
Una casa inhabitable tras un accidente, un esposo ausente por trabajo y una hija con un trastorno alimentario que requiere cuidados.
En medio de ese caos, Linda, una psicoterapeuta acostumbrada a escuchar los problemas de otros, intenta sostener su vida mientras el agotamiento y la falta de apoyo la empujan hacia un colapso emocional.
Ese es el punto de partida de "Si pudiera, te patearía" (If I had legs I'd kick you), ya en cines, drama psicológico dirigido por Mary Bronstein y protagonizado por Rose Byrne, cuya actuación compite este domingo en los premios de la Academia de Hollywood.
Estar en el Oscar es un doble reconocimiento, considera la directora, pues no sólo reconoce la interpretación de Byrne, sino que ha puesto en la conversación internacional una mirada poco habitual de la maternidad: la del cansancio, la presión y la sensación de estar rebasada.
“Puedes amar profundamente a tu hijo y al mismo tiempo puedes reconocer que en cierto momento todo es demasiado para ti. Eso debería poder decirse sin vergüenza”, considera Mary en entrevista con EL UNIVERSAL.

La historia sigue a Linda mientras intenta mantener su rutina laboral y familiar en condiciones cada vez más complicadas para ella.
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Con su departamento inhabitable tras un accidente y su esposo fuera de casa, termina viviendo con su hija en un motel. La presión, la falta de sueño y la sensación de aislamiento la empujan hacia un desgaste mental.
La protagonista, además, vive una contradicción central en la película: es terapeuta y está acostumbrada a ayudar a otros, pero cuando su propia vida se desmorona descubre que tampoco puede sostenerse a sí misma.
“Quería mostrar que las personas que solemos poner en pedestales, como doctores o terapeutas, en realidad son sólo seres humanos. A veces hay una decepción cuando nos damos cuenta de eso, pero es parte de la realidad: incluso ellos tienen límites y también pueden necesitar ayuda”, explica la cineasta.

Maternidad real
Para Bronstein, la maternidad ha sido retratada durante décadas desde una imagen idealizada. Su película busca mirar el reverso de esa narrativa.
“Las madres tienen un rol muy confuso. Por un lado, ser madre se celebra como lo mejor que una mujer puede ser en la vida. Pero al mismo tiempo te vuelves invisible y no hay sistemas de apoyo a tu alrededor. Entonces terminan cargando con todo: el hogar, los hijos, la familia y muchas veces también su propio trabajo”, considera.
En la historia, esa presión también se refleja en la ausencia del esposo, un recurso narrativo que subraya la desigual distribución de responsabilidades dentro de muchas familias donde el hombre no participa.

“Durante mucho tiempo hemos visto la fantasía masculina sobre ser madre. O donde hay una madre, pero es un personaje secundario, parte de la historia de alguien más”, remarca.
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“Significa que el público está listo para ver a mujeres como esta en la pantalla”, dice la cineasta.
Espera que la visibilidad que ha ganado con la nominación de la Academia impulse a más mujeres a contar historias desde su experiencia.
“Muchas me han dicho que por primera vez se sienten vistas, y piensan: ‘Ah, no soy la única que se ha sentido así’. Es un gran paso”, enfatiza.
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