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Pedro Torres nunca buscó el protagonismo frente a la cámara, pero su huella es visible en cada proyecto que el productor, fallecido ayer a los 72 años, visualizó.
Se le ve en esos encuadres icónicos que mostraron a Luis Miguel descendiendo de un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, con paso firme y mirada de héroe cinematográfico en “La incondicional”.
Se le siente en la adrenalina que compartieron millones cada semana de 2002, con las expulsiones de Big Brother México, el momento en que la intimidad de unos desconocidos se volvió espectáculo.


Torres, que murió tras complicaciones derivadas de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), no temió retar a las buenas costumbres. Con ese primer reality atisbó en la intimidad y, más tarde, probó el formato de series, un estilo hasta entonces cautivo por EU, con Mujeres asesinas y Gossip girl: Acapulco.
“Hoy se despide un genio, un visionario”, escribió en sus redes sociales Lucía Méndez, quien fue su pareja y madre de su único hijo.
Y tiene razón. Así lo constata la gente que trabajó durante años con él, como los directores Chava Cartas (Mirreyes vs Godínez) y Pitipol Ybarra (El cielo en tu mirada). En ellos logró permear la inventiva y la capacidad de improvisación.
“Un día estábamos como locos filmando Gossip girl en Acapulco, porque no nos alcanzaba el tiempo. De pronto llega con Paty Cantú y él me dice que tenía que hacer un videoclip con ella para la serie y que la dirigiera yo. Ahí nos tienen, viendo cosas al mismo tiempo y resulta que fue un éxito”, cuenta Chava Cartas.


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Torres era una persona con un alto poder de convocatoria. Lo demostró en el video de “La media vuelta”, de Luis Miguel, donde logró reunir a figuras de la talla de Juan Gabriel, Lola Beltrán, Katy Jurado, Ofelia Medina y Carlos Monsiváis.
“Fueron tres días de filmación y semanas de preparación como si fuera una película, algo inimaginable para un videoclip. Pero eso lo lograba él; además, sabía manejar muy bien los egos de la gente”, relata Ybarra, quien era su asistente de dirección.
De joven quiso ser sacerdote, pero acudió a Woodstock en 1969. Ahí, frente a Janis Joplin y Jim Morrison, supo que su camino era el entretenimiento.

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Años después, probó las mieles del rating, algo que no sabía porque los videoclips y comerciales carecen de eso. Su asombro ante el fenómeno fue absoluto.
“Dije: es maravilloso. En la final de la primera edición, el 63% de la gente con tv en México, la estaba viendo”, recordaría el productor.
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