Apatzingán.— Los recientes actos de violencia en Apatzingán y otros municipios de la Tierra Caliente, de la Sierra y Sierra-Costa, han sido una respuesta del a los operativos federales para restablecer la paz, que se han concentrado en las zonas rurales donde buscan a líderes delincuenciales y generadores de , aseguran fuentes militares.

Los cárteles y grupos delictivos han convertido esas áreas en campos de batalla, plagados de explosivos. Eso hizo que las corporaciones federales y estatales aumentaran su estado de fuerza, equipamiento y desplegaran operativos aéreos en los que participan fuerzas federales con aeronaves artilladas de la Fuerza Aérea Mexicana y de Guardia Nacional (GN).

EL UNIVERSAL acompañó uno de esos operativos, que forman parte de la fase 2 de la Operación Paricutín, dentro del Plan Michoacán para la Paz y la Justicia.

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La estrategia de las Fuerzas Armadas y la GN para recuperar esa zona comenzó con detectar y desactivar explosivos sembrados por la delincuencia en los caminos rurales y callejones de las huertas.

La finalidad era reducir los riesgos para el personal operativo y para los pobladores de esta región.

Después entró en marcha la estrategia por aire, con helicópteros artillados de fuerzas federales, para imponer la fuerza del Estado a esas organizaciones criminales.

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Los operativos

“Tengo una solicitud de apoyo aéreo cercano. Alerta: dos vehículos blindados al frente y 10 integrantes de la delincuencia organizada, aproximadamente, con dos ametralladoras”, se escucha en el centro de comunicaciones de la 43 Zona Militar.

Es la voz de uno de los mandos de una base de operaciones del Ejército y Guardia Nacional, que detectó a un comando criminal a pocos kilómetros de donde se encuentran establecidos, en Loma de los Hoyos.

El operador no espera más y da parte de inmediato: “Alerta la Fusa [Fuerza en Situación de Alerta] y en cuanto estén listos, salgan”.

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Esa indicación da pie a la alerta dentro del cuartel —para el personal operativo de Fuerzas Especiales— el cual debe acudir en apoyo a sus compañeros y a los habitantes acechados por el grupo armado.

Al tiempo, las hélices de las dos aeronaves anuncian que están listas para que aborden los efectivos, entre ellos los artilleros, que manejan las ametralladoras.

La adrenalina aumenta conforme alcanzan más altura las aeronaves, mientras la tripulación monitorea cada movimiento del grupo criminal en tierra, porque saben que en cualquier momento puede iniciar el ataque armado.

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“Nosotros trabajamos de manera permanente y tenemos el compromiso de garantizar la seguridad a todos los habitantes de la Tierra Caliente. Esa es una de las principales premisas al llegar aquí, y poder garantizar ese sentido de libertad a la gente”, refiere un mayor de Fuerzas Especiales, al mando del operativo.

El mando militar, de quien se omite su nombre por seguridad, refiere que los ataques en contra del personal operativo son parte de lo que tienen que enfrentar a diario durante su despliegue.

“Ahorita, por ejemplo, se activó la situación de alerta, de un llamado por parte de una base de operaciones, la cual sufrió una agresión. Al momento de la agresión, piden el apoyo de la Fuerza en Situación de Alerta; se activa el equipo de apoyo cercano, integrado por un helicóptero de la Fuerza Aérea, la tripulación y un comando del Ejército, en conjunto con Guardia Nacional y Fuerza Aérea”, explica.

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Para el mayor, el sentir que el crimen organizado pudo atacar a un niño, un adulto mayor, una ama de casa, cualquier poblador o uno de sus compañeros, es de coraje.

“Sobre todo de no poder, en el momento en que pasa algo, ayudar a la gente, pero nosotros reaccionamos de manera inmediata y por eso tenemos ese tipo de fuerza, para apoyar, salir de inmediato y que la gente o mis compañeros que están haciendo reconocimientos en tierra, en áreas serranas y urbanas, sientan el apoyo de este equipo”, expone el mando.

Destaca que, a pesar de la base social que llegan a controlar los grupos del crimen organizado, las fuerzas de seguridad federales también tienen apoyo y reconocimiento por parte de la ciudadanía.

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“Esto es sobre todo por las actividades que hacemos de proximidad social, y en ese sentido hemos ganado terreno, teniendo de nuestra parte a mucha gente que está en contra de toda la situación [de violencia] que prevalece en el lugar”.

Área difícil

El sobrevuelo operativo de ambas aeronaves se extendió a gran parte del Valle de Apatzingán, como parte de esos reconocimientos que hacen las fuerzas especiales y la GN, dentro del Plan Michoacán, en esa zona.

“Apoyar a la población civil es nuestra función. Darles esa esperanza de hacer bien las cosas por su seguridad, de rescatar a la población de personas que transgreden sus derechos”, señala uno de los pilotos de la Fuerza Aérea Mexicana que participa en los operativos.

El especialista de fuerzas armadas reconoce que han tenido que sacar a flote su labor, a pesar de que es complicada el área para trabajar.

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“Todos los compañeros que han laborado en este terreno lo conocen. Es un área muy difícil de manejar; áreas complicadas para moverse e identificar; es un aspecto que tenemos que dominar para poder realizar el apoyo”, explica.

El piloto detalla que el manejar adecuadamente esa combinación de adrenalina y la necesidad de servicio para tomar la mejor decisión ante una emergencia, es fundamental.

“Obviamente, uno siente esa adrenalina de saber que sus amigos y sus compañeros se encuentran en riesgo, pero también uno debe estar controlado al tomar las acciones adecuadas, porque al final es la seguridad del personal y la nuestra”.

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