A sus 81 años, no se detiene. Actúa, produce, dirige y, cuando no está en un set, monta obras con jóvenes en un espacio teatral que instauró entre Huitzilac y Cuernavaca, en el estado de Morelos.

Lo hace por pasión, por necesidad, por sentido de vida. Porque para él, asegura en entrevista con , la actuación no es fama ni ego: es compromiso y testimonio.

Sánchez no fue el galán de las , pero sí uno de los rostros más lúcidos y comprometidos del cine mexicano de los años 70.

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Fue parte de una generación que —desde la escena y el cine— hizo eco de lo que pasaba en las calles. Vivió el movimiento del 68, cuando soldados lo sacaron a golpes del Teatro del Bosque.

Y años después, interpretó a personajes atrapados por la represión estatal, la marginación y el autoritarismo, en películas como Canoa (1976) y El apando (1975), dirigidas por Felipe Cazals.

En ese cine incómodo, el suyo fue un rostro habitual. A diferencia de los arquetipos comerciales, Salvador fue el obrero, el judicial, el villano, el sacerdote manipulador, el campesino.

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Con María Rojo, Manuel Ojeda, Roberto Sosa y Ernesto Gómez Cruz integró una camada de actores capaces de sostener historias donde el país se asomaba sin filtros: con desigualdad, violencia, pobreza y brutalidad policiaca.

En los años 70, las historias tenían fuerte contenido social y político. ¿Cómo fue retratar esos temas en pantalla?

Uno no piensa mucho en eso. Lo que uno quiere es tener trabajo y hacerlo. Pero me tocó una época políticamente fuerte. El cine que se hacía reflejaba lo que se vivía a partir del 68, tenía una postura más social, más comprometida.

¿Se sigue haciendo ese cine?

No. Ya no. Porque ese cine no deja dinero. Es difícil recuperar la inversión. Hoy se intenta hacer buen cine, pero que sea atractivo para la mayoría. Si se enfoca en temas muy personales o de nicho, no funciona. La gente tiene que pagar su boleto. De eso vivimos.

¿Y qué tiene que cambiar? ¿El gobierno está a la altura de las causas?

No espero nada del gobierno. Tengo un espacio teatral, con dos foros: uno abierto y otro cerrado. Cuando no hago teatro profesional, monto obras para la comunidad. No es negocio, pero lo hago con gusto. Espero apoyo de empresarios, directores, productores. La pandemia fue dura; dos años sin trabajar. Luego tuve que recuperar tiempo y dinero.

¿El movimiento del 68 lo influyó en lo personal o profesional?

En lo profesional, no. En lo social, sí. El 68 marcó el comportamiento respecto a la política del país. En lo laboral, no. Uno hace de todo. No puede ser selectivo porque, si lo es, se muere de hambre. Lo que caiga, hay que hacerlo bien. Eso sí, hay límites.

¿Ha puesto límites en papeles?

Sí. Me ofrecieron interpretar a un homosexual de 80 años que se hace la jarocha, y no le entré. También a un abuelito que toqueteaba a una niña, tampoco lo acepté. No me espanta nada a estas alturas, pero no va conmigo. No es solo el personaje, es la razón por la cual alguien escribe algo así.

¿Qué desea hacer en cine teatro o tv?

Estar ocupado. Tengo 81 años. Sé que me queda menos por vivir. Quiero estar ocupado el mayor tiempo. No quiero estar sin hacer nada. Ya descansaré cuando llegue el momento. Quiero ocuparme, trabajar, producir. Terminar mi vida produciendo, porque si no, ¿para qué?

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