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Venecia.— En el Hotel Excelsior, frente a la brisa del Adriático, Paolo Sorrentino habla con EL UNIVERSAL con la calma de quien observa el mundo desde la distancia de la reflexión.
Acababa de presentar "La Grazia: La belleza de la duda" en el Festival de Venecia, una película actualmente en la cartelera mexicana que, como sus anteriores obras (Fue la mano de Dios, La gran belleza), se mueve entre la poesía visual, la ironía y la reflexión moral.
Esta vez, el director italiano aborda el retrato de un político en el umbral del retiro y que encarna una forma de poder que parece extinguirse: la del servidor público que duda, que carga con la responsabilidad de sus actos y asume la incertidumbre como parte esencial de la ética.
“Es el retrato de un tipo de político que por desgracia existe cada vez menos. No es perfecto, pero es la idea de lo que un político debería ser: serio, responsable y consciente de sus dudas. Hoy muchos parecen
Entre humor y ética
"La Grazia" combina humor, melancolía y una profunda reflexión sobre el fin de una era. En el centro de la historia, un presidente italiano interpretado por Toni Servillo se enfrenta al dilema del retiro y de cuestiones éticas.
Entre estos temas están el del suicidio asistido y la eutanasia, que Sorrentino aborda con la sutileza de quien sabe que el arte no dicta respuestas, sino que abre preguntas.
“Espero que la cinta abra el debate sobre este tema en mi país y en el mundo”, dice el cineasta.
Sorrentino explica además que en en Italia, la legislación sobre la eutanasia es muy compleja.
“La eutanasia pasiva está permitida, lo mismo que el suicidio asistido, pero los procesos son tan largos y tan burocráticos que ignoran el sufrimiento de quienes lo solicitan. Lo esencial es que exista una ley clara, ojalá mi película contribuya a ello”.
El realizador asegura que su protagonista no está inspirado en ningún personaje real, aunque reconoce que en toda ficción hay ecos de realidad.
“Inventar un personaje implica inspirarse en el mundo que conoces. Pero este presidente es totalmente ficticio, ojalá existiera”.
En la conversación, la colaboración de Toni Servillo —su protagonista habitual— surgió inevitablemente.
“Trabajé con Toni en mente, estuvo en mi guion desde el principio y en toda la escritura”.
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