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Chilpancingo.— El director del Centro de Defensa de los Derechos Humanos Minerva Bello, el sacerdote José Filiberto Vázquez Florencio, sobrevivió a un ataque armado la madrugada del miércoles en la carretera Tixtla-Chilpancingo, cuando salía de una reunión en la Normal de Ayotzinapa.
En la medianoche, Vázquez Florencio salió de una reunión que sostuvo con estudiantes de distintas normales rurales del país. Tomó la carretera y avanzó apenas unos kilómetros cuando dos hombres a bordo de una motocicleta le dispararon a su automóvil. Le poncharon una de las llantas traseras. El sacerdote tuvo que detener el vehículo.
Los armados lo emparejaron y se pusieron frente a él. Uno de ellos le disparó directo. Vázquez Florencio apenas y atinó a tirarse al sillón del copiloto. Sintió como los cristales que reventaron las balas cayeron en su espalda. Ahí se quedó quieto. Se quedó solo con los atacantes en plena carretera esperando a que se acercaran, pero eso no ocurrió. Regresó a Ayotzinapa y ahí se refugió hasta que amaneció.
Desde hace años, esa carretera es considerada una de las más peligrosas. Ahí han ocurrido asesinatos, desapariciones y han ido a tirar cadáveres mutilados. Sin embargo, siempre está resguardada por policías municipales, que tienen retenes y cuando alguien entra o sale lo detienen para identificarlo y preguntar a qué va a Tixtla.
Esos retenes se instalaron en el gobierno municipal anterior, de Erika Alcaráz Sosa (PRD), cercana al diputado local Bernardo Jiménez Ortega, hermano de los líderes de Los Ardillos, que desde hace más de cinco años controla Tixtla y la carretera.
Se queda en Guerrero
Durante el ataque, Vázquez Florencio apretó el botón de pánico que le otorgó el Mecanismo de Protección a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación. Un hombre le respondió, le dijo que llamaría, como indica el protocolo, al número de emergencia 911 para que acudieran agentes de la Policía Estatal.
Una hora después llegó una patrulla de la Policía Estatal, cuando el peligro ya había pasado.
Por la mañana, personal de la Comisión Estatal de Derechos Humanos llegó a la Normal de Ayotzinapa para trasladar al padre a la Fiscalía estatal para presentar su denuncia penal. Ahí estuvo casi cinco horas rindiendo su declaración.
Vázquez Florencio no descarta que el atentado que sufrió sea consecuencia de la labor que está realizando con pueblos desplazados. Desde hace unas semanas, el sacerdote ha llevado ayuda humanitaria a la comunidad El Nuevo Caracol, en el municipio de Apaxtla.
Este pueblo sufre acoso y violencia por parte de la organización criminal La Familia Michoacana.
“Sé que mi labor ha generado molestias, me lo han dicho; no directamente, pero sí me han dicho que mi labor está molestando a algunas personas”, dijo el sacerdote.
Agregó que el Mecanismo de Protección a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas le recomendó salir del estado. Él se negó. Dijo que por solidaridad a las víctimas no puede dejar sus pueblos y se quedará en Guerrero.
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