Tecomaxtlahuaca, Oax.— Familias de varias comunidades del pueblo Ñuu Savi, en el sur de , dejaron de migrar a los campos agrícolas del norte del país para retomar las labores del campo en sus comunidades de origen. Con el tiempo, el cultivo de flores se ha convertido en un oficio que ayuda a sostener los gastos de las familias.

Por diversas razones, las mujeres son las que han tomado la decisión de dejar de migrar de sus comunidades en a los campos agrícolas en el norte de México, y en lugar de eso, ahora trabajan en sus propias tierras.

Hace cerca de seis años fue que Sandra Luna convenció a su esposo de quedarse y trabajar sus tierras, aunque antes de eso ya cultivaban un poco de flores y frutos rojos.

“Ya no pudimos salir porque le tocó servicio a mi esposo, dijimos que teníamos que trabajar para comer y salir adelante. Empezamos con poquito, aunque él ya sembraba frambuesa y zarzamora”, narra. Antes de juntarse con su esposo, Sandra también ya sembraba sus propias flores y frutos.

Mujeres Ñuu Savi de Oaxaca ya no migran, ahora siembran
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Sandra y Eustaquio viven en Guadalupe Nundaca, un pequeño pueblo de apenas 550 habitantes en el municipio de San Sebastián Tecomaxtlahuaca, ubicado en la región Mixteca de Oaxaca. Antes de decidir quedarse y retomar sus tierras, Eustaquio migró casi 27 años a los campos agrícolas de Ensenada y Tijuana, en

“Allá ya había hecho mi vida, y al pueblo sólo venía cada fin de año, en la fiesta de los muertos y en la fiesta patronal. Cuando me tocó dar servicio me tuve que quedar durante todo el año. Entonces en ese año aproveché para trabajar mis parcelas. En los campos de Ensenada me dedicaba al corte de ejotes, fresa y tomate cherry”, cuenta Eustaquio López.

De acuerdo con la Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) 2025, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía , los datos muestran una disminución en la migración en México durante las primeras etapas de vida de las personas. En las generaciones nacidas entre 1961 y 1967 y aquellas nacidas entre 1998 y 2007, el porcentaje de personas que migraron antes de los 18 años pasó de 21.3% a 14.4%.

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Sandra también migró a los campos agrícolas debido a la falta de trabajo remunerado en su comunidad. Y, al igual que su esposo, junto a su familia retornaban cada año a su pueblo, durante los meses de octubre a diciembre, para abril o mayo regresaban nuevamente a trabajar a Ensenada.

Recuerda que cuando comenzó a trabajar las tierras de sus padres, las flores aster fueron las primeras que sembró cuando apenas tenía 19 años. “Llevaba pocas flores a vender y era sólo en los días de tianguis, porque la mayoría del tiempo nos la pasamos por Ensenada y no había quién cuidara las flores mientras no estábamos”.

El amor a las flores

Sandra es la única mujer y persona de su familia que se dedica casi de lleno al cultivo de las flores, aparte de la siembra de frutos rojos.

“Me encantan las flores, me llaman la atención, aunque a veces no le hallo el cuidado, pero le sigo intentando hasta saber sobre cada una de ellas”, explica.

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“Cuando uno está al pendiente de la flor, sí se da muy bonito, pero se abandona un poquito, se pudren pronto, se secan o simplemente no dan, por eso, uno tiene que estar al pendiente de desyerbar y fertilizar”, precisa.

Entre las comunidades de esta zona de Oaxaca que se dedican a estas labores del campo, que además les permite un ingreso para la manutención de las familias están San Marcos Xinicuesta, Río de Hielo, Zaragoza, Yukuyí y Guadalupe Nundaca del municipio de San Sebastián Tecomaxtlahuaca.

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“Teniendo las plantas ya no es lo mismo ir unos meses y regresar, se secan, se pudren y eso nos detiene para ya no poder salir”, añade Sandra.

“El trabajo también se podía hacer acá”

“Cuando decidimos quedarnos, mi esposo y yo dijimos que intentaríamos hacer algo para ya no salir tan lejos de los familiares. Entonces, empezamos a sembrar la fresa, luego cilantro y otras verduras, y poco a poco le metimos a las flores, comenzamos con los girasoles”, narra Angélica Alvarado, originaria de San Marco Xinicuesta, otra de las comunidades que se dedica a la siembra de flores y frutos rojos.

Hace cerca de 17 años que la familia de Angélica regresó a su comunidad de origen, cuando su familia, personas adultas mayores, necesitaban cuidados, desde entonces no han vuelto a los campos agrícolas de Baja California.

“Regresamos por unos familiares que ya son mayores de edad, nos dimos cuenta de que el trabajo que hacíamos allá como la siembra de verduras, frutos o de flores, también lo podíamos hacer acá”, detalla, mientras hace sus ventas en el tianguis en el municipio de Santiago Juxtlahuaca.

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Las familias han podido dedicarse a las labores de campo que les ha permitido comercializar en lo local.

“Nos dimos cuenta de que no es necesario salir, que desde acá también se puede trabajar para los gastos. Yo sí me siento a gusto trabajando mi propia tierra y ya no migrar porque la verdad es muy triste dejar a los familiares e irse a otro lugar”.

Angélica comenta que todo lo que vende es libre de químicos y fertilizantes, “todo lo que ofrecemos es orgánico, todo se siembra con agua limpia y abono de los animalitos”. Cuenta que hace un año que comenzó a aumentar la siembra de flores en distintas variedades, sus favoritas son las lilis o lilium, porque aparte de que aguantan más días, son las que tienen mayor precio, dice.

“Estoy más tranquila trabajando en mi pueblo”

A Angélica le trae malos recuerdos ser migrante, aparte de dejar solos a sus padres, también perdió a su primera hija, no logró sobrevivir de la neumonía. Angélica lo atribuye a la contaminación por químicos en su trabajo.

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“Allá en Baja California perdí a una hija, yo pienso que fue por la contaminación. Ella se enfermó de neumonía y no lo logró, después de eso me vine para acá porque teníamos que cuidar a nuestros familiares que eran adultos mayores”, resalta.

Iba a trabajar por temporadas durante ocho años en los campos de frutas y flores en Baja California. “Me ponían a plantar las semillas de flores, germinar, gracias a Dios ya me traje la experiencia, aunque allá todo era con químicos y acá nosotros todo lo que sembramos es orgánico”.

De acuerdo con un estudio elaborado por el Sistema Estatal de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) de Sinaloa, publicado en junio de 2023, se informó que 64.4% de los jornaleros provenían de Oaxaca y . El estudio estimó que en cada ciclo hortícola eran empleados aproximadamente 200 mil jornaleros, de los cuales sólo una cuarta parte son originarios de la región.

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Angélica reconoce que las flores no le facilitan ahorros, sino sólo dan para los gastos del día, pero eso es suficiente porque tampoco hay un pago de agua, renta, y otros gastos.

“Desde que regresé, me siento más contenta porque estamos todos juntos con mis papás, esposo e hijos, ya no es como antes que teníamos que dejarlos para irnos a trabajar. Además de enseñarles a mis hijos la experiencia de cómo trabajar en el campo o si quieren estudiar y tener otro tipo de trabajo”, agrega Angélica.

En el caso de Sandra, actualmente junto a su esposo cultiva al menos una hectárea de terreno, en donde siembra flores, árboles frutales y frutos rojos.

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