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Acapulco.— Son los primeros minutos del sábado y en la Costera Miguel Alemán, en Acapulco, hay manchones de oscuridad, no se escucha el bullicio de las noches en el puerto. Muchos bares y discotecas están en reconstrucción o de plano cerrados.
En la zona de la Condesa se percibe una tranquilidad inusitada, no se escucha que en el Baby Lobster, el DJ invite a los visitantes a bailar. Tampoco se ven a las edecanes bailando sobre la barra. Aquí, sólo ofrecen servicio de bebidas en lo que quedó de su mostrador. Al lado está el Barbarroja, igual, únicamente se ven a unos comensales que beben cerveza.
Lejos de ahí, en la avenida Escénica hay un silencio casi sepulcral. La emblemática discoteca Palladium no sólo está cerrada, sigue destruida. Los vientos de Otis fueron inclementes. Toda su fachada de vidrio construida para que sus usuarios pudieran apreciar toda la bahía del puerto quedó devastada. Es obvio, el Palladium no está listo para recibir visitantes este fin de año.
En la misma avenida se ve toda la bahía de Santa Lucía. En primer plano luce el buque escuela de la Marina, Cuauhtémoc, el cual está iluminado completamente, después se ven los hoteles, la mayoría está a oscuras. Y al fondo, los cerros iluminados, las colonias, el otro Acapulco, el de los acapulqueños.
Allá por la Diana, está el bar Sunset, ahí sí está lleno, pero tampoco hay una fiesta desbordada. Mesas llenas de jóvenes y adultos disfrutan un trago y la brisa del mar. El otro que está lleno es London Pub, el único bar que ofrece música de rock en vivo en Acapulco.
Este bar fue uno de los primeros que, tras el paso de Otis, abrió sus puertas. En pleno desastre se mostró como un buen samaritano. En los días más intensos, cuando se levantaban los cientos de toneladas de escombros y basura, los postes y los cables, ofreció cerveza para los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y para los que restablecían el servicio de telefonía e internet.
También ofreció sus baños y, cuando tuvo energía eléctrica, dejó que ahí cargaran sus celulares. En los primeros días tener el celular prendido era una necesidad primaria.
Gustavo Ochoa es el propietario de este bar. Cuenta que el huracán dañó sobre todo la cocina. El agua se le metió hasta un metro y medio y estropeó la estufa, los refrigeradores, los congeladores y las freidoras.
Ochoa explica que desde el primer momento pensó en reactivar el bar lo antes posible, del negocio, dice, dependen 40 familias. “A las dos semanas ya estábamos dando el servicio, no con todo el personal pero ya habíamos comenzado, nos detuvo los daños en la cocina, pero ahorita, ya está todo el personal”, cuenta.
Para este inicio del periodo vacacional, Ochoa está consciente que la llegada de turistas no será como en otras ocasiones, pero confía en que los que lleguen sigan asistiendo a escuchar rock y a beber cervezas.
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