Juchitán.— Miles de familias de esta ciudad zapoteca visitaron ayer a sus difuntos en el panteón Domingo de Ramos. Hombres y mujeres llevaron flores, velas, agua y recuerdos, muchos recuerdos.

Así es aquí la celebración del Domingo de Ramos. Cada año, cuando se conmemora la entrada de Jesús a Jerusalén e inicia la Semana Santa, las familias juchitecas visitan las tumbas de sus muertos.

En una sepultura, después de que doña Rosa colocó cuidadosamente las flores y prendió una veladora, cuya pequeña llama fue extinguida rápidamente por el viento, se acomodó sobre una piedra en forma de banco y comenzó a platicarle a su finado padre que la familia ha crecido.

A lo largo de los pasillos del panteón, sobre mesas endebles de madera, están las bandejas de peltre que guardan los dulces de chilacayota, papaya, ciruelas, mangos, estorrejas y camotes, entre otros.

En otras tumbas, las mujeres abren con cuidado las hojas de plátano con las que envolvieron los codiciados tamales de iguana con un huevo del reptil. Es el mismo precio del año pasado: a 50 pesos la pieza. Contiene masa de maíz y mole de tomate con semillas molidas de calabaza.

La celebración del Domingo de ramos en Juchitán incluye música de guitarra y bandas que interpretan sones regionales que son como lamentos del alma adolorida por la pérdida de un ser querido.

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