A pesar de que las ya aplican la prohibición de vender alimentos ultraprocesados y , afuera de los planteles persisten los vendedores ambulantes con frituras y todo tipo de dulces, pues dicen que la responsabilidad de que los estudiantes no ingieran estos productos no debe recaer en ellos, sino en las madres y padres de familia.

Algunos vendedores piden no ser satanizados y obligados a dejar de comercializar sus productos, y aseguran que sus ventas han comenzado a reducirse.

“Las autoridades de la escuela no nos han pedido que nos retiremos o que vendamos otro tipo de alimentos. Pero creo que no deberían de hacerlo, ya que uno trata de vender lo que puede para poder subsistir”, dice Isabel, de 76 años, quien tiene más de 25 años de vender afuera de la Escuela Primaria Coronel Silvestre López.

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Afuera de ese plantel se concentran al menos una decena de puestos que ofrecen frituras de todos los tamaños y sabores, chocolates, refrescos, gorditas de chicharrón y quesadillas fritas en un aceite ennegrecido.

Los estudiantes dicen que desde el lunes pasado en la cooperativa de la escuela les venden frutas, verduras, palomitas de maíz, yogur natural sin sellos o leyendas, tortas de pollo o de frijoles, gelatinas con frutas y alegrías, entre otros productos libres de azúcares.

A Juan Carlos, quien cursa el quinto grado de primaria, le preocupa cómo van a celebrar el 30 de abril, pues antes les daban pizzas, hamburguesas y tacos, sin que faltara su bolsa de dulces, galletas y chocolates.

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“Ahora no sé qué nos van a dar, porque en la escuela ya no podemos comer golosinas”, lamenta el niño de 10 años, quien menciona que su madre le manda de lunch papaya, huevo con jamón y una botella de agua.

Isabel, en su puesto de dulces, dice que no sustituirá su mercancía por alimentos saludables, pues considera que “la responsabilidad de que los niños y niñas no consuman comida chatarra no es de nosotros, sino de los papás. La gente como nosotros, que vende sus productos, debe seguir vendiendo lo que quiera”.

Insiste en que “el problema está en casa, donde los padres son muy permisivos con sus hijos e hijas al dejarlos comer galletas, que cenen cereal, que coman pan y donas. Entonces, obviamente eso va contribuyendo a un proceso de obesidad, que sí es verdad y que sí tenemos que tomar en cuenta”, expone la vendedora.

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Dice que si los padres comienzan a generar buenos hábitos alimenticios a sus hijos desde una edad temprana, eso hará la gran diferencia.

Afuera de la Secundaria 158 Gabino Barreda la vendimia también prolifera. Desde hace 20 años Noelia tiene su puesto y también comenta que no se debe “demonizar” a los productos chatarra ni a los vendedores.

“Tampoco hay que satanizar este tipo de productos, porque todos los hemos comido. Pero la diferencia es cuánto y cada qué tiempo, porque no todos los días podemos comerlos porque nos acaban enfermando”, advierte.

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Considera que “es necesaria una campaña de concientización dirigida a los padres de familia para que ayuden a sus hijos a crecer más sanos”.

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