexicana de Futbol con más de 200 mil pesos. Los musculosos de la caravana, sonrientes, alzaron los pulgares y siguieron contoneándose.
La masa tricolor llegó hasta el Ángel de la Independencia donde corrieron en círculos, se colaron en las fotos de otros, se grabaron cuando rompían huevos con confeti en las cabezas de sus amigos, vitorearon porras, y compraron, también, collares multicolor del orgullo gay.
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