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Bahía de Banderas.— “Si existe, aquí se les quita porque todo se suda”, dice refiriéndose al coronavirus una habitante de San Pancho, un pequeño poblado de pescadores que en los años 70 intentó convertirse en modelo de comunidad sustentable por orden presidencial y que en la última década se ha transformado en un concurrido centro turístico para extranjeros de la Riviera Nayarit, en Bahía de Banderas.
Al caminar con cubrebocas por las calles de este lugar, entre cafés, restaurantes, tiendas de ropa, galerías o bares uno se siente incómodo: prácticamente nadie usa mascarilla, en un sitio donde el calor de octubre llega a los 31 grados y la humedad es de 76%; al quitárselo, se respira una extraña sensación de inseguridad y desconfianza del otro, quizá por los meses de imposición a estar embozados en lugares públicos.
En la mayoría de los negocios, meseros, cocineros o baristas atienden sin cubrebocas y son inexistentes los indicadores para mantener una sana distancia, mucho menos existen avisos de que vivimos en pandemia y las medidas preventivas.

Aunque la actividad en las calles no para a pesar de que el sol cae a plomo y sólo da tregua a causa de alguna nube esporádica, al caer la tarde la playa se llena de actividad: los golpes de tambores de una comparsa de carnaval inundan la avenida Tercer Mundo porque se celebra una boda en un club de playa: coctel de bienvenida, vestidos de fiesta, camisas de lino, surfistas montando olas en el horizonte, baile, pero ningún cubrebocas.
“Nomás ha habido un caso de coronavirus en el centro de salud”, comenta un habitante que considera que nada pasa.
Sólo en una tienda de abarrotes los dueños se han empeñado en ser estrictos y quien pretende entrar se detiene frente a la puerta, saca el cubrebocas del bolsillo e ingresa por uno de los accesos, el otro es exclusivo para la salida. Afuera la vida transcurre como si no existiera la pandemia, la gente se saluda de mano y ha perdido el miedo al beso o el abrazo.

El 31 de agosto, el gobierno federal puso a Nayarit en naranja en el semáforo epidemiológico, lo que permitió al gobernador Antonio Echevarría García autorizar a las empresas y organizaciones, incluyendo la industria hotelera, operar a 30% de su capacidad.
“Actualmente, las playas públicas están abiertas de manera parcial, está permitido 30% de capacidad por decreto del gobernador del estado de Nayarit.
“Los turistas no están obligados a llevar mascarillas o tapabocas en todo momento, pero se les recomienda hacerlo en espacios concurridos. Todos los empleados de la industria turística, sin embargo, están obligados a usarlos”, se lee en el sitio oficial de este destino turístico, aunque muy pocos siguen las indicaciones.
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