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Desde hace tres años, los voluntarios de The Jesus House acuden una vez a la semana a la Central de Abasto de la capital para cumplir con una peculiar cita: dar alimentos y curar las heridas de las personas con adicciones que viven en las inmediaciones del mercado, a ras de calle, marginados de la sociedad.
Sólo una vez detuvieron “la obra”, como le llama Javier, fundador de la organización. Fue durante el primer año de la pandemia cuando dejaron de asistir “máximo 20 días”.


“La gran mayoría de los decesos [durante la pandemia] han sido por sobredosis o riñas entre ellos, pero ninguno por Covid”, señala. “Es algo raro, pero no me ha tocado ningún caso”, dice.
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