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Chilpancingo.— La capital de Guerrero amaneció en la incertidumbre. Todo arrancó a medias, como calculando el impacto de lo que venía: la llegada de pobladores provenientes de comunidades presuntamente controladas por la organización criminal Los Ardillos.
Muchas escuelas decidieron suspender las clases y no circularon todas las unidades del transporte público. El comercio fue abriendo poco a poco. En las primeras horas dominó la incertidumbre, el temor. Muchas de las avenidas principales lucieron semivacías.
A las 11 de la mañana llegaron por los dos costados. Un contingente de unos 2 mil pobladores de pueblos de Chilpancingo, Chilapa, Atlixtac, Mochitlán, Quechultenango, Acatepec, Zapotitlán Tablas y Tlacoapa, ingresó en marcha por la parte sur de Chilpancingo. Otro grupo proveniente de Zitlala, Apango, Ahuacuotzingo y Tixtla, lo hizo por la zona norte.
Los dos contingentes tomaron los carriles de la autopista del Sol. La circulación en esa vía también se paralizó. Los contingentes fueron encabezados por los alcaldes.
Toda esta movilización paralizó el transporte en Chilapa, Zitlala, Ahuacuotzingo, Olinalá, José Joaquín Herrera, Apango. Muchas de las unidades fueron utilizadas para trasladar a los manifestantes, quienes aseguraron que la protesta era para exigir a la gobernadora, la morenista Evelyn Salgado Pineda obras públicas, centros de salud, medicamentos, médicos, caminos y escuelas.
Casi a las 12 de la tarde, los dos contingentes se unieron en la avenida Rufo Figueroa. De ahí tomaron rumbo al Palacio de Gobierno. Todo iba en orden, incluso se notaba la organización: una camioneta de redilas, llena de aguas en bote, recorría los contingentes repartiendo paquetes de botes a los manifestantes.
En cuanto llegaron al Palacio de Gobierno, mientras unos hablaban otros montaban toldos e instalaban mesas con comida.
Un grupo de funcionarios, encabezados por el subsecretario de Desarrollo Político y Social, Francisco Rodríguez Cisneros; el secretario de Educación, Ricardo Castillo; la secretaria de Salud, Alondra García; el secretario de Planeación, René Vargas, los esperaban en la explanada del auditorio Sentimientos de la Nación, frente al Palacio de Gobierno, para una mesa de trabajo.
Los alcaldes y los manifestantes exigieron una condición para comenzar con la mesa de diálogo: que estuviera presente la gobernadora.
“Por respeto que esté la gobernadora”, dijo el alcalde de Atlixtac, Guillermo Matías Marrón.
Matías Marrón era el más visible entre los 13 alcaldes, era el que más tomaba la palabra. El alcalde de Atlixtac tiene experiencia, fue quien encabezó hace dos años la irrupción en Chilpancingo.
La mesa de diálogo no inició, los alcaldes y los pobladores les dijeron a los funcionarios que estaban en calidad de retenidos hasta que llegara la gobernadora.
Cuando todos se dispersaron, un grupo de manifestantes comenzó a alterarse, a correr sobre un costado del Palacio de Gobierno. Muchos trabajadores comenzaron a salir de los edificios. Los manifestantes intentaron impedirlo, pero no pudieron. Entonces, con resorteras lanzaron piedras a los cristales de los edificios. Más de 60 piezas se rompieron.
“Hoy, el miedo se sintió más real que nunca. La notificación de desalojo de Palacio de Gobierno llegó tarde, como siempre. Mis compañeras y yo apenas comenzábamos a subir la calle, buscando un lugar seguro, cuando las piedras empezaron a caer. Sentí el impacto en mi espalda y mis piernas, lo estaban haciendo con resorteras”, escribió en sus redes sociales una trabajadora.
A las 5:30 de la tarde llegó la gobernadora, se encerró con los alcaldes en el auditorio Sentimientos de la Nación y después de dos horas y media todos se retiraron.