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Del triciclo callejero hasta el ritual comunitario, el tamal es tan diverso como sus sabores, formas, tamaños, significados e historias.
Hoy en Menú, exploramos cinco estilos de tamales para salir del clásico verde o rojo, y animarte a armar la tamaliza en casa
¿Los tamales son siempre iguales?
“Hay tamales oaxaqueños, tamales calientitos…”. La grabación suena desde el altavoz de una camioneta o un triciclo estacionado en alguna esquina, ya sea antes de empezar el día o cuando cae la noche. El paisaje mexicano no sería el mismo sin su protagonista: el tamal.
Recarga energía, prepara para el desafío de la jornada laboral o recompensa después de un día de esfuerzo. Ante el antojo, no hay mucho qué pensar: es un alimento económico y una de las múltiples formas de rendir honor al maíz.

El encuentro con el tamal siempre es el mismo: desdoblar sus hojas para que escape el vapor y hundir el cubierto para confirmar el ideal buscado: esponjoso, jugoso, con un sabor dominante.
Pareciera que es una escena típica del mexicano, pero en otras regiones del país, aunque la esencia es similar, la experiencia cambia. Desde la selección de ingredientes y la preparación de la masa hasta la cocción, la forma, la envoltura y el propósito para degustarlo. El tamal es tan diverso como la identidad que conforma México.
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Diferentes tamales en México
“Hay tantos tamales como mexicanos”, resume Luis Alberto Llanos, cocinero e investigador. La Secretaría de Cultura y Desarrollo Rural estima que existen alrededor de 500 recetas, de las cuales derivan entre tres mil a cuatro mil preparaciones, inspiradas en costumbres familiares, invenciones y adaptaciones regionales.

De acuerdo con el Gran Diccionario de Náhuatl de la Universidad Nacional Autónoma de México, tamalli significa “bollo de maíz envuelto en hojas y cocido en olla", mientras que el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas lo define como “envuelto cuidadoso”.
La idea común de que el tamal es únicamente masa de maíz cocida al vapor está lejos de ser completamente cierta. Para Llanos se trata incluso de una visión centralista. Antes que nada, aclara, es un alimento de origen mesoamericano y, más que un platillo típico, es una expresión cultural y gastronómica.
“No solo es un alimento. Es una forma en la que los 68 pueblos originarios de México, las sociedades mestizas, alóctonas, africanas y toda esta gran diversidad de pueblos que hay en el país, no sólo comen, sino entienden y explican el mundo. Es una forma de concebir cómo vivimos”, explica.
Desde el norte, en Sonora, con preparaciones rellenas de pasta de frijoles yorimuni guisados y rajas de chiles verde; pasando por el centro, en Tlaxcala, con su popular “ombligo”, llamado así por la punta de la hoja de maíz doblada hacia adentro; hasta el sur, en la Península de Yucatán, con el mucbil pollo, que se cuece en horno bajo tierra.
En una época en la que, considera Llanos, se ha perdido la tradición de hacer tamales en casa, el cocinero alienta a reapropiarse de las cocinas, que, recuerda, están vivas y cambian “por los que la cocinan, pero también por los que la comen”. La invitación es clara: atreverse a experimentar, jugar y convivir en familia.

No hay mejor momento para hacerlo que a inicios del año, como antesala de la tradicional tamaliza del Día de la Candelaria. Aunque su variedad se extiende a varios cientos, aquí presentamos cinco estilos que encarnan la diversidad de este alimento prehispánico.
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¿Cómo se hacen los tamales en México?
A continuación, te dejamos una lista de las recetas que compartimos en ocasiones anteriores, para que puedas hacer de este Día de la Candelaria algo inolvidable y lleno de sabor. ¡Toma nota!
Tamales de hoja de maíz (Centro de México)
El tamal clásico del centro: masa esponjosa al vapor en hoja de maíz, con rellenos como mole, salsa verde con pollo, rajas con queso o versiones dulces de fresa y piña. Cada estado aporta giros únicos: chapulines en Edomex, ayocotes en Morelos, formas simbólicas en Tlaxcala y Puebla, y especialidades como los tamales de Xala o los dulces unguis en Hidalgo. Tradición, creatividad y diversidad en una sola región.
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Corunda de Michoacán
Las corundas son tamales purépechas de formas únicas (triangulares o con 5-7 picos) que pueden llevar verduras, carne, pescado o frijol. En comunidades indígenas incluso sustituyen a la tortilla para acompañar el churipo. Envueltas en hojas de carrizo o milpa, su técnica es compleja y motivo de orgullo cultural en Michoacán.
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Uchepo de Michoacán
El uchepo es el tamal de elote tierno de Michoacán, suave y ligeramente dulce, preparado con maíz fresco molido, manteca, azúcar y canela. Su masa casi líquida exige técnica al cocerse al vapor en hojas flexibles. Se disfruta con salsa, crema y queso cotija, combinando tradición purépecha y sabor reconfortante.
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Zacahuil de la Huasteca
El zacahuil es el tamal gigante ceremonial de la Huasteca, considerado el “rey de los tamales”. Puede alimentar de 40 a 100 personas y se hornea hasta 12 horas con maíz martajado, chiles, carne de cerdo y pollo, envuelto en hojas de plátano. Platillo festivo, comunitario y símbolo de celebraciones tradicionales.
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Pulacles de Veracruz
Los pulacles veracruzanos son tamales ceremoniales de origen totonaca, ligados a la milpa y a festividades religiosas y agrícolas. Llevan frijol, maíz, chile, pipián, calabaza y chayote, envueltos en hoja de plátano y cocidos al vapor. Se acompañan con maquela, un atole de maíz morado, reflejando herencia y ritual.
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